En entrevista dominical, la ministra vocera de Gobierno dio una muestra del nivel de desesperación que invade a la izquierda, intentando desprestigiar al ex Presidente Sebastián Piñera en tanto persona, en su calidad de candidato presidencial de Chile Vamos y en cuanto su gestión de gobierno.
Publicado el 12.07.2017
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Escribo esta columna desde la indignación. La indignación que me causó leer la entrevista de Paula Narváez, la ministra vocera de Gobierno, quien sin el más mínimo respeto por quien ocupara la Primera Magistratura de la Nación y hoy nuevamente candidato a la Presidencia, Sebastián Piñera, se dedicó a insultarlo, emitiendo juicios dedicados a poner en duda su ética, su capacidad como estadista, la veracidad de sus dichos, su importante triunfo en las primarias, su gestión como Mandatario, sus propuestas para gobernar Chile y a tildarlo de manipulador de la ciudadanía, usando temas sensibles como la muerte de niños en el Sename.

La indignación me surge porque las opiniones de Narváez no fueron a título personal, sino como ministra vocera de la Presidencia, lo que le confiere a sus declaraciones un tenor muy distinto que si las hubiera hecho como persona natural, libre de toda investidura. Sus declaraciones, entonces, representan la opinión del Gobierno, lo que ilustra hasta donde se está dispuesto a llegar con tal de conservar el poder.

Me indigno al leer las justificaciones sobre el rechazo al informe sobre el Sename, porque lo que hay detrás del lobby ejercido por cuatro ministros fue, además del tema Javiera Blanco, evitar que se declarara internacionalmente al Gobierno actual y en democracia, como violador de los DDHH de los niños. Eso no se podía permitir y, por ende, se inventaron las disculpas que todos conocemos. Entonces, ¿qué mejor que poner en duda la ética del Presidente Piñera por tocar el tema del Sename, atribuyéndole mezquinos intereses electorales?

Me indigno al leer su opinión de que un Gobierno de Chile Vamos presidido por Piñera sería un retroceso para el país, por la insensibilidad por ejemplo frente al tema de la diversidad sexual. La alternativa que ella propone para evitar dicho supuesto retroceso es profundizar las reformas de Bachelet. ¡Pero si este Gobierno lo único que ha logrado  es un decadente retroceso para Chile! La economía no funciona, el desempleo aumenta, la inversión se redujo notablemente, la educación la estropearon, la salud es un verdadero desastre, las expectativas no mejoran, la delincuencia sigue en aumento. ¿Y quieren seguir profundizando estos resultados?

Me indigna leer que se utilice un argumento ad hominem para atacar a Piñera cuando se ha referido al problema del Sename, o al tema del terrorismo en La Araucanía o la situación de la delincuencia. En lugar de enfrentar la crítica, se recurre al insulto, destinado a desacreditar al emisor, en este caso el ex Presidente.

Finalmente, como simple ciudadano, me indigna y preocupa profundamente que se siga imponiendo desde el oficialismo, y en este caso por la ministra vocera de Gobierno, la cultura de la división. Que se siga incentivando el resentimiento, que se siga intentando denostar a un sector de pensamiento opuesto al oficial con tal de seguir manteniendo el poder, sin importar que sus ideas, de volver a triunfar en noviembre, conducirían al país a profundizar la crisis actual, con lo cual la esperanza de llegar al desarrollo se vería largamente postergada.

Señora ministra, insultar a un ex Presidente no es labor del vocero de la Presidencia. Eso es intervencionismo electoral, y como usted bien sabe, hacerlo está prohibido por ley.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO