Aunque exista gratuidad o un buen sistema de becas en la educación superior, los más pobres no alcanzan a llegar a ella, simplemente por la mala calidad de la educación básica y media. Todos queremos “hacernos la América”, lo que debe concentrarnos en aquellos que se están quedando atrás, de manera tal que la deseada movilidad social sea una realidad.
Publicado el 19.06.2018
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Hace cerca de 100 años atrás, se produjo una gran oleada de inmigrantes provenientes de Europa hacia América, arribando tanto en el puerto en Nueva York como en Buenos Aires. Todos ellos buscando “hacerse la América”, es decir buscando riqueza y seguridad que ya no tenían posibilidad de obtener en Europa. Es interesante, entonces, analizar lo que ocurrió finalmente y surgen numerosas historias de inmigrantes que llegaron a Chile sin dinero, sin contactos, sin hablar el idioma y que al cabo de 3 ó 4 generaciones están incluidos entre las familias de mayor fortuna.

De igual manera, dicha movilidad social es necesario analizarla al interior de cada país y poder obtener conclusiones relevantes de política pública. Esto hace válido el estudio de la OECD, donde se calcula cuántas generaciones son necesarias para que una familia que se encuentra entre las más pobres puedan llegar, sus descendientes, a la clase media. En el promedio de la OECD son necesarias 4,5 generaciones para lograrlo, siendo Dinamarca el país más destacado con sólo dos. En el otro extremo está Colombia, donde se requieren 11 generaciones para lograr llegar a la clase media. En Chile, según el estudio, son requeridas 6 generaciones, al igual que en Francia, Alemania y Argentina.

La recompensa por lograr estudiar implica multiplicar por 4 el salario y de allí la sustancial demanda por educación superior que hemos observado en las últimas décadas.

Uno de los factores destacados para progresar es la educación y al respecto el estudio concluye que el 40% de los niños que tuvieron padres con baja escolaridad sólo llegan a cursar la enseñanza media, y que sólo el 10% de esos niños llega a educación superior. En cambio, el 30% de los niños que tiene padres con mayor educación logran acceder a un grado universitario. La encuesta Casen 2015, por su parte, nos muestra que si una persona llega a cuarto medio obtendrá un salario promedio de $347 mil mensuales, mientras que si logra tener educación superior dicho sueldo será de $1,5 millones aproximadamente. Es decir, la recompensa por lograr estudiar implica multiplicar por 4 el salario y de allí la sustancial demanda por educación superior que hemos observado en las últimas décadas.

La ampliación de la cobertura en la educación superior en Chile está generando un cambio estructural en esta materia, y ya el Presidente Frei lo señalaba a fines de la década pasada, indicando que el 70% de los jóvenes que estaban en la educación superior eran primera generación de su familia que lograba llegar a dicho nivel. Esto hace que probablemente la siguiente vez que este índice sea medido deberíamos observar una reducción del tiempo requerido en nuestro país.

En la medida que los malos profesores se concentren en colegios donde van niños pobres, estamos reduciendo sustancialmente la posibilidad de que ellos, los niños, puedan ascender a través del acceso a la educación superior.

Ahora bien, la evaluación docente realizada en 2015 nos mostró que el 18,1% de los profesores evaluados tuvieron un desempeño básico o insuficiente, siendo probable que la mayor parte de ellos se concentre en colegios donde asisten niños pobres. Es más, como consecuencia del proceso de evaluación y posterior seguimiento, se determinón que deben abandonar la dotación por desempeño 172 docentes, un 1,24% de la cohorte evaluada. Esto nos indica que en la medida que los malos profesores se concentren en colegios donde van niños pobres estamos reduciendo sustancialmente la posibilidad de que ellos, los niños, puedan ascender a través del acceso a la educación superior.

De esta manera, aunque exista gratuidad o un buen sistema de becas en la educación superior, los más pobres no alcanzan llegar a ella, simplemente por la mala calidad de la educación básica y media. Al respecto basta señalar que, en la prueba de matemáticas, por cada seis respuestas correctas de un alumno de colegio particular, hay sólo una de un estudiante de establecimiento municipal.

Todos queremos “hacernos la América”, lo que debe concentrarnos en aquellos que se están quedando atrás, de manera tal que la deseada movilidad social sea una realidad.

Tomas Flores, académico Universidad Mayor

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL /AGENCIA UNO