Hoy, parecer activo se ha hecho costumbre, en especial cuando existe un respeto providencial a “la calle” como generadora de agenda.
Publicado el 30.07.2016
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La marcha “No + AFP” del domingo pasado repuso por algunos días la discusión acerca de cuál debería ser el régimen para administrar las pensiones. Con más oportunismo que ideas nuevas, políticos, presidenciables y autoridades salieron a opinar sobre lo obvio (las pensiones de los chilenos son bajas) como si se tratara de un problema recién aparecido. “Cualquier cambio debe ser estudiado en profundidad”, dijo el superintendente de AFPs; el ministro de Hacienda apostilló que “no hay soluciones mágicas” y su subsecretario lo refrendó añadiendo que “no existen las balas de plata”; la Presidenta de la República nos recordó que “tenemos un desafío enorme”; el ex Mandatario Ricardo Lagos pidió “tomar la marcha en serio”; y, por último, el presidente de la Asociación de AFPs nos advirtió, como que no quiere la cosa y para que a ningún nostálgico del pasado se le ocurra echarle a perder el negocio, que “el sistema de reparto fracasó”.

Nadie quiso perderse el tema del momento. Había que opinar y atender la exigencia de “la calle” para no quedar fuera de la agenda. Cuando algún asunto irrumpe con fuerza en “la discusión actual” -como la calificó el subsecretario de Hacienda-, todos quieren declarar algo, no perderse la oportunidad de lanzar una cuña citable que salga en los medios, parecer preocupado, responder a la inquietud ciudadana, meter ruido y participar en el debate.

De las palabras, sin embargo, rara vez se pasa a la acción. El gobierno tiene las manos llenas con las reformas que promueve y ya ha declarado que la obra gruesa está terminada. El informe que la Presidenta Michelle Bachelet recibió en diciembre de la comisión que estudió el asunto de las pensiones descansa en algún cajón de La Moneda y esta semana recibió el ninguneo del ministro de Hacienda. Es difícil que surja algo concreto, más que la incierta “hoja de ruta” que ha prometido la Jefa de Estado.

El propio subsecretario de Hacienda reconoció que las pensiones bajas son hoy –junto a salud- uno de los desafíos más importantes para el país, incluso por encima de la gratuidad de la educación superior. Pese a lo anterior, la respuesta del Ejecutivo al reclamo por las pensiones ha sido… anunciar que reactivará el proyecto para crear una AFP estatal. Esta hace poco o nada por mejorar el monto de las jubilaciones. Pero, bueno, había que salir a decir algo y la AFP estatal era lo único a mano.

Quien proteste que detrás del humo no hay fuego no ha entendido nada, porque justamente de eso se trata. Hace ya más de cinco décadas, Daniel Boorstin escribió en su clásico La imagen que los actores públicos crean “pseudo eventos” para copar la agenda y dar forma a una “novedad sintética” donde lo espontáneo se bate en retirada.

Hoy, parecer activo se ha hecho costumbre, en especial cuando existe un respeto providencial a “la calle” como generadora de agenda. Los ciudadanos exigen cambios y líderes atentos a los “problemas reales de la gente real”, así que hay que darles, al menos, la apariencia de ellos. Nuestros políticos se ocupan de crear pseudo eventos que entreguen la sensación de que su prioridad está puesta en oír a un público empoderado.

Esta manera de hacer política tiene, sin embargo, un problema: la masa es, por definición, volátil e inconstante. Se mueve por pasiones y gustos fugaces. Exige de manera sucesiva “pensiones dignas”, derechos para los animales, acceso a medicamentos, “energía limpia y sustentable”, “educación gratuita y de calidad” y un largo etcétera de demandas. Detrás de su ánimo oscilante van los políticos, muchos de los cuales han escogido “liderar desde atrás”, con el resultado de que, como el tema cambia a cada rato, se hace poco y se habla mucho. Así, da la impresión de que nos movemos, pero lo cierto es que casi siempre estamos donde mismo. El de las pensiones es solo el último ejemplo: desde hace años se viene oyendo que hay que retrasar la edad de jubilación, evitar las lagunas previsionales, aumentar los montos que se cotizan, pero la verdad es que poco se avanza en concreto. Si el debate inconducente fuera un deporte olímpico, tendríamos asegurada la medalla de oro.

En un ambiente así, la capacidad de concentración es casi nula. Más aun para un gobierno como el actual. Esta semana, por ejemplo, partimos hablando de las pensiones, pero rápidamente pasamos a otros temas: las declaraciones de la ministra de Educación sobre la Universidad Autónoma y sus disculpas posteriores; la petición de renuncia a la rectora rebelde de una universidad que todavía no existe; el cambio de gabinete. El tema de las pensiones empieza a quedar en el olvido, sepultado por otras urgencias que, a su vez, darán paso a “nuevos” pseudo eventos. El ciclo partirá de nuevo: por un rato habrá declaraciones sesudas, ceños fruncidos, rostros de preocupación, voces engoladas. Después, silencio y nada nuevo bajo el sol hasta que surja otro asunto que nos distraiga por un tiempo.

 

Juan Ignacio Brito, periodista.

 

 

FOTO:YVO SALINAS/AGENCIAUNO