El nuevo estilo gubernamental que se ha comenzado a palpar esta semana ha sido de no más frases punzantes ni amenazas para los adversarios políticos;  y es así como las nuevas autoridades han hecho un llamado para que se analicen sus propuestas; se logre llegar a consensos y exista un ánimo de diálogo al momento de negociar.
Publicado el 16.03.2018
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El 11 de marzo pasado el país no sólo cambió de “mando”, sino también de “mano”.

Llegó una más ágil, que ya no necesita un pendrive colgado al cuello para demostrar su eficiencia; que no emplea sólo cifras económicas para interpretar el comportamiento de la población; y que ha gesticulado de manera distinta para manifestar que comprende el llamado que le hicieron los chilenos en las últimas elecciones presidenciales.

Comenzó un nuevo partido, cuyos jugadores salieron a la cancha comprometiéndose a participar activamente para que Chile rompa la inercia del “realismo sin renuncia” de Michelle Bachelet, y para que la “retroexcavadora” se oxide y por fin se convierta en chatarra.

El nuevo estilo gubernamental que se ha comenzado a palpar esta semana ha sido de no más frases punzantes ni amenazas para los adversarios políticos;  y es así como las nuevas autoridades han hecho un llamado para que se analicen sus propuestas; se logre llegar a consensos y exista un ánimo de diálogo al momento de negociar.  Todo esto contrasta bastante con la actitud de algunos representantes de la nueva oposición, quienes han recurrido a la palabra “demanda” en la frase inicial de sus declaraciones en los medios. Dos maneras muy disímiles para entender cómo se debe actuar en política y que afectan de forma muy diferente al desarrollo de la democracia.

Gracias al “legado”, el Chile donde el nuevo gobierno inicia su mandato es una sombra pálida y gris de lo que fuimos capaces de construir durante los últimos 30 años. Sin embargo, el diagnóstico está hecho; ahora lo que se requiere de la nueva administración es perseverancia y mucha tenacidad para cumplir con las altas expectativas que generan sus políticas. Por lo que, sí, es el momento de ejecutar, pero también de sembrar más allá de los próximos cuatro años.

A favor del nuevo gobierno está que la derecha salió fortalecida tras las elecciones y ha demostrado que no proviene de una sola vertiente para organizarse y proyectarse hacia el futuro. Hoy, ella surge de una manera distinta, porque posee mayores matices y no se encuentra sometida al pasado. Es una derecha que no se inhibe tan fácilmente, que está dispuesta a discutir sobre todos los temas, que ha evolucionado, se ha vuelto más compleja y que busca no sólo defender, sino además promover sus ideales.

A esta derecha también se le adhiere el pragmatismo para remediar la herencia que dejó el gobierno anterior, y es así como las “instrucciones superiores” ahora no vendrán del “más allá”, como aparentemente le sucedió al ex ministro de Justicia, Jaime Campos, al momento de explicar por qué designó al controvertido ex fiscal del caso Caval, Luis Toledo, como notario en San Fernando. No, las instrucciones de ahora en adelante provendrán de fuentes conocidas que se harán cargo de la nueva hoja de ruta dispuesta para reactivar  al país.

Además, habrá la intención de que no haya más temas sin resolver o postergados, porque la nueva “instrucción superior” viene orientada por la mano de una derecha dinámica que hoy centra su atención sobre infancia, salud, paz en La Araucanía, seguridad ciudadana y el desarrollo para derrotar a la pobreza. Todos temas enfocados en el bienestar de los chilenos.

Con transparencia, resolución y agallas para reconocer los errores es cómo se toman las decisiones en materia de políticas públicas, y fue así como un amigo me comentó, hace unos días, que todos quienes llegaron a trabajar al nuevo gobierno sabían con anterioridad cuáles eran las características deseables: poseer gran vocación de servicio; nunca improvisar; y perseverar en un trabajo bien hecho, porque así se conserva la confianza de la ciudadanía.

Después de escuchar a mi amigo, pensé que esas eran verdaderas “instrucciones superiores”, porque hacían un aporte al aparato estatal; y luego recordé las del ex ministro Campos, que despintaban por su calidad y objetivos. Concluí que no por el solo hecho de poder extender instrucciones, éstas siempre serán superiores ni significarán liderazgo y autoridad.

 

Paula Schmidt M., periodista y licenciada en Historia

@LaPolaSchmidt

 

 

FOTO: YVO SALINAS/AGENCIAUNO