Nos tienen la agenda llena de iniciativas al estilo Macondo, y que no pasan de ser meros síntomas de este avance a cambiar el país de raíz… transformarnos en un Estado socialista versión chilensis.
Publicado el 22.09.2016
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Mucho se oye decir que la Presidenta Michelle Bachelet y su gobierno están desorientados; que perdieron el rumbo, que han hecho demasiadas reformas improvisadas, y que se vive el día.

Tuve la oportunidad de que un hombre de 97 años, al que entrevisté recientemente, me abriera los ojos bien abiertos, sobre algo que yo sólo intuía.

El dos veces ministro del ex presidente Eduardo Frei Montalva, miembro del Consejo Directivo de la Unesco y ex senador designado, William Thayer, me expresó que “lo que está pasando en Chile es un intento muy leal de la Presidenta y de su equipo de Gobierno, por pasar de un Gobierno socialista a un Estado socialista, entendiendo por socialismo un régimen económico que no admite la propiedad privada productiva”. Sin duda, el señor Thayer dio en el clavo.

Los anteriores gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet dentro de la Concertación, habían sido eso: gobiernos socialistas, pero manteniendo la estructura subsidiaria del Estado. Lo que hoy busca Bachelet y compañía es algo muy distinto y radical: una revolución que ha sido disfrazada de desorientación y falta de rumbo, pero que en el fondo está 100% planificada. ¿O usted cree que es casualidad el aumento de la dotación de trabajadores estatales? (de eso Argentina sabe); o anunciar que se quiere estatizar, bajo subterfugios ¿Inacap? ¿O la chorrera de reformas estructurales que se han realizado y anunciado?

Porque seamos honestos. La reforma tributaria no sólo buscó aumentar los impuestos, sino que debilitar a la propiedad privada. ¿Cómo? Eliminando el FUT, con lo cual se hace muy difícil que la empresa reinvierta utilidades y con ello se logra que éstas se debiliten o se vayan fuera de Chile.

¿La reforma laboral? De laboral tiene poco, es más bien una reforma sindical que termina con la libertad del trabajador, pues le sale muy inconveniente no pertenecer al sindicato único de la empresa.

Y la reforma educacional, todavía un embrollo, que sin duda afectará la calidad de ésta y que, camino mediante, ha provocado que el nivel de excelencia por protestas, paros y demases haya bajado drásticamente la calidad de establecimientos emblemáticos. ¡Bien Nicolás Eyzaguirre! Se cumplió la frase de bajar a los alumnos de los patines.

La reforma constitucional, disfrazada de ultra democrática con los famosos cabildos (a los que asistí) y de la cual no se sabe qué busca, porque aún el gobierno no ha sido claro en anunciar qué objetivos persigue. ¿Descoordinación? Claro que no. La deben tener muy estudiada y redactada, pero en estos tiempos electorales obviamente que no conviene hablar de incomodidades, como ¿desde cuándo comenzará el Estado a proteger la vida y hasta cuándo? ¿Se estatizará alguna actividad productiva? Son muchas las interrogantes.

Bachelet tiene la película muy clara, aunque tenga un 15% de respaldo. Y si bien la cifra no es alentadora, no importa. Con un mínimo apoyo está transformando Chile a su pinta, un Estado socialista, no el de los modernos que han dado resultado en algunos países desarrollados, sino que uno setentero, trasnochado y que sabemos termina fracasando. ¡Si la Presidenta lo ha dicho claro!: expresó que su deseo es entregar la banda a quien “crea que los cambios son necesarios” y negó –tajante- cualquier cambio de rumbo. (Que aumente la cesantía y baje la productividad, por ejemplo, parece no importar).

Y por mientras se produce esta revolución subterránea, hay que mantener ocupada la mente del ciudadano de a pie (o sea nosotros): avancemos en legalizar la marihuana; en suprimir la filosofía de la malla curricular (aunque se compliquen explicando que no es lo que se quiso anunciar); o busquemos eliminar el rodeo, porque los animales tendrían el mismo status del ser humano, y ojo, “hagamos crema con los fetos”, como bien dijo el vocero del Movimiento de Liberación Homosexual, Rolando Jiménez. Todo lo anterior es muy conveniente. Nos tienen la agenda llena de iniciativas al estilo Macondo, y que no pasan de ser meros síntomas de este avance a cambiar el país de raíz… transformarnos en un Estado socialista versión chilensis.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.