Resulta imperativo sopesar los compromisos que se hacen con la ciudadanía y tener plena conciencia de la responsabilidad política y pública a la hora de hacer campaña. Es imposible negar que, desde el punto de vista de la inversión fiscal, se ha realizado un esfuerzo para llevar adelante estos proyectos hospitalarios, pero también es un hecho que se desconoce en qué condiciones continuarán.
Publicado el 21.11.2017
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En una maratónica carreta a contra reloj, la Presidenta Michelle Bachelet ha pasado los últimos meses de su mandato prácticamente de inauguración en inauguración, estrenando obras principalmente en los ámbitos del transporte y la salud. En este último destacan la inauguración de 16 hospitales cuya construcción, según indica el Ministerio de Salud (Minsal), ha finalizado en Salamanca, Exequiel González Cortés, Puerto Williams, Puerto Natales, Porvenir y otras ciudades del país. Si bien es innegable el beneficio que traerán estos recintos para miles de personas, es necesario detenerse en los compromisos hechos a la ciudadanía por el gobierno de la Presidenta, en lo efectivamente cumplido y, sobre todo, en la operatividad de los hospitales.

Para comenzar, la fórmula “20-20-20” (hospitales construidos, en obras y en estudio, respectivamente) no se cumplirá en la práctica. Seis de los 20 hospitales cuya construcción fue comprometida no se concretarán, y de los 40 que debiesen quedar en construcción para fin del mandato de Bachelet sólo habrá 29.

Respecto a la operatividad, en Puerto Natales se espera que 21.300 personas de la provincia de Última Esperanza sean beneficiadas con la reciente inauguración de este hospital, ya que en palabras de la Presidenta “se ha cuadruplicado la superficie y se ha triplicado el personal”. No obstante, la mayoría de dicho personal es de atención pre-hospitalaria, entonces, ¿de qué sirven la infraestructura y la tecnología de punta si no hay especialistas que tengan la preparación adecuada para usarlas? Según la última encuesta CASEN, Magallanes es una de las regiones con mayor índice de envejecimiento del país, entonces, ¿cómo se le explica a la población natalina, compuesta por más de un 13% de adultos mayores, que en el hospital no hay geriatras ni oncólogos? ¿Dónde están los cuatro mil especialistas que el gobierno se comprometió a formar en su período?

Similar es el caso del hospital de Porvenir. Juan José Arcos, abogado que representa a familiares de personas fallecidas por supuestas negligencias en dicho recinto, señaló que “inaugurar este hospital sin especialistas es como que un bus del Transantiago lo maneje un chofer con licencia clase C, de motocicleta. Claramente se ha creado una infraestructura, pero ésta tiene que tener también algo de cerebro”.

La salud es un tema serio y un derecho inalienable. Resulta imperativo sopesar los compromisos que se hacen con la ciudadanía y tener plena conciencia de la responsabilidad política y pública a la hora de hacer campaña. Es imposible negar que, desde el punto de vista de la inversión fiscal, se ha realizado un esfuerzo para llevar adelante estos proyectos hospitalarios, pero también es un hecho que se desconoce en qué condiciones continuarán.

Recintos edificados e inaugurados para operar a media marcha no reflejan las buenas intenciones de este gobierno en materia de salud; más bien parece un intento desesperado por sumar “logros” de última hora que subsanen las faltas o errores cometidos previamente. Al parecer se ha olvidado que existe una estricta correlación entre compromiso y confianza, entre sinceridad y apoyo, algo que no se gana —ni se recupera— cortando cintas.

 

Natalia Farías, investigadora Centro de Estudios Bicentenario

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO