Una liga donde cualquiera puede ganar el campeonato ―para lo cual los clubes chicos necesitan recursos― se hace más atractiva para los espectadores. Y el mayor atractivo implica más ingresos directos ―estadios llenos, publicidad exclusiva y más actividades económicas en el entorno (que ya son mayores para los clubes grandes)― y, obviamente, muchos más ingresos indirectos provenientes de derechos televisivos y publicidad.
Publicado el 29.10.2016
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Como cada cierto tiempo ocurre, ya empezaron los problemas respecto a cómo repartir los ingresos del Canal del Fútbol entre los clubes chilenos. Nuevamente los equipos grandes empiezan a reclamar por una mayor tajada de la ya estipulada por consenso. El acuerdo con el resto de los clubes que habrían firmado hace un tiempo ahora les molesta y, ante una eventual licitación del CDF, quieren modificarlo en su beneficio.

Además de lo infantil que parece ser reclamar por un contrato firmado hace un año sin que nada haya cambiado ―la posibilidad de una licitación no cambia el panorama―, ya sería bueno que los equipos grandes entendieran que esa política de repartición de ingresos favorece la competencia, genera un círculo virtuoso en el deporte del fútbol y, lo más importante, evita volver a peleas que justamente hace cinco años llevaron al ascenso de Sergio Jadue y al descalabro en la dirigencia de la ANFP. Una liga donde cualquiera puede ganar el campeonato ―para lo cual los clubes chicos necesitan recursos― se hace más atractiva para los espectadores. Y el mayor atractivo implica más ingresos directos ―estadios llenos, publicidad exclusiva y más actividades económicas en el entorno (que ya son mayores para los clubes grandes)― y, obviamente, muchos más ingresos indirectos provenientes de derechos televisivos y publicidad.

Este tema no dejará de ser importante, considerando que la torta se hará cada vez más grande. Hoy en día, en la época de Netflix y YouTube, la publicidad está perdiendo los antes abundantes espacios de “consumidores cautivos”, valorizándose aún más los eventos deportivos. Para los clubes chicos, los ingresos indirectos son la principal fuente para invertir en estadios, jugadores jóvenes o consagrados. Sin ese dinero se vuelven menos competitivos, perjudicando el atractivo del torneo y, lo más importante, al hincha. Repartir los ingresos en beneficio de los clubes chicos trae un círculo virtuoso. La ambición y visión cortoplacista de los grandes, por lo general es perjudicial y esta vez no será la excepción.

 

 

Fernando Claro V., Fundación para el Progreso

 

 

Foto: HERNAN CONTRERAS/AGENCIAUNO