Estamos actuando como huérfanos paralizados, dormidos, anestesiados; tanto, que hemos perdido la capacidad de asombro. Estamos fofos. Llenos de grasa; y por eso en vez de torcer el destino, miramos impávidos, cómo un grupo lleva a nuestro Chile al despeñadero.
Publicado el 13.02.2016
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Yo confieso que mi Chile está dormido y con la brújula perdida. Los pilares, paradigmas y principios republicanos están enmohecidos. Nos estamos volviendo huérfanos.

Huérfanos hacia la izquierda. Nos quieren pasar la retroexcavadora (y la están pasando); nos buscan lavar el cerebro de que su lucha es por el pueblo, y en realidad, al pueblo lo utilizan para que unos pocos (comunistas incluidos) suban al Olimpo del poder a gozar y pelearse el Becerro de Oro. Becerro por el que darían la vida, ya que están más preocupados, como se les ha escapado a algunos, de que la derecha no llegue al poder más que mejorar nuestro Chile.

Tanto que hasta revivió el MIR. ¡Sí! volvió la onda sesentera y quieren presentar candidatos para las elecciones municipales. Esto, porque a juicio de los miristas, y en palabras de su secretario general, Demetrio Hernández, “la Nueva Mayoría ha ayudado a consolidar el modelo neoliberal, está demasiado comprometida con los poderes fácticos que dominan la economía. Los partidos dentro de eso, como el PC, que se suponía iban a jugar un rol para presionar por la democratización del país, pasaron a ser bastante insuficientes”. Ergo, la retroexcavadora es juego de niños…

Huérfanos hacia la derecha. La cosa no mejora. ¿Hay derecha en Chile?; si la hay está atomizada, desperdigada y desenfocada. Mucho tiene que ver que no existe real coordinación y disciplina. Aquí la pelea es a codazo limpio para quitarle un punto al otro. Hay un narcisismo de novela.

Un poco más de humildad y podrían haber hecho bastante más por denunciar en forma seria el doble estándar de la izquierda.

Y se jactaban de la probidad. El escupo les cayó en la cara. ¿Y el lanzamiento de Chile Vamos?, hasta ahora, cosmética y verborrea.

Huérfanos hacia arriba… y peor. Un gobierno que actúa con desidia, zigzagueante, a pura teoría… y mediocre. Con una Presidenta soberbia, que antepuso la sensibilidad maternal a sus deberes, lo que al final le ha costado ambas cosas. Pero insiste, porque no ha estado dispuesta a reconocer, y por ello, en vez de pedir perdón y enmendar rumbos, ha preferido llorar frente a las cámaras, pelearse con la prensa y mandar a hacer documentales sin licitación y con dineros de los contribuyentes.

Qué decir de su actitud con La Araucanía, por citar sólo un punto. Abandonada a la ley del más violento; que suma querellas que no llegan a ninguna parte, y las casas y camiones siguen ardiendo. ¿Cuántos más tienen que morir para tomar el tema en serio, y dejar de lado las declaraciones rimbombantes para la televisión?

Huérfanos hacia el otro costado. Nos jactábamos de tener una clase de grandes empresarios de nivel mundial. Y si bien hay muchos que trabajan duro por levantar al país, otros han dado un triste espectáculo y muy mal ejemplo. Duele especialmente el señor Matte; él tenía un deber con Chile, no sólo económico y de creación de trabajo. Era el baluarte del empresariado tradicional, con valores cristianos. Valores que se fueron al tacho. Puedo ser ingenua, pero aún espero que, una gran mujer, Patricia Matte, hable. Reviso los diarios todos los días con la secreta esperanza de que aparezca y ponga algo de cordura ante tan dañina colusión.

Huérfanos de espíritu. Qué manera de sembrar daño sacerdotes desviados. Cuesta ponerle nombre a tamaño abuso de poder… cuando son doctores del alma y han jugado con el cuerpo.

¿Y que hay en común en todo lo anterior? Al menos soberbia, sed de poder y sentirse intocables… y por eso la gran mayoría de este país está huérfana (las encuestas lo retratan crudamente). El problema es que estamos actuando como huérfanos paralizados, dormidos, anestesiados; tanto, que hemos perdido la capacidad de asombro. ¿Hay crítica? ¿Hay protesta? Mínima. Estamos fofos. Llenos de grasa; y por eso en vez de torcer el destino, miramos impávidos, cómo un grupo lleva a nuestro Chile al despeñadero.

¿Y qué hago yo? ¿Qué hace usted?, ¿Qué hace él, aparte de alegar y andar mal genio, mandar una carta al director o desahogarse en Twitter?… Pocazo. Chilenos, nos hemos dejado estar. Llegó el minuto de moverse. De cumplir nuestros deberes republicanos. Partiendo por algo tan simple como leer los diarios; entender cómo funciona cada institución del Estado, es decir, volver a estudiar educación cívica en la casa; conversar y discutir, en familia, lo que está ocurriendo, leer historia de Chile, y por supuesto, ir a votar a todas las elecciones. Es lo mínimo… porque no vaya a ser que quedemos huérfanos de nosotros mismos.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

FOTO:MARIO DAVILA/AGENCIAUNO