Rolando Jiménez les debe a buena parte de las chilenas una disculpa sincera.
Publicado el 11.09.2016
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El pasado martes, la Comisión de Salud del Senado aprobó en general el proyecto de ley que legaliza el aborto en Chile. Existiendo muchas aristas por donde abordar el asunto –el sesgado trámite legislativo en dicha instancia, la pobreza argumentativa de algunos senadores o las lágrimas de cocodrilo de la ministra Pascual–, fueron las palabras del presidente del Movilh, Rolando Jiménez, quien señaló que “vamos a hacer crema con los fetos”, las que generaron mayor barullo.

Si bien la tentación es reaccionar de manera enardecida –sobre todo en redes sociales, en lo que este mismo columnista cayó–, parece importante tomarse el tiempo de reflexionar sobre las palabras del activista homosexual, que se suman a la degradación del discurso público que hiere día a día a nuestro país.

Al menos hay cinco aspectos que se pueden considerar.

En primer lugar, Jiménez es una figura pública, un defensor de larga data de los derechos de las minorías sexuales. Indudablemente, es una persona que ha recibido en su vida un sinnúmero de ataques y reproches injustos contra los cuales ha luchado valientemente desde el activismo. Por lo mismo, justificar su frase aludiendo a que estaba siendo atacado por un puñado de activistas pro vida que ese día se encontraban en el Congreso es, al menos, una insensatez.

En segundo lugar, un defensor de la tolerancia y el diálogo de la talla de Jiménez debería a estas alturas entender de sobra que, pese al tenor de los ataques que se reciban, las respuestas acaloradas sólo contribuyen a la destrucción de cualquier puente. Justificar sus dichos diciendo que era víctima de ataques intolerantes de parte de un grupo de “señoras” es, de su parte, algo hipócrita.

En tercer lugar, algunos de sus cercanos han intentado poner paños fríos a la frase de Jiménez aludiendo a que “es su sentido del humor” el que lo llevó a decir semejante afirmación. Si es así, uno no se explica la sistemática denuncia de los últimos años a, por ejemplo, cierto tipo de humor sobre el escenario del Festival de Viña del Mar. ¿Podemos desde ahora escudarnos en “nuestro sentido del humor” y empezar a reírnos de nuevo de homosexuales y tartamudos? Sería, a todas luces, una torpeza.

En cuarto lugar, decir que con los fetos se hará crema es una afirmación que no puede ser utilizada como defensa y menos como broma. Sea cual sea la posición que se tenga respecto del aborto, es de público conocimiento que en algunos países se ha denunciado el uso de restos de niños abortados en la factura de potajes de belleza. Sin ir muy lejos, el año pasado una veintena de entrevistas encubiertas a funcionarios de Planned Parenthood en EEUU evidenciaban el valor comercial de las distintas partes del cuerpo de un feto, lo que sólo vino a reafirmar testimonios como los de la norteamericana Patricia Sandoval, que visitó nuestro país y narró a lujo de detalles cómo ella fue parte de ese macabro entramado.

En quinto y último lugar, las declaraciones de Jiménez evidencian una insensibilidad monstruosa, pues llegan a oídos de todas esas mujeres que están viviendo un embarazo vulnerable lleno de dudas y miedos. Por lo mismo no se entiende por qué la ministra Pascual no se ha manifestado sobre este ataque a un buen número de compatriotas a las que Rolando Jiménez ha abofeteado públicamente.

Rolando Jiménez les debe a buena parte de las chilenas una disculpa sincera.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y académico UANDES.

 

 

FOTO:PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO.