Cuando la política deje de fallar y se recuperen las expectativas de desarrollo, después de este paréntesis, allí nuevamente los economistas del Banco Central podrán confiar nuevamente en los modelos macroeconómicos.
Publicado el 08.06.2016
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Este lunes recién pasado, el Banco Central de Chile dio a conocer en el Senado el esperado IPOM, esto es, el Informe de Política Monetaria trimestral. Nombre extremadamente técnico y que, bajo condiciones normales, era usual que importara a un reducido número de profesionales, inversionistas, empresarios y políticos. Sin embargo, había expectación y curiosidad acerca de cómo el Banco Central de Chile resolvería la evidente paradoja que enfrenta.

Crecientemente las variables meramente económicas que en un tradicional modelo macroeconómico explican todo, cada vez tienen menos poder para explicar el persistente estancamiento, o bajo crecimiento, que se observa en la economía nacional. En el año 2015, el Banco Central se equivocó sistemáticamente en su predicción del punto de inflexión que volvería a tener la economía chilena creciendo en torno a su crecimiento potencial, entre 3,5% y 4%, después de desacelerar al 1,9% el año 2014. Es que en un modelo macroeconómico tradicional la economía debe volver al crecimiento tendencial, pues el ciclo económico existe. Ensayamos por largo tiempo la explicación de las variables externas, que tanto afectan a nuestros “maníaco-depresivos” agentes económicos. Nada. Nos acaba de comunicar el Presidente del instituto emisor que el resto del mundo crece parejito arriba del 3% hace rato, que el precio del cobre y los términos de intercambio de Chile están hace más de una década arriba del promedio histórico de los últimos 20 años, lo mismo para el tipo de cambio real. En lo interno, la inflación anclada a la meta de 3% y las tasas de interés más bajas y estables de Latinoamérica, a diferencia incluso de todos nuestros socios de la alianza del Pacífico (Perú, Colombia y México). Toda una incógnita. Una economía balanceada en sus metas macroeconómicas, creciendo al bajísimo entre 1,25 y 2% este año por tercer año consecutivo. Incluso, a diferencia del IPOM de marzo, el Banco Central vuelve a estimar por tercer año consecutivo una sorprendente caída en la inversión del 2,4%. Curiosamente, el Banco Central decide mantener la proyección de crecimiento para el 2017 en el rango del 2% y 3%, es decir, se la juega por un punto de inflexión en el crecimiento de Chile para el próximo año. Comparto esta decisión y en el resto de esta columna explico por qué.

En la ronda de preguntas de su presentación del IPOM del día de ayer en Icare, el Presidente del Banco Central enfrentó una seguidilla de preguntas de alto contenido político que esquivó en forma muy diestra. Lógico. En su cargo no puede tomar partido en las disputas políticas. Pero cuando la economía no responde a los parámetros meramente económicos que típicamente la determinan, es evidente que la mejor explicación de lo que ocurre se encuentra fuera del ámbito propiamente económico. Es el contexto político el que explica el bajo crecimiento durante estos tres años y es también el contexto político del año electoral 2017 el que explica que el instituto emisor puede estar en lo correcto respecto a la inflexión del crecimiento en ese año. ¿Cómo es posible que las empresas chilenas tengan un alza importante de utilidades el primer trimestre de este año y al mismo tiempo la inversión vuelva a caer? El tipo de cambio alto, los menores costos de energía y los ajustes de dotación explican lo primero. La persistente desconfianza e incertidumbre respecto a nuestro modelo de desarrollo, el marco que regirá las relaciones laborales y los bordes de la nueva constitución posponen la inversión. Nada de economía, pura política.

Aquí mi pronóstico y por qué comparto el año 2017 del Banco Central. Por la misma razón que el segundo semestre del año 2013 fue bajo, el segundo semestre del año 2017 será bueno. La mala política, en los estertores del sistema binominal, nos ofreció un diagnóstico errado y un conjunto equivocado de políticas públicas en estos tres años. Ello empieza a cambiar y nada en la defectuosa obra gruesa es irreparable. Los sectores radicales del gobierno están perdiendo el poder, e incluso lo abandonan, y los sectores moderados están al alza. Se impone la experiencia y la sabiduría de la edad por sobre la pasión juvenil. El fracaso económico es demasiado pesado y vuelve el realismo por sobre el iluminismo. No hay espacio para una reforma constitucional que conculque el derecho individual a negociar un contrato de trabajo y qué bueno que así sea. La propiedad privada y la libertad están aseguradas en Chile, aunque está por verse cómo se resuelve el asunto de los derechos sociales de una forma compatible con nuestra fortaleza institucional fiscal. Gradualmente el segundo semestre de este año y más abruptamente cuando se desplieguen las campañas presidenciales y se vislumbre un nuevo bloque gobernante, todo ello empezará a reflejarse en incrementos de inversión y mejoras en las tasas de crecimiento del consumo que vienen a la baja. En definitiva, cuando la política deje de fallar y se recuperen las expectativas de desarrollo, después de este paréntesis, allí nuevamente los economistas del Banco Central podrán confiar nuevamente en los modelos macroeconómicos.

 

Patricio Arrau, Ph. D. Economía, Universidad de Pennsylvania, Consejero y vicepresidente Ciudadanos, Investigador Asociado Plural.

 

 

 

FOTO: FELIPE GUARDA/AGENCIAUNO.