En sus 50 años, el gremialismo como escuela de servicio ha sido una de las fuerzas políticas generacionales que más ha aportado a la vida pública de Chile, y al decir del historiador Cristián Gazmuri en Notas sobre las élites chilenas, una de las tres agrupaciones más influyentes surgidas de la Universidad Católica. No podría ser de otra forma, porque ese ideal no es una motivación más o simple filantropía, es el genuino deber de contribuir al Bien Común, derivado de la virtud de la caridad. Esto es lo que hace la diferencia en entender la política como voluntad de poder o como servicio público.
Publicado el 30.08.2017
Comparte:

“Siempre imperfectos, pero siempre perseverantes”. Así definió Jaime Guzmán hace 30 años el estilo gremialista. Y los 50 años de historia del Movimiento Gremial de la Universidad Católica y el Gremialismo nos dan el mejor ejemplo de lo que ha sido esa impronta, el sello de una forma de ser y actuar.

Por una parte, el gremialismo como doctrina política, cuyo eje es la persona en una dimensión trascendente, permite construir una estructura coherente y armónica de la relación de las personas, las familias, las organizaciones intermedias y el Estado. Esto es posible precisamente porque esa coherencia no es un invento teórico, ni un antojadizo ejercicio especulativo, sino una constatación profunda de la realidad. Jaime Guzmán no inventó nada. No concibió ex nihilo las ideas que sustentan el ideario gremialista, éstas no son más ni menos que las mismas de la tradición de la filosofía perenne y la Doctrina Social de la Iglesia. Y es aquí donde podemos ver la mayor virtud de Guzmán: no fue tanto su conceptualización —coherente y sólida—, sino la capacidad de tomar la decisión exacta en el momento concreto, cuestión que resalta finalmente sus extraordinarias cualidades de líder.

Por otra parte, el gremialismo como escuela de servicio ha sido una de las fuerzas políticas generacionales que más ha aportado a la vida pública de Chile, y al decir del historiador Cristián Gazmuri en Notas sobre las élites chilenas, una de las tres agrupaciones más influyentes surgidas de la Universidad Católica. No podría ser de otra forma, porque ese ideal no es una motivación más o simple filantropía, es el genuino deber de contribuir al Bien Común, derivado de la virtud de la caridad. Esto es lo que hace la diferencia en entender la política como voluntad de poder o como servicio público. Las ideas, los valores y el testimonio de los gremialistas, y sin duda alguna el testimonio de Jaime Guzmán, no dejan lugar a dudas de que ha sido lo segundo lo que ha impulsado la voluntad de cientos de gremialistas en esta trayectoria de 50 años.

Celebraremos medio siglo de gremialismo al servicio de Chile. Una iniciativa universitaria, acotada en principio a la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, que disputó la federación de estudiantes aun cuando la efervescencia revolucionaria parecía ser mayoría. Una fuerza estudiantil que con los años se convirtió en el movimiento civil opositor al gobierno de Salvador Allende, aglutinando organizaciones de todo tipo en defensa de la sociedad libre. Ideas que cambiaron Chile y le dieron a un modelo de desarrollo centrado en la persona y permitieron construir una mejor nación para todos.

Cada generación de gremialistas ha aportado desde nuestras ideas en momentos determinados de la historia patria, algunos con más o menos heroísmo, pero siempre con la convicción en el ideal y la verdad. Asimismo, a las generaciones vigentes les toca aun dar más, abandonar la comodidad e involucrarse en los acontecimientos de nuestro país, porque serán estos acontecimientos por los cuales algún día deberemos responder ante el tribunal terrenal y de hombres que nadie puede eludir: el de la Historia.

 

Emiliano García, licenciado en Ciencias Jurídicas UC, investigador de la Fundación Jaime Guzmán

 

 

FOTO: JUAN GONZALEZ/ AGENCIAUNO