Piñera no constituye una amenaza en sí mismo, sino que ella proviene del apoyo que el ex Mandatario está consiguiendo entre los votantes. Ahí radica el problema, en el fondo antidemocrático de estas constantes acusaciones, pues revelan desesperación y una reacción histérica frente a un contendor que debería ser abordado en la contienda democrática.
Publicado el 05.03.2017
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Los progresistas que solían hablar y actuar escudados en su habitual corrección política y dentro de su zona de confort, están perdiendo su posición de comodidad, ya que Donald Trump se encargó de derrotar dicha corrección política, mientras el resto del trabajo lo hacen los hechos al hablar por sí solos. Situaciones ocurridas en el mundo y en Chile son los “botones de muestra” de esta nueva realidad y algunas noticias recientes ponen de manifiesto este fenómeno que parece desplazarse hasta nuestros confines.

Por ejemplo, en Londres, mientras miles de manifestantes salieron a las calles exigiendo a la Primera Ministra Theresa May terminar su “colusión” con el nuevo gobernante de Estados Unidos, el ex Arzobispo de Canterbury George Carey sorpresivamente intervino para pedir que se le otorgue una oportunidad a Trump y acusó a sus críticos de tener una reacción exagerada que pone en peligro la relación constructiva que se debe tener con el nuevo Presidente. Agregó, “no puedo recordar tales manifestaciones contra regímenes autocráticos terribles como Birmania, Sudán y Corea del Norte”, y dijo que muchos dictadores y tiranos le quitan a Trump al título de “peor político del mundo”. Luego disparó contra los manifestantes calificando sus ataques de “histéricos”.

En Chile también ha comenzado a cundir la sobrerreacción por parte de las autoridades contra todo quien amenace su permanencia en el poder. Hoy, los claros focos de amenaza para ellos son el ex Presidente Sebastián Piñera y la ciudadanía, cuando se expresa a través de los medios de comunicación o las redes sociales.

La reciente declaración pública del ex Presidente acusa una campaña en su contra que resulta evidente, por los motivos que él mismo explica y detalla en su comunicado. Cuando la coalición gobernante se siente amenazada, parece que todo vale. Pero sucede que Piñera no constituye una amenaza en sí mismo, sino que ella proviene del apoyo que el ex Mandatario está consiguiendo entre los votantes. Ahí radica el problema, en el fondo antidemocrático de estas constantes acusaciones, pues revelan desesperación y una reacción histérica frente a un contendor que debería ser abordado en la contienda democrática, una vez que lance su candidatura a La Moneda.

Lo mismo ocurre cuando la opinión pública manifiesta que no está de acuerdo con la Nueva Mayoría y su desacreditado gobierno: aparece la histeria ante el pánico de sufrir un perjuicio político. La izquierda está perdiendo el equilibrio y sobrerreacciona, asustando a algunos, cuando ciertas personas son citadas a declarar frente a un fiscal sólo por algo que expresaron en Twitter, pero también generando más escozor y avivando a los envalentonados. Estas reacciones rebajan a la autoridad a nivel principiante respecto de la lógica implícita con que operan las redes sociales, se los ve en una búsqueda desesperada por justificar inoperancias, e impotentes intentando defender lo indefendible.

La izquierda tuerce la lógica democrática y apunta a quienes denuncian el abandono y sufrimiento de la población, en lugar de perseguir a quienes lo provocan, porque lo cierto es que la mueve una lógica totalitaria. Allí radica la gravedad de este problema; esa es la verdadera enfermedad que estamos sufriendo.

 

Mónica Reyes, profesora y máster en Historia

 

 

FOTO: VÍCTOR PÉREZ/AGENCIAUNO