En “La Historia se escribe hacia adelante”, Mauricio Rojas no se limita a contar lo ocurrido durante un gobierno, también busca respuestas a la derrota presidencial de la centro derecha en el 2013 e invita a sus entrevistados a mirar el antes y el después de esos cuatro años para un sector político que, al parecer, nunca terminó de acomodarse del todo al rol oficialista.
Publicado el 08.07.2016
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“La Historia se escribe hacia adelante” es el libro en el que Mauricio Rojas convirtió una serie de entrevistas al ex Presidente Sebastián Piñera y a otros doce protagonistas de su gobierno, a través de las cuales relatan su experiencia durante esos intensísimos cuatro años.

El libro tiene un valor más allá del obvio aporte histórico, siempre necesario para reconstruir con cierta distancia en el tiempo lo vivido durante un mandato presidencial. Tiene, para empezar, el sello particular que Rojas imprime a todos sus trabajos: agudeza, opinión, un estilo sencillo de exponer cosas complejas – talento clave en un libro de entrevistas– y un tono muy amable para hacer preguntas difíciles, ninguna de las cuales queda acá sin respuesta. Y es, a mi juicio, un libro especialmente interesante para evaluar el momento político por el que hoy atraviesa Chile.

Destaco dos marcas registradas del gobierno de Sebastián Piñera, bien expuestas en el libro por sus protagonistas y sobre las cuales Mauricio Rojas vuelve en reiteradas oportunidades. La primera es el ingreso masivo de jóvenes a la administración pública. La mayoría de ellos estaba hasta marzo de 2010 fuera de la política por distintas razones: porque nadie los había convocado; porque no veían en el mundo público oportunidad para desarrollar sus vocaciones; o porque, en el caso de haber tenido algún interés, los partidos no habían generado los espacios para incorporarlos, con elencos copados incluso con años de anticipación.

Esa irrupción masiva de los llamados “sub 40” al gobierno en el 2010, dio frutos concretos para la centro derecha, tras el primer gobierno al que accedía democráticamente en medio siglo de historia republicana. Para empezar, la incorporación de quienes ocuparon cargos relevantes a los partidos; la formación de Evópoli, que nace de la convocatoria a independientes que se incorporaron al gobierno en ese período. O la formación de centros y grupos de pensamiento a partir de marzo de 2014, que llevan adelante un incesante trabajo intelectual y político, liderado por figuras jóvenes que participaron en el gobierno de Sebastián Piñera. Me he encontrado en los últimos meses, además, con muchos de esos jóvenes preparándose para asumir un desafío electoral en las Municipales 2016, como candidatos a alcaldes o concejales, desde alguno de los cuatro partidos de Chile Vamos.

La segunda marca registrada –muy presente en las experiencias que recoge Rojas en el libro– es el altísimo estándar y la exigencia que impuso el ex Presidente Piñera a quienes formaron parte su gobierno. Para muchos esa fue una de las virtudes de esa administración –que probablemente hoy pueda apreciarse mejor que hace tres años–  y para otros, la llamada “excelencia” fue uno de los flancos que “deshumanizó” el mandato.

Creo que, lejos de la arrogancia sobre la cual se intentó caricaturizar esa inspiración exigente y aún con los errores que pudieron cometerse, el sentido de las metas y plazos concretos (números puros y duros, no “generalidades”, a las que el ex mandatario se refiere en su propia entrevista), la disciplina en el uso de recursos públicos y en el cumplimiento de los compromisos, trasciende a lo puramente práctico. Es la demostración de que para ese sector político liderado por Sebastián Piñera, sobre cuyos hombros se ponía la responsabilidad de conducir un gobierno, servir a Chile exigía, sencillamente, el mayor de los esfuerzos.

En “La Historia se escribe hacia adelante”, Mauricio Rojas no se limita a contar lo ocurrido durante un gobierno, también busca respuestas a la derrota presidencial de la centro derecha en el 2013 e invita a sus entrevistados a mirar el antes y el después de esos cuatro años para un sector político que, al parecer, nunca terminó de acomodarse del todo al rol oficialista.

Me encontré con algo muchísimo más macizo de lo que había imaginado, con historias lindas e inspiradoras, como las de Cecilia Pérez, ex Ministra Secretaria General de Gobierno, y la de Alan Wilkins, ex Seremi de Educación;  pero también con la profundidad y la autocrítica que se espera de los líderes que se toman en serio sus responsabilidades, como la extensa conversación que sostienen en el libro, con el autor, los ex ministros Cristián Larroulet y Andrés Chadwick.

Dele un vistazo, no se va a arrepentir.

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO

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