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Publicado el 17 de junio, 2018

¿Interés o derecho? Aborto en Argentina

Director de Investigación de la Escuela de Gobierno, Universidad San Sebastián Jaime Abedrapo
Políticos como el Presidente Macri están intentando adaptarse a las demandas de los movimientos empoderados, facilitándoles que consigan sus anhelos a través de restarse del debate. Esta sería una característica notoria en la democracia actual, que de paso reduce el gobernar a meros asuntos administrativos.
Jaime Abedrapo Director de Investigación de la Escuela de Gobierno, Universidad San Sebastián
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El Congreso argentino ha aprobado una ley que permite abortar por decisión de la mujer hasta la semana 14. Ciertamente aún falta la tramitación de esta normativa en el Senado, pero no se podría descartar que fuera aprobada.
Así las cosas, existe expectación a nivel regional respecto a lo que sucederá en el debate parlamentario en Buenos Aires, ya que indudablemente tendrá una influencia sobre los demás países de la zona. En los hechos, si se aprueba el aborto sin restricciones hasta las 14 semanas, existirán mayores posibilidades para realizarse un aborto por parte de las mujeres que habitan el cono sur; por otro lado, será un triunfo político de los movimientos feministas que reivindican el derecho a abortar.

La legislación vigente en Argentina permite el aborto en caso de una violación o el peligro de vida de la madre, sin embargo en la actualidad constatamos un cambio en la sociedad trasandina puesto que en los sondeos de opinión se evidencia aumento al apoyo hacia una mirada “libertaria”, una que garantice los derechos de las mujeres. En efecto, quienes argumentan a favor del aborto sin restricciones abogan primeramente porque dicha práctica es una realidad (en Argentina estiman en más de 450.000 los abortos al año), por lo tanto pareciera un atentado a la salud pública que este procedimiento se realice sin las garantías sanitaria que corresponde; además, esgrimen que no es “justo” criminalizar a las mujeres que cometen un aborto, ya que dicha normativa se sustenta sobre una moral impuesta.

La moral tan de moda hoy para reformas económicas redistributivas o para la sostenibilidad de nuestra actividad sobre el planeta, se descarta para la comprensión de la persona humana y su dignidad.

Así, los movimientos a favor del derecho al aborto están consiguiendo relativizar el derecho a la vida, el cual es la piedra angular de todos los demás derechos humanos. Las corrientes escépticas y, sobre todo, un interés individual que se antepone a la discusión antropológica, científica, óntica y de sentido de vida están ganando espacios y posiblemente tarde o temprano conseguirán cambios legales relevantes, y desde una mirada personalista, deshumanizantes.

La tendencia es a relativizarlo todo según el prisma de mi interés individual. Es decir, en el caso concreto del aborto, el feto será persona sólo según mis creencias personales, y la moral tan de moda hoy para reformas económicas redistributivas o para la sostenibilidad de nuestra actividad sobre el planeta, se descarta para la comprensión de la persona humana y su dignidad.

Con avances como el visto en materia de aborto en Argentina, podemos constatar el constante repliegue del personalismo durante las últimas décadas. Ciertamente los transhumanistas y progresistas que no creen en la naturaleza humana, e incluso están por construir un hombre nuevo, están expectantes a este ciclo político que se avecina, y desde ahora sacan cuentas alegres respecto a su avance en materia política y legal.

Pareciera que asistimos a la defensa de mis intereses individuales, alzados como derechos fundamentales, y sin responsabilidad alguna.

Ese proceso de vacuidad de las nociones de persona tiene una especial oportunidad en el contexto político que lo facilita. En efecto, políticos como el Presidente Macri están intentando adaptarse a las demandas de los movimientos empoderados, facilitándoles que consigan sus anhelos a través de restarse del debate y mostrarse como mandatarios modernos que aceptan los puntos de vistas de los demás, en especial de los temas más “valóricos” y los que cuentan con apoyo en las encuestas de opinión. Esta sería una característica notoria en la democracia actual, que de paso reduce el gobernar a meros asuntos administrativos, particularmente vinculados a la economía, abandonando así los liderazgos y conducción de la sociedad.

La (in) cultura del hombre posmoderno, es decir contraria a todo lo que parezca una imposición, nos encamina a pasos rápido al desplome de los derechos humanos, ya que más que un despertar de la consciencia global, como algunos quieren entender los cambios contemporáneos, pareciera que asistimos a la defensa de mis intereses individuales, alzados como derechos fundamentales, y sin responsabilidad alguna.

En consecuencia, tras el reconocimiento del derecho al aborto según criterio personal hasta las 14 semanas muchos dirán que las mujeres han avanzado, pero lo cierto es que no sabemos cabalmente cuantas mujeres, además de hombres, no nacerán gracias a esa legislación.

Jaime Abedrapo, doctor en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales

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