La inconsecuencia de la izquierda, del gobierno y del Instituto Nacional de DDHH ante el caso de Leopoldo López demuestra cuán político es su discurso.
Publicado el 08.11.2015
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En el Programa de Gobierno de Michelle Bachelet se dedicó un capítulo entero a dar a conocer sus propuestas acerca del tema de los Derechos Humanos. En el primer párrafo decía textualmente: “…A su vez, los derechos humanos deben ser la base normativa mínima de una sociedad democrática, que permita la convivencia nacional en torno a principios de dignidad, igualdad, justicia, diversidad y tolerancia”.

A su vez, el Instituto Nacional de DDHH contempla como uno de sus objetivos lo siguiente: “Asesorar y cooperar con organismos públicos y de la sociedad civil, nacionales e internacionales, en la promoción, protección y vigencia de los derechos humanos”.

Sabido es también el rol político que principalmente desde la Nueva Mayoría se le asigna al tema de los DDHH, a los que se recurre constantemente para aparecer ante la opinión pública con superioridad moral en el tema frente a quienes están en la oposición.

No obstante, cuando internacionalmente los DDHH son conculcados por regímenes con los cuales existe una afinidad ideológica, pareciera que se olvidan de sus propias declaraciones y posturas políticas, amparando con un manto de silencio ensordecedor situaciones que debieran ser reclamadas pública e internacionalmente.

Recientemente, el ex fiscal venezolano Franklin Nieves, acusador, persecutor y encarcelador de Leopoldo López, confesó en una entrevista en CNN que las acusaciones y pruebas que el gobierno de Nicolás Maduro presentó contra este preso político fueron inventadas, pre-fabricadas y totalmente falsas, siendo López absolutamente inocente. Incluso aseveró que antes que siquiera se realizara la manifestación en que supuestamente López habría cometido los delitos por los cuales se le acusó y encarceló, ya estaba decidido por parte de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello que había que encarcelarlo por temor a su liderazgo político.

Cuando el entrevistador le preguntó a Nieves si se daba cuenta de que era un violador de los DDHH tanto de López como de su familia, él lo reconoció y dijo estar dispuesto a pagar su deuda.

Con estos antecedentes, me pregunto, ¿qué reacción tuvo nuestro gobierno o el Instituto Nacional de DDHH ante la confesión de Franklin Nieves? ¿Se reclamó por la restauración de los derechos de Leopoldo López en Venezuela, solicitando su inmediata liberación? ¿Se presentaron recursos  en los organismos internacionales de DDHH contra el gobierno de Maduro? ¿Se pidieron explicaciones al gobierno venezolano?

Nada de esto ocurrió, lamentablemente; no hubo ninguna reacción pública; ni de condena, ni de rechazo a las prácticas del gobierno de Venezuela ni de reclamo por la condición de preso político de Leopoldo López.

La inconsecuencia de la izquierda, del gobierno y del Instituto Nacional de DDHH ante este caso demuestra cuán político es su discurso. Porque cuando se defienden principios, hay que hacerlo sin importar si quien los viola y objeta nuestra consciencia  sea afín u opuesto a los mismos. En el triste caso de Leopoldo López, por parte de quienes en nuestro país se arrogan superioridad moral en este tema, no hubo pronunciamiento alguno contra Maduro y su régimen.

Para terminar, días después de la entrevista a Nieves, en Naciones Unidas se eligió a Venezuela para ocupar una de las vacantes latinoamericanas en el Consejo de DDHH de dicho organismo. ¿Cómo votó nuestro país? Sería muy interesante saberlo.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas.

 

 

FOTO: JUAN GONZÁLEZ/AGENCIAUNO