En vez de malgastar el tiempo en tantas declaraciones y entregas de nuevos y nuevos cronogramas y presupuestos; las autoridades deben ir a ver -en terreno- cómo sufren aquellas personas que no entienden de la palabra concesión, pero que, de llevarse a cabo, les solucionaría bastante la vida o se las salvaría.
Publicado el 18.11.2015
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Doña Michelle (no la Presidenta, sólo es alcance de nombre), le dice claro a su hija de 16 años “prohibido enfermarse mijita. No puedo pagar particular, y si le vuelve a doler la pierna a esperar en la casa”, mientras reza para que las listas de espera corran y pueda operarla.

Doña Michelle, es una experta conocedora de las deficiencias del sistema público de salud, pero al preguntarle no sabe de la posibilidad de que existan nuevos hospitales concesionados; “no entiendo de ese tema” dice. Es que mientras esta chilena sufre la discriminación de ser mal atendida o no atendida, no sabe que en Palacio y alrededores se lleva a cabo una batalla ideológica que tiene en ascuas a los 60 hospitales prometidos por Michelle Bachelet en campaña. Sólo 10 están en construcción. ¿Por qué tan pocos? Una de las poderosas razones se debe a la palabra concesión. Si bien sabemos que éstas no son perfectas (como ninguna obra humana lo es), podrían dar alivio radical a los más de 78 mil seres humanos que no podrán ser atendidos anualmente en el futuro por el retraso de estas obras.

Si bien el tema de la salud es sumamente complejo; aquí algunas cifras preocupantes para ilustrar que en Chile no estamos en posición de darnos gustitos ideológicos retrógrados, ni demonizar la alianza con privados. En 2014 la entonces ministra de Salud, Helia Molina, presentó una cartera de proyectos de inversión para el periodo 2014-2018 de 60 hospitales. Desde entonces, el cronograma ha cambiado cinco veces. Sí, leyó bien, ¡cinco veces! ¡E incluso podrían ser seis o más en un año! (Y no estamos hablando de la reforma educacional. Esa ha cambiado más). Mientras… Doña Michelle sigue rezando para que la atiendan, sin saber que es una más del millón 200 mil chilenos que siguen esperando -mínimo- 120 días para ser vistos por un especialista. ¿Y si necesita una cirugía? A la cola. Hay 134 mil personas que llevan más de un año aguardando que las operen.

Pero sigamos. De esos 60 hospitales comprometidos, cinco concesiones hospitalarias estaban, en marzo de 2014, en pleno proceso de adjudicación, y faltando solo la firma de la Presidenta y la toma de razón de la Contraloría (les recuerdo que seguimos sin Contralor), fueron rechazadas por el Minsal por razones ideológicas. Y si no es así, que el Gobierno explique porqué renunciaron, recientemente, la Subsecretaria de Redes Asistenciales, Ángela Verdugo y la jefa de inversiones del Minsal, Francisca Toro.

La misma ministra, Carmen Castillo (con acusación constitucional a cuestas), ante la polvareda que se levantó, se apuró en dejar en claro que “están descartadas (las concesiones) ya que no es motivo de discusión, por lo tanto, estamos trabajando con la metodología que hemos consensuado con el Gobierno”. Quiso así, calmar los gritos anti concesiones de la diputada comunista Karol Cariola y Cia. También hizo lo propio el vocero de Gobierno, Marcelo Díaz, quien reforzó que “el tema de las concesiones no está sobre la mesa”. ¿Por qué? ¿Retrasaría el cronograma incluir a los privados?

Las constructoras aseguran que están disponibles para retomar proyectos y llaman a no desechar el modelo por un tema ideológico. Tanto, que desde la Cámara Chilena de la Construcción aseguran que un año y medio aproximadamente, es lo que demoraría retomar la edificación de algunos de los cinco hospitales que estaban en el plan de concesiones al inicio del Gobierno, y que fueron “bajados” de la cartera en 2014. Entonces, ¿es por falta de recursos? ¡No! De los $528 mil millones contemplados en el presupuesto de este año para el ítem, sólo se ha ejecutado el 21,7%, aunque el Gobierno nos quiera hacer creer que no hay dinero; tanto que se está planteando la medida desesperada de acudir a los Fondos de Apoyo Regional (FAR), como por ejemplo, los fondos espejo del Transantiago para cumplir con las construcciones. Algo no calza.

Mientras nos envolvemos, o nos envuelven en estas discusiones, un informe del Instituto Libertad y Desarrollo de junio de 2015, explica que el retraso de la entrega de 26 de los 60 hospitales significaría postergar la utilización de 1.596 camas adicionales (una de ellas podría ser usada por la hija de Doña Michelle y, otra, por Doña Michelle también). Es decir, 78 mil chilenos seguirán esperando ser atendidos anualmente. Todo por un tema de ideologías, por ese desprecio a la administración privada.

Pero ahí las cosas no vuelven a calzar. Si bien muchos del Gobierno no quieren hacerle desaires a Friedrich Engels y a Karl Marx (porque hay demasiados que los admiran, no se equivoque) se calcula que la compra de servicios a clínicas y prestadores privados supera -anualmente- los US$1000 millones (siendo muy conservadores en la cifra). Sí, nuevamente leyó bien. Entonces, ¿queremos o no a los privados?

Es hora de terminar con discusiones “filosóficas” y tozudez ideológica. Hasta el mismo Marx, creo, lo agradecería. Agradecería que en vez de malgastar el tiempo en tantas declaraciones y entregas de nuevos y nuevos cronogramas y presupuestos; la autoridad debiera ver -en terreno- cómo sufren las miles de Doñas Michelle, que no entienden de la palabra concesión, pero que, de llevarse a cabo, les solucionaría bastante la vida o se las salvaría

 

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC.

 

FOTO: VÍCTOR SALAZAR M. /AGENCIAUNO