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Publicado el 21 de junio, 2018

IVA y venía

Subir impuestos no es neutro para los precios: si una empresa requiere entregar un determinado nivel de rentabilidad, frente a cada aumento de tributos tendrá que subir los precios y ello repercute sobre el bolsillo de las personas que compran esos bienes o servicios.
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Nuestro sistema tributario está lleno de “curiosidades” en materia de impuestos. Hay algunos que nacieron para financiar hechos puntuales -generalmente desgracias naturales- y otros a los cuales se indicó en el minuto que subían que al poco tiempo bajarían, cosa que nunca ha pasado.

El IVA en particular es un impuesto que grava dos veces la renta, ya que, existiendo el impuesto de primera categoría, el valor agregado no es más que las utilidades de una empresa y que pagan por segunda vez el gravamen. Por ejemplo, si uno compra un producto en $1.000 (sin IVA) y lo vende en $1.200 más IVA, esos $200 están afectos al IVA de 19%, pagando $38 por lo que en realidad es la utilidad de la venta. Para el ejemplo, si no hay más transacciones en el año, esos mismos $200 al final del año tributario son la utilidad de la empresa que paga el 25,5% de impuesto de primera categoría (en 2019 ese impuesto sube a 27%), por lo que tributa $51 más. En total de los $200 de utilidad pagó $89 de impuestos, $38 por IVA y $51 por renta. Es decir que la tasa de impuesto total es 44,5%.

Con ello, la discusión que ha abierto un economista de subir el IVA a 20% significaría que en 2019 el total pagado sería de $94 ($40 por IVA y $54 por renta), con lo que la tasa total de impuesto por esa venta sube de 44,5 a 47%. La utilidad o rentabilidad inicial definida de 20% ($200 sobre los $1.000 de costo) nunca fue de ese monto, sino que sólo de 10,6% ($106 sobre $1.000).

Lo que quiero decir es que subir impuestos no es neutro para los precios, ya que si una empresa requiere entregar un determinado nivel de rentabilidad, frente a cada aumento de tributos los precios subirán y ello repercute sobre el bolsillo de las personas que compran esos bienes o servicios. Obviamente estoy haciendo abstracción de la elasticidad precio de los bienes (grado de sensibilidad de la cantidad demandada de un producto frente a cambios en los precios), ya que el mundo real no funciona así y cuando hay aumento de costos tributarios de una u otra forma se traspasan a los precios.

También quiero contra argumentar lo que plantea el economista en cuanto a que el aumento de impuestos debe ser “compensado” a los sectores de menores ingresos con mayor provisión de bienes y servicios públicos. En la realidad eso nunca pasa, ya que el valor percibido por los beneficiarios de los bienes públicos provistos como educación y salud es siempre menor al aumento de precios por impuestos. Sin temor a equivocarme, no hay ninguna encuesta en que la salud, educación o seguridad ciudadana sean bien evaluadas por las personas, por lo tanto siempre son percibidos como bienes malos y caros.

En fin, los impuestos vienen y van, suben pero no bajan, y la solución para equilibrar las cuentas públicas es ajustar el gasto fiscal y hacer crecer la recaudación por la vía del crecimiento económico.

William Díaz, economista

 

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO

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