Las plataformas de colaboración son una gran victoria para la sociedad civil, al darles la posibilidad a los ciudadanos de participar activamente en las causas que les interesan.
Publicado el 04.01.2016
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El mundo está plagado de buenas intenciones. Por lo mismo, cuando nos quedamos en el discurso, rápidamente aparecen las críticas por lo poco que realmente hacemos para defender las causas sociales, políticas, culturales o religiosas que promovemos. Diversos cuestionamientos surgen a raíz del apoyo digital que damos a algunas iniciativas, como ocurrió con el cambio de la foto de perfil en Facebook tras los atentados de París o la clásica polémica sobre las donaciones a la Teletón. Ciertamente nos sentimos impotentes al ver que no podemos cambiar el mundo como quisiéramos. No obstante, la sociedad civil ha conquistado nuevos espacios de participación social y económica. Aunque recién estamos empezando a ver el impacto de las plataformas de colaboración, cada vez más personas pueden financiar sueños pasando del discurso a la acción con un solo click.

Desde hace tiempo, el crowdfunding y el crowdsourcing han permitido transformar las buenas intenciones de muchos en un aporte real. Mientras el crowdfunding da la posibilidad para que personas comunes y corrientes compren acciones o participen financieramente de ideas, movimientos y empresas; el crowdsourcing permite que personas repartidas por todo el mundo trabajen por un proyecto común, como sucede por ejemplo con Wikipedia. En general se habla de una nueva economía colaborativa que empodera a la sociedad civil y nos brinda mayor participación en las decisiones económicas.

El crowdfunding es una forma atractiva para donar o invertir en los proyectos que nos motivan. El concepto se ha popularizado gracias a las plataformas virtuales, que permiten conectar a futuros inversionistas con ideas en tiempo real. En 2013, la industria del crowdfunding levantó 5.1 billones de dólares a nivel mundial. Kickstarter -la plataforma de este tipo más grande del mundo- ha financiado más de 90.000 proyectos desde su creación. Para los emprendedores suena muy atractivo, ya que pareciera ser que sólo hay que presentar una buena idea en un atractivo video y esperar a que llueva la plata. En la realidad no funciona así. Solo un 40% de las campañas que ya han pasado por el filtro de aprobación de Kickstarter obtienen financiamiento. Muchos no llegan ni siquiera a conseguir unos pesos. Por lo mismo, antes de lanzarse a pedir fondos en estas plataformas, se recomienda a los postulantes contar con una buena campaña de marketing, tener un producto verdaderamente innovador y un video que la gente esté dispuesta a compartir. Sin duda algo muchísimo más difícil que lo que se piensa. Pero para quienes lo logran, la recompensa es cuantiosa.

En Chile, la plataforma de crowdfunding Broota apoya a proyectos emergentes y conecta emprendedores con inversionistas en toda Latinoamérica. Han logrado financiar grandes iniciativas, no sólo comerciales, sino que también sociales. Un ejemplo es Algramo, que vende productos al gramaje para abaratar costos a las familias más pobres. Ellos consiguieron una inversión de $90 millones en acciones a través de Broota, de personas comunes y corrientes que creyeron en su proyecto. Los montos mínimos de inversión para estos proyectos varían, pero hasta con $30.000 se puede adquirir participación en algunas empresas.

La compra de acciones no es la única forma de hacer crowdfunding. Se pueden hacer aportes monetarios a cambio de diversos tipos de premios o simplemente para apoyar la causa. Kickstarter no permite ofrecer participación en empresas, pero por $10 dólares se puede apoyar ideas a cambio de un saludo de los dueños del proyecto, una invitación a un evento o derechamente adquirir el producto. Con esto, las empresas fidelizan a su público. La gracia del crowdfunding es que las personas conocen lo que el proyecto promueve y hacen una apuesta a su valor creativo, social e incluso ético. Además, empatizan con el equipo y su idea, le ponen cara al producto y son capaces de conectar con las motivaciones que lo originaron.

Las plataformas de colaboración son una gran victoria para la sociedad civil, al darles la posibilidad a los ciudadanos de participar activamente en las causas que les interesan. También es una tremenda herramienta de desarrollo social. Los tiempos están cambiando y encontramos formas accesibles como ciudadanos de participar y concretar nuestras buenas intenciones. El crowdfunding está revolucionando el sistema financiero y empoderando a más personas a participar de nobles causas que de otra forma no podrían conseguir financiamiento. Ya no invertimos sólo mirando números y rentabilidad futura. Con el crowdfunding somos capaces de invertir con sentido.

 

Gracia Dalgalarrando, Máster en Políticas Públicas, Universidad de Columbia.

 

 

FOTOS: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO