Sebastián Piñera ya demostró que puede sacar un país de una crisis y llevarlo a crecimientos que garanticen recursos para programas sociales y empleos para miles de chilenos que los perdieron en estos últimos cuatro años.
Publicado el 21.12.2017
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Gran jornada democrática se vivió el reciente fin de semana en nuestro país. La democracia en pleno estuvo a disposición de los chilenos, aunque en las semanas previas hubo ataques de todo tipo al ahora Presidente electo Sebastián Piñera.

Sin ir más lejos, la campaña “todos contra Piñera” tuvo su peor expresión en que por primera vez las propuestas de futuro para los chilenos —al menos desde el oficialismo— no tenían protagonismo y todo giraba en atacarlo a él.

La respuesta de la ciudadanía fue contundente, con 9% de diferencia entre el ex Presidente y Alejandro Guillier, por lo que la estrategia falló completamente. Pero no sólo eso, ya que además la post verdad que quiere instalar el oficialismo, incluido el Frente Amplio que apoyó a Guillier —la idea de que Piñera ganó porque incluyó parte de sus propuestas en la segunda vuelta—, no es más que otra forma de colocar la carreta delante de los bueyes, ya que si bien es cierto el candidato de Chile Vamos agregó nuevos ejes en su campaña de balotaje, la gente no le creyó a la izquierda y si le dio su confianza a Piñera apoyándolo de forma contundente y definitiva.

Esto es mucho más que un triunfo de la derecha, porque es la votación más alta que ha logrado un candidato desde 1993 (voto obligatorio), cuando Eduardo Frei alcanzó 4.040.497 millones (58%), y es el candidato con mayor votación en la historia del voto voluntario. Esto es mucho más que una movilización del votante de derecha, ya que al igual que la vez anterior, no creo que estos 3.795.896 de votos (54,6%) alcanzados por Piñera sean de derecha, como caricaturescamente han tratado de instalar la izquierda y el oficialismo.

Hay algo más profundo y tiene que ver con la poca credibilidad que instaló este gobierno —el peor desde el retorno a la democracia— en las reformas radicales mal hechas y los malos resultados en empleo y crecimiento económico. El país dijo NO a las reformas radicales.

En mi opinión, lo que dijo Chile fue “queremos transformaciones que nos mejoren la vida, pero no queremos cambiarlo todo a fojas cero”. Cuando asumió el segundo gobierno de Bachelet, las autoridades entrantes dijeron que tenían todo el respaldo del país para llevar adelante las transformaciones que hicieron, lo que según la misma lógica hoy se podría revertir sin problemas, considerando que Sebastián Piñera sacó muchos más votos que Bachelet.

En fin, no tengo dudas de que llegaron los Tiempos Mejores, en parte porque la vara es baja y, por otro lado, porque el Presidente Piñera ya demostró que puede sacar un país de una crisis y llevarlo a crecimientos que garanticen recursos para programas sociales y empleos para miles de chilenos que los perdieron en estos últimos cuatro años.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO