¿Es que no hay crimen en Holanda? Sí, pero cada vez menos. En parte, porque las autoridades han resuelto otras formas de penalizar a los delincuentes; en parte porque cuentan con programas de reinserción social que han sido exitosos. Ambas variables han hecho que un tercio de las cárceles holandesas hoy permanezcan vacías.
Publicado el 25.05.2018
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Un gendarme chileno se vería en aprietos si decide emigrar a Holanda. Para él no habría trabajo, ya que las cárceles allá están cerrando. Envidiable realidad. Cuando el resto del mundo no sabe qué hacer con su población penal, los Países Bajos han comenzado a “arrendar” sus cárceles a otras naciones, tales como Noruega y Bélgica.

¿Es que no hay crimen en Holanda? Sí, pero cada vez menos. En parte, porque las autoridades han resuelto otras formas de penalizar a los delincuentes; en parte porque cuentan con programas de reinserción social que han sido exitosos. Ambas variables han hecho que un tercio de las cárceles holandesas hoy permanezcan vacías. Según las estadísticas gubernamentales, el crimen ha disminuido casi en un 25%, lo que se traduce en un superávit de hasta tres mil celdas hacia 2021. Esto, proporcionalmente, significa recursos adicionales para llevar a cabo otras medidas no sólo enfocadas en los presos.

Ante esta nueva realidad, los holandeses han tenido que utilizar su creatividad reacomodando las antiguas cárceles para que no sufran el deterioro del tiempo ni signifiquen un gasto innecesario para el Estado. Desde nuevos edificios, sin altos muros ni alambres de púa, para familias de refugiados —que tienen gimnasios, jardines e instalaciones de cocina—, hasta ¡un hotel de lujo! Hay para todos los gustos.

A la vez, quienes sí permanecen tras las rejas viven su reclusión inmersos en un entorno que no sólo se preocupa por su bienestar físico, sino también por su futuro. Porque los gobiernos de Holanda, sin importar el color político, han tomado la decisión de invertir en reinserción, conscientes de que eso transforma a la sociedad.

Clases de cocina (manipulando cuchillos afilados), terapias antidrogas, asesoramiento financiero. Son algunas de las iniciativas que han resultado efectivas para los reclusos,  ayudándoles a retomar sus vidas sin volver a delinquir.

Los gobiernos de Holanda, sin importar el color político, han tomado la decisión de invertir en reinserción, conscientes de que eso transforma a la sociedad”.

Sin embargo, a 12 mil kilómetros de distancia, la triste realidad de las cárceles chilenas contrasta fuertemente con lo que sucede en Holanda. De 53 unidades penitenciarias a lo largo del país, sólo dos poseen agua caliente; 25 de ellas mantienen una sobrepoblación y, en algunos casos, los reos permanecen hasta 16 horas sin alimento.  ¿Quién podría rehabilitarse así?

Nuestro país es el primero en Latinoamérica y el segundo de la OCDE con la mayor tasa de encarcelados: 318 por cada 100 mil habitantes (en Holanda son 57 por cada 100 mil).  Del total de nuestros 43 mil presos a nivel nacional, el 92% son hombres y hay más de 2 mil extranjeros.

Sólo con este perfil ya se puede tener una idea sobre cómo canalizar los recursos de una manera más estratégica. Recursos que hoy le implican al Estado gastar más de 30 mil millones de pesos al año: $724 mil pesos mensuales por reo; recaudados por los impuestos de ciudadanos que tienen cada vez menos confianza en un sistema penal que no está cumpliendo con su propósito. El cual no es sólo aislar físicamente a los criminales, sino también ayudar a reinsertarlos y así cortar el círculo vicioso que hoy significa que uno de cada dos delincuentes vuelve a delinquir.

Por otra parte, se ha comprobado que la mejor manera de reducir los índices de delincuencia es la prevención. Desde temprano, detectando a tiempo las razones que motivan a una persona para cometer un crimen. No es misterio que esto comienza en la infancia, sobre todo, con niños vulnerables, expuestos a ambientes de pobreza, víctimas de maltrato y drogadicción.

El actual gobierno ha redirigido la mirada sobre la infancia y la importancia de canalizar más y mejores recursos para que los niños más desprotegidos, como los del Sename, tengan las mismas oportunidades que todos. Es un buen comienzo, pero que no verá sus frutos en esta administración ni en la próxima, por lo que se requiere no sólo de políticas, sino también de templanza, coraje y corazón para que existan menos incentivos para delinquir y, por otra parte, para que nuestros reclusos, al igual como sucede en Holanda, tengan una verdadera oportunidad de reinserción.

 

Paula Schmidt, periodista y licenciada en historia

@LaPolaSchmidt