La NM es ante todo, y casi exclusivamente, una alianza política articulada en torno a un programa y al liderazgo inicialmente carismático de la Presidenta Bachelet. Su construcción no viene precedida por una historia de luchas y convergencias entre sus componentes como en el caso de la Concertación.
Publicado el 29.07.2015
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Hay importantes diferencias entre la Nueva Mayoría (MN) y la Concertación, de fondo y forma. Exploraremnos algunas con el propósito de entender las dificultades que atravies la NM y su posible evolución.

I

La Concertación fue una coalición política con una ideología que giraba en torno a tres ejes principales.

Primero, impulsar la transición hacia la democracia, consolidar ese régimen político y profundizarlo, todo esto con énfasis en el pleno reestablecimiento de los derechos civiles y políticos y, retroactivamente, con la voluntad de reponer la verdad y justicia respecto de la violación de derchos humanos durante la dictadura Pinochet.

Segundo, impulsar el desarrollo del país mediante la fórmula del “crecimiento con equidad”, incrementando por esa vía el ingreso, el consumo y el bienestar de las personas y las familias, reduciendo drásticamente la pobreza y modernizando la infraestructura en todos los aspectos.

Tercero, impulsar el acceso, participación y calidad de los servicios sociales -el Estado de Bienestar- en los sectores claves de salud, educación, seguridad social y vivienda.

Pero  una ideología no es solo la vertebración programática de la acción colectiva, unos planes de gobierno en constante evolución, un conjunto de proyectos y medidas de política pública para transformar el mundo e imprimirle una orientación. Antes que eso, las ideologías son expresiones de una visión de mundo, de unos pre-juicios sobre la “vida buena” y sobre cómo organizarla y de un diagnóstico político-emocional y cultural sobre el estado de cosas que se desea mantener o cambiar.

En el caso de la Concertación, esos elementos se fueron formando y compartiendo -sin unificarse ni consolidarse de manera igual en la conciencia de los agentes que se iban concertando- a lo largo de la lucha contra la dictadura. Y luego continuaron desarrollándose durante los cuatro sucesivos gobiernos de la Concertación.

Dieron origen a una ideología sui generis pero que puede clasificarse dentro de la familia de las ideologías socialdemócratas de tercera vía, articulada en torno a una visión de mundo que combina en su núcleo las ideas de democracia liberal, dignidad de las personas y justicia social (de origen socialcristiano) y modernidad/modernización como vector de aspiración hacia una “buena vida” en una sociedad mejor.

Adyacente a ese núcleo de ideas había un anillo de nociones-operativas como Estado moderno, bienestar social, proyectos personales, meritocracia, ciudadanía, protección del consumidor y mercados regulados. Finalmente, en la periferia de este sistema ideológico se sumaban ideas sobre reforma, gradualismo, consensos, equilibrios macroeconómicos, institucionalidad, soluciones técnicas, no-ruptura, convergencia, realismo, límites, etc., que contribuyeron a dar a la ideología concertacionista un tono emocional-cultural y comunicativo característico, con una interesante mezcla entre un núcleo socialdemócrata liberal modernizante y un envoltorio de elementos progresistas, conservadores e incluso neoliberales.

Otra manera de llevar adelante el análisis, ahora a la manera de ciertos estudiosos del rol de las ideas en la esfera de la política, lleva a concluir que el paradigma ideacional de la Concertación (el núcleo) era una versión del paradigma socialdemócrata tal como en aquella época se cultivaba por el PSOE español, la vertiente Blair del Partido Laborista ingles y corrientes similares en Alemania, Francia e Italia, o por el gobierno FH Cardoso en Brasil. En Chile, este paradigma surgió de los movimientos intelectuales en torno a la renovación socialista y de la convergencia de ésta con el pensamiento democristiano y la recepción de algunas ideas liberales y nociones estatalistas de la tradición laico-positivista-radical.

En un siguiente nivel, ese paradigma conectaba con el instrumental de política pública -la caja de herramientas- provisto por las modernas disciplinas académicas de la economía, la sociología, las ciencias políticas y administrativas, de las comunicaciones, etc., el cual incluía mecanismos de cuasimercados para la asignación de subsidios públicos, técnicas de focalización del gasto público, esquemas de costos compartidos para los servicios de bienestar, concesiones de infraestructura, evaluación social de proyectos, Nueva Gestión Pública como enfoque de gerencia de las organizaciones del Estado, etc. Una influencia importante en la integración de esa caja de herramientas tuvieron diversos organismos internacionales como la OCDE, el Banco Mundial, el FMI, la Unión Europea y diversos Think Tanks dentro y fuera de Chile.

