Existen razones suficientes para pensar que diciembre sólo fue una agradable sorpresa, pues al menos durante el primer trimestre de 2015 todavía veríamos cifras de expansión más cercanas al 2% que al 3%.
Publicado el 09.02.2015
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Sin duda el Imacec de 2,9% a/a de diciembre es una noticia positiva, sorprendiendo al mercado que tenía un consenso de sólo 2,0% a/a. En tanto, la expansión trimestral anualizada llegó a 4,0% t/t, su mayor cifra en el año, al igual que el 3,1% a/a de la serie desestacionalizada, determinadas por un aumento de Comercio y Servicios, así como por un mayor valor agregado de la minería. Ante las cifras alegres que dejó diciembre, vale la pena preguntarse si ya llegamos a ese tan ansiado punto de inflexión, aquel que marque el inicio de un cambio en la tendencia de crecimiento y que permita dejar atrás el mediocre promedio de expansión del Imacec 2014 de 1,8%.

Sin embargo, pese a las buenas noticias, es preferible ser cauto antes que caer en la euforia. Existen razones suficientes para pensar que diciembre sólo fue una agradable sorpresa, pues al menos durante el primer trimestre de 2015 todavía veríamos cifras de expansión más cercanas al 2% que al 3%. ¿Las razones? Primero, la expansión trimestral anualizada, que es un proxy del momentum, estuvo favorecida por una baja base de comparación que fue el tercer trimestre del año, el más débil en actividad. Segundo, no se puede descartar que el aumento de Comercio y Servicios durante diciembre respondiera sólo a un factor estacional, aunque algo más marcado que lo habitual. Por otro lado, el mayor valor agregado de la minería todavía no es un fiel reflejo de que los costos de extracción han disminuido por el menor precio de los combustibles, así como difícilmente la mayor productividad de la minería sea gracias a la extracción de una ley más favorable. Es importante hacer notar que según datos del Instituto Nacional de Estadísticas, la minería metálica varió negativamente 1,7% a/a durante el mes, por lo que es necesario ver la evolución del valor agregado en los próximos meses para asegurar el punto anterior. Tercero, la inversión registrada en diciembre estuvo marcada positivamente por un incremento importante de los bienes de capital (24% a/a), pero gran parte del aumento es explicado por la mayor importación de bienes de transporte, que serían de carácter puntual. Es más, a la tercera semana de enero los bienes de capital vuelven a mostrar una cifra negativa (-16%) al igual que lo hace la importación de bienes durables (-13%). Esto es relevante, porque reafirma el punto anterior, y porque ambas variables son las más sensibles al ciclo económico.

El desempleo también fue otra cifra que arrojó positivas noticias, ubicándose en 6,0% para el trimestre móvil que finalizaba en diciembre. Sin embargo, nuevamente se debe ser cauteloso, pues el número estuvo dominado fuertemente por el factor estacional del empleo en agricultura, mientras que el resto de los sectores siguió mostrando una caída en la creación de puestos de trabajo. De hecho, según nuestras proyecciones, en enero este indicador debería evidenciar un incremento de 0,3%, empinándose así hasta 6,3%.

Por todas las razones antes expuestas es que preferimos la mesura, ya que todavía no es claro que exista un cambio de tendencia y las perspectivas, aunque mejores, se mantienen con dudas. De hecho, la confianza sigue débil, tanto de consumidores como de empresarios; se proyecta un aumento del desempleo durante el año, restando dinamismo al consumo; la inversión se vislumbra más bien plana, en especial la de construcción, mientras maquinarias y equipos todavía no da señales claras de un repunte si consideramos la importación de bienes de capital como su proxy mensual.

Así nuestro escenario base para la actividad en 2015 sigue siendo una expansión de 2,6%, con una economía que irá de menos a más. Durante el primer trimestre esperamos que el crecimiento sea 1,8%, cerrando el año con un cuarto trimestre expandiéndose 3,4%, gracias principalmente a un tipo de cambio favorable, una política monetaria ya bastante laxa por un período prolongado de tiempo y por una política fiscal contra cíclica. En tanto, estimamos que el efecto del menor precio del petróleo sí será beneficioso para la economía, una vez que se empiece a reflejar en un mayor valor agregado. Así de mantenerse un precio promedio de US$ 58 el barril de Brent, la economía podría llegar a expandirse 0,2% más respecto de nuestra estimación.

 

Álvaro González, economista Banco Santander.

 

 

FOTO: FELIPE FREDES FERNANDEZ/AGENCIAUNO