La normalización de relaciones diplomáticas con Irán representa para Chile un abandono de los valores y principios que la propia Cancillería dice suscribir, y que la Presidenta de la República, en su persona, representa.
Publicado el 24.08.2016
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¿Qué tienen en común Cuba, Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Ecuador? Son los países que está visitando una delegación iraní de alto nivel encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores, Mohammad Javad Zarif. Son los países que ven algún beneficio político en su acercamiento a Irán, país que desde hace largo tiempo viene intentando aumentar su influencia en América Latina. Son todos países que en el contexto de Latinoamérica se han unido al eje “chavista” que en su momento impulsó el entonces Presidente de Venezuela, y que estuvo ad portas de sumar a la Argentina de Cristina Kirchner de no mediar el fracaso electoral de ésta última.

Hasta ahí nada sorpresivo. Sin embargo, en este viaje hay un sexto país incluido en la visita de la delegación de la República Islámica de Irán. Un país que por años mantuvo distancia del régimen iraní, en conocimiento del rol que le cupo a sus funcionarios diplomáticos en el atentado de la AMIA en Argentina que costó la vida a 85 personas. Ese país es Chile.

Así, la delegación iraní llega a Chile para sellar un proceso de acercamiento que se viene desarrollando hace varios meses y cuya culminación sería la re-apertura de la embajada chilena en Teherán, cerrada en 1980 como protesta en contra de la instalación del régimen islámico; y la de Irán en Chile, cerrada sospechosamente en paralelo al atentado a la AMIA. Se supone que el interés se centra en fortalecer vínculos empresariales entre ambos países, pero la agencia de prensa oficial iraní FARS dejó en claro que el objetivo político es otro al informar que la gira es “una oportunidad para entorpecer los designios anti-iraníes del régimen sionista en América Latina”. En otras palabras, el verdadero propósito del acercamiento de Irán a Latinoamérica es generar cabezas de playa para exportar su modelo fundamentalista que llama a la destrucción del Estado de Israel, a la par que niega la existencia del holocausto judío a manos de la Alemania Nazi.

Esto no debiera sorprender. Hace más de 20 años que Irán ha tenido el mismo objetivo. Como lo anticipamos, ha sido implicado por tribunales argentinos en el ataque a la AMIA en 1994 que mató a 85 personas, incluyendo a dos chilenos. El caso ha llevado a Interpol a mantener un orden de detención internacional contra el ex ministro de Defensa iraní, y las implicancias para el sistema judicial y político argentino -incluida la sospechosa muerte del Fiscal Alberto Nisman que investigaba a los personeros del régimen iraní- son por todos conocidos.

Irán no solamente se ha entrometido en los asuntos latinoamericanos de forma directa. Ha instalado una agencia de prensa, HispanTV, que transmite una versión “oficial” de la realidad, y Estados Unidos ha manifestado preocupación por las actividades ilegales de la organización libanesa Hezbollah, vinculada y financiada por el régimen iraní, en la llamada Triple Frontera donde confluyen Paraguay, Brasil y Argentina. Más preocupante aún –aunque no lo pareciera así para nuestra Cancillería-, esa misma organización ha sido indagada por la Justicia chilena con ocasión del uso de la zona franca de Iquique para idénticos propósitos.

En sus políticas domésticas Irán también ha atraído críticas. La opresión de movimientos disidentes, especialmente después de las elecciones del 2009, ha sido ampliamente documentada. Los líderes del Movimiento Verde, Mir Hossein Mousavi y Mehdi Karoubi, que perdieron dichas elecciones, han estado bajo arresto domiciliario durante años. Amnistía Internacional ha criticado su trato, y la de miles de detenidos políticos, quien, según la ONG internacional, no reciben el debido acceso a tratamiento médico.

El comportamiento del régimen islamista frente a las minorías sexuales también ha sido blanco de críticas. El mundo se rió cuando el ex Presidente Ahmadinejad, durante una visita a la Universidad de Columbia en Nueva York en 2007, negó que existieran homosexuales en Irán. Sin embargo, distintas ONGs han calculado que desde la revolución, miles de representantes de las minorías sexuales han sido ejecutadas por el estado iraní.

Por su parte, las mujeres en Irán, si bien no son ejecutadas por el mero hecho de su género, están sujetas a una serie de restricciones. Es cierto que tienen más acceso a la educación y al mundo laboral que sus pares en, por ejemplo, Arabia Saudita, pero muchos altos cargos están limitados a candidatos masculinos. Incluso para viajar, las mujeres requieren el permiso de un hombre.

Desde el retorno a la democracia, Chile ha construido una política exterior basada en el respeto por los derechos humanos, la democracia y la integridad territorial. Por cierto no hay que ser ilusos – tenemos relaciones con muchos países cuyo comportamiento no siempre cumple con los más altos estándares de la ciudadanía internacional- pero dada su historia, los casos resueltos y no resueltos, sus ambiciones regionales e internacionales, y la naturaleza de sus aliados, la normalización de relaciones diplomáticas con Irán representa para Chile un abandono de los valores y principios que la propia Cancillería dice suscribir, y que la Presidenta de la República, en su persona, representa.

 

Gabriel Zaliasnik, abogado.