Finalmente, la prosecución de la visión de sociedad inspirada por ese paradigma socialdemócrata de tercera vía, traducida a nivel de políticas por los programas e instrumentos desplegados por las sucesivas administraciones de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet -y paradojalmente también por la administración Piñera, más preocupada de la gestión eficiente de los instrumentos que del paradigma de ideas de transfondo- aterriza en la vida cotidiana de la política gubernamental en el tercer nivel, el del calibramiento de los instrumentos: ¿qué tasa de interés para los créditos estudiantiles subsidiados por el Estado?, ¿cuánto presupuesto para el programa AUGE o para ciencia y tecnología?, ¿qué porcentaje de aumento del valor de la subvención escolar?

Tal fue, en brevísimo y esquemático resumen, el entramado ideológico de la Concertación mirado a la luz de diversos enfoques de análisis de las ideologías (con elementos tomados de Freeden, MacKenzie y Campbell entre los autores extranjeros y de Flisfisch en el caso de Chile). Fue una ideología esencialmente democrático-reformista, un proyecto de transición y consolidación de la democracia, de acelerada modernización capitalista bajo un ideario de Estado de bienestar socialdemócrata de tercera vía.

Calificar a dicho proyecto de neoliberal o de mera continuidad con el “modelo” de desarrollo de la dictadura es apreciar las cosas con la fe del carbonero y con una inteligencia equivocada. Ese juicio no distingue entre núcleo, adyacencia y periferia conceptual de una ideología o bien se equivoca de niveles al considerar que la calibración de un instrumento es más vital que la elección de los mismos y que una y otra son más decisivas que el paradigma subyacente. Un error similar se comete al tomar la envoltura y el tono gradualista de pactos y negociaciones por la esencia del proyecto o se cree que el realismo en la apreciación de las circunstancias es una opción moralmente reprochable, pues en todo momento debe prevalecer la ética de la convicción, sin considerar las responsabilidades del gobernante con el orden de la polis.

Como sea, durante 20 años la conducción concertacionista llevó a una enorme transformación de la sociedad chilena, incluyendo un salto en el bienestar material de los hogares y las personas, la modernización de la base productiva y su integración a los mercados internacionales, el asentamiento de la democracia en la política y una impresionante reducción de la pobreza y expansión de los sectores  medios en los planos de las ocupaciones, el ingreso, la educación, la vivienda y el consumo.

II

En cambio, la NM es ante todo, y casi exclusivamente, una alianza política articulada en torno a un programa y al liderazgo inicialmente carismático de la Presidenta Bachelet. Su construcción no viene precedida por una historia de luchas y convergencias entre sus componentes como en el caso de la Concertación. E, incluso, allí donde podía alimentar su memoria -es decir, en la historia y obra transformadora de la Concertación- la NM se encargó de cortar los vínculos, negar ese pasado, desacreditarlo y proponerse a sí misma como un actor completamente nuevo en la escena política chilena.

Su ideología, en tanto, como visión de mundo y paradigma, no ha podido desarrollarse hasta aquí con una identidad propia, clara y discernible. ¿Qué conceptos duros, de fondo, anclan su concepción de mundo?

La democracia chilena le parece una trampa, un falso arreglo, una herencia pactada con la dictadura, carente del prístino contrato fundante de la soberanía rousseauniana. El modelo de desarrollo exitosamente operado por la Concertación durante sus años de gobierno lo considera un producto del neoliberalismo, la mercantilizacion y privatización del Estado y la sociedad. Algo por ende insostenible que debe dar paso a un “otro modelo”.

La modernización -eje paradigmático de la Concertación- sería nada más que un pseudo proceso, el cual en el caso de Chile habría conducido a la alienación cultural de las masas precipitándolas al consumo, las deudas, la precariedad de la vida, sin que la modernidad se haya acompañado por la realización habermasiana de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.

Al contrario, la racionalidad moderna impulsada por las políticas de tercera vía habrían dado origen en Chile a difundidos malestares, rabias, abusos, exclusiones, segregaciones y otros males que trae consigo el capitalismo neoliberal.

¿Qué ideas nucleares se proclaman en reemplazo de aquellos conceptos-anclas hoy removidos por la NM para fundar su propia ideología?

Es difícil saberlo. En el plano del régimen político se propone un instrumento, una asamblea constituyente (AC), pero no hay acuerdo ninguno sobre las formas de ese régimen, el carácter de la democracia, las funciones del Estado, los derechos civiles y políticos, las garantías individuales, la existencia de un tribunal constitucional, la organización del poder judicial, el ordenamiento para la seguridad del Estado, etc.

En el plano del modelo de desarrollo, no hay claridad alguna hacia qué tipo de capitalismo apunta la NM, sobre el régimen de propiedad y regulaciones del mercado, la función productiva del Estado y sus responsabilidades en las dimensiones del bienestar: salud, educación, seguridad social y vivienda. En el ámbito de la educación, por ejemplo, donde el gobierno Bachelet ha estado forzado a explicitar su agenda de cambios y explicar su ideario, se ha desplegado una nutrida retórica sobre un nuevo paradigma, emparejar la cancha, fortalecer la educación pública, el fin del lucro y de la selección, etc., mas hasta ahora no hay una definición de fondo que sirva para entender la orientación y los principios que guían al gobierno en este sector.

