Lo que les hierve la sangre es la existencia de privados promoviendo bienes como la educación técnica y contribuyendo a la formación de más de 120 mil alumnos, como ocurre en INACAP.
Publicado el 12.09.2016
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El miércoles recién pasado, se aprobó en el Senado una ley que permite que los Centros de Formación Técnica (CFT) y los Institutos Profesionales (IP), que quieran acceder a la gratuidad en el año 2017, se transformen en corporaciones sin fines de lucro. Esto, a raíz de que se constituyó como requisito para la gratuidad dicha finalidad con la que no contaban, dada su estructura jurídica, algunos de los CFT e IP más importantes de nuestro país.

Durante la tramitación se generó una ardua discusión, dado que representantes de INACAP presentaron reparos al proyecto que se discutía. Pero la discusión no se quedó en el proyecto mismo, sino que a raíz de él se terminó hablando de la estructura misma de INACAP, y en este contexto varios senadores socialistas promovieron su estatización. Alegando que hoy no es clara la propiedad de esta institución, dado que participan en su Consejo Directivo autoridades nombradas por la CPC (privados) y Sercotec (corporación dependiente del Ministerio de Economía) entre otros, y aduciendo su origen histórico, creado en el año ‘68 bajo el alero de la CORFO, proponen que INACAP debe volver al control estatal que le fue quitado en 1989.

Cuesta imaginar algo más socialista que esta propuesta: no va ni viene si funciona bien o mal, lo importante es que sea estatal. La quimera de que por ser estatal las instituciones poseen una especie de pureza y virtud intrínseca, es quizás uno de los pilares constituyentes del socialismo. Es extraño que no se pongan rojos al realizar estas afirmaciones tan fáciles y tajantes, cuando la capacidad estatal queda tan patentemente en duda mirando que de los cinco CFT estatales que deberían empezar a funcionar el próximo año, según las promesas de su propio gobierno, tres están con notorios atrasos.

Podemos advertir además la desconfianza propia de los socialistas de la colaboración del mundo privado en la promoción de fines públicos. La preocupación, en este caso, no está por las utilidades o lucro obtenido, pues más allá de su estructura jurídica, la institución es sin fines de lucro y, por lo tanto, no existe, usando la lógica instaurada por la izquierda durante los últimos años, privados lucrando con lo público. Lo que les hierve la sangre es la existencia de privados promoviendo bienes como la educación técnica y contribuyendo a la formación de más de 120 mil alumnos, como ocurre en INACAP.

La mente socialista equipara lo público a lo estatal, porque no es capaz de ver entre el individuo y el Estado fines compartidos: siempre existirá una oposición entre el bien común y el bien particular. Siempre hay antagonismo y el único capaz de velar realmente, para un socialista, por el bien común, es el Estado. El particular mira sólo a su interés propio, y por lo tanto es natural que sólo participe de bienes privados; el burócrata y el Estado, en cambio, son siempre santos y defensores del bien común. Este sueño ideológico de los socialistas, que no es capaz de observar los matices y encontrar las luces y sombras de cada cual, es tremendamente dañino en nuestra sociedad, que necesita mayor colaboración y no volver a la lógica del antagonismo propia del pasado.

Por eso el senador Letelier (PS) señala que “una institución que era del Estado debe volver a serlo”, pues en su lógica no importa el gigantesco crecimiento de INACAP desde el año 1989 hasta la fecha (año en que comenzó la colaboración público-privada en la institución), ni tampoco si hoy es una institución de excelencia que provee bienes públicos. Lo único relevante es la propiedad.

Entre el Estado y las personas se teje el entramado rico y plural de la sociedad civil, que promueve bienes que ni el Estado, ni el mercado, ni tampoco los particulares por sí mismos son capaces de promover. La Teletón es un ejemplo patente de aquello, y por eso también un blanco de ataques por parte de la izquierda cada vez que se realizan campañas públicas. La lógica de las sociedades modernas está en la colaboración de todos los sectores sociales (estado, mercado y sociedad civil) hacia la promoción del desarrollo. La pelea pequeña del socialismo por la propiedad de las instituciones que proveen bienes públicos no es más que el resabio añejo del ideologismo verde olivo. Y por muy añejo que sea, el peligro de volver a tropezar con la misma piedra siempre está presente. Basta con mirar a nuestra Presidenta.

 

Antonio Correa, Director Ejecutivo IdeaPaís.