Sin claridad respecto del núcleo ideológico de la NM es difícil identificar los conceptos de la zona adyacente y aquellos otros periféricos que sirven para especificarlos. Todo el entramado permanece en el aire en efecto y, hasta ahora, NM se ha limitado más bien a una crítica de la ideología concertacionista.

El vacío dejado por esa falta de una visión de mundo, de un paradigma ideológico, de un horizonte de la “buena sociedad” que se desea construir, ha sido llenado por el programa de la campaña Bachelet, preparado al parecer por un grupo de profesionales contratado durante la precampaña. A ese texto la NM se aferra como si fuera un paradigma ideal cuando, en verdad, no pasa de ser una lista de aspiraciones y declaraciones complementadas por un conjunto de instrumentos y su variable calibramiento. Es pues la caja de herramientas la que opera funcionalmente como núcleo ideológico, lo cual imprime a los debates de la NM su tono dogmático pero al mismo tiempo de discusión limitada a la racionalidad de medios: AC, gratuidad, dos nuevas universidades estatales, una AFP estatal, desmunicipalización de la gestión escolar; es decir, medios todos, pero con ausencia de una racionalidad sustantiva de fines.

Solo gradualmente está volviendo a la superficie el debate sobre el proyecto ideológico de la NM, ahora que el carisma presidencial ya no sirve de cemento a la alianza y que los instrumentos de política están siendo contestados. El propio programa ha empezado a ser desacralizado, mientras la Presidenta llama a aplicarlo con realismo, aunque sin renuncias.

Nada se dice, sin embargo, respecto de qué sería irrenunciable: ¿la gratuidad, una cierta forma de calibrar el derecho a huelga, la despenalización del aborto en tres situaciones? Ninguna de esas materias posee valor ideológico trascendente como para no poder renunciar a ellas o sujetarlas a un proceso de deliberación. Es decir, estamos de regreso en el terreno de los medios tratados “como si” fuesen ideas e ideales que no se pueden abandonar.

De hecho, desde el momento de su creación la NM ha rehusado articular una común plataforma ideológica. Ha preferido definirse como una alianza programática, con fuerte énfasis en el envoltorio comunicacional, emocional y de estilo. Eligió presentarse como un proyecto rupturista, refundacional, de reformas estructurales, de estilo “retroexcavadora”, no transaccional, sin claudicaciones, dispuesto a avanzar sin transar ninguna de sus promesas. Incluso algunos de sus miembros del ala más radicalizada, como ocurre con el PC, amenazan con abandonar La Moneda y salir a la calle si alguna promesa del programa se deja de lado.

De hecho, el PC es un buen ejemplo del vacío ideológico en su actual expresión postdesplome de la ideología soviética a nivel global y de la táctica de todas las formas de lucha a nivel local. Escrutando aquel vacío no es posible discernir si el PC es partidario de la democracia liberal o la condena, si prefiere un capitalismo de Estado o un socialismo siglo XXI como en Venezuela o Cuba, si se inclina por la reforma o la revolución, aspira al predominio del proletariado en el Estado y la economía o a la cooperación entre las clases sociales, si defiende el pluralismo en la esfera pública o una cultura unificada en torno  a un proyecto emancipatorio.

Tengo para mí que la NM, por el peso histórico de sus fuerzas de mayor gravitación político-cultural -el PS, el PDC y demás grupos y personas que gravitan en torno a esas fuerzas- conserva latentemente una ideología socialdemócrata de tercera vía. Con todo, tres cosas se hallan en disputa: (i) los fundamentos, alcances y matices de lo que hoy podemos entender por una tercera vía de socialdemocracia chileno-latinoamericana; (ii) cuál es el contenido de la caja de herramientas más apropiado para impulsar ese proyecto y cómo calibrar los instrumentos para abordar las cambiantes circunstancias del entorno glonacal (global-nacional-local), y (iii) cuál es el envoltorio, la forma, el estilo, el tono emocional y comunicativo con que se debe actuar en estos años, si más próximo a las pretensiones del bloque rupturista o del bloque reformista.

Estas tres cuestiones no caben en un cónclave ni en una secuencia de seminarios político-intelectuales, ni siquiera podrán resolverse en el marco de los próximos congresos de los partidos que forman la NM. Al contrario, se necesitará todo el tiempo restante de la administración Bachelet para ir aclarando el perfil ideológico de la NM. Al final del periodo podrá evaluarse entonces si la alianza se tornó una coalición ideológica o si meramente buscará prolongarse por otros cuatro años como un renovado acuerdo programático.

No hay solución en el corto plazo precisamente porque el tema no es programático, sino de sustentación ideológica y de orientación cultural de la conducción para el período post Bachelet.

 

José Joaquín Brunner, Foro Líbero.

 

 

FOTO: ALVARO COFRE/AGENCIAUNO

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