Algunos analistas sostienen la tesis de que es bueno que el precandidato no tenga contenido y que se mantenga en la ambigüedad, porque de esta forma cada persona puede en su imaginario agregarle el contenido que le guste. La idea central sería que si Guillier expresara claramente sus convicciones, entonces podría desencantar a unos u otros. Él mismo lo reconoció, al declarar: "Cuando tenga las ideas y tenga el programa vendrá el despegue".
Publicado el 12.04.2017
Comparte:

El pasado domingo el diputado Osvaldo Andrade no había alcanzado a procesar el significado de la estrepitosa derrota que sufrió su candidato Ricardo Lagos en la interna del PS cuando declaró: “Ahora hay que dotar a Guillier de contenidos”.

De inmediato me imaginé a un monito de ventrílocuo. La declaración de Andrade admite muchas interpretaciones. Todas ellas de carácter peyorativo sobre quien pretende conducir el destino de nuestro país. Son sus aliados políticos, y no la centroderecha, los que han alertado a la opinión pública de que Guillier es un embalaje vacío de contenido.

Algunos analistas sostienen la tesis de que es bueno que no tenga contenido y que se mantenga en la ambigüedad, porque de esta forma cada persona puede en su imaginario agregarle el contenido que le guste. La idea central sería que si Guillier expresara claramente sus convicciones, entonces podría desencantar a unos u otros. Él mismo lo reconoció, al declarar: “Cuando tenga las ideas y tenga el programa vendrá el despegue”. Pero como no sabía aún qué partidos relevantes lo apoyarían, entonces él estaba huérfano de ideas y de contenido.

A partir de la declaración de Osvaldo Andrade surge la pregunta: ¿Quiénes serán los que definirán qué debe decir Guillier?

El senador también será proclamado por el PC, según lo ha deslizado Guillermo Teillier, presidente de ese partido. Con lo cual solo resta esperar la definición del PPD, que se ha quedado momentáneamente sin candidato. Es altamente improbable que el PPD se arriesgue a una aventura con la DC, por lo que el partido que controla Guido Girardi también se unirá a Guillier.

La DC ha quedado huérfana. No le conviene ir a primarias en un escenario en que todos estarán contra ella. Su candidata, al igual que Lagos, no ha prendido en las encuestas. A Carolina Goic le queda poco tiempo para demostrar apoyo popular, de lo contrario sufrirá la misma suerte que Lagos, pero ahora de parte de su propia bancada parlamentaria, la que en un muy corto plazo estará desesperada por adherir a un candidato que les permita asegurar el éxito en la reelección al Congreso.

Debido a lo anterior, muy pronto veremos a muchos parlamentarios DC colgados como puedan en la micro de Guillier, volviendo a subirse por la puerta de atrás en un proyecto duro de izquierda donde terminarán nuevamente siendo el arroz graneado de dicha coalición.

Pero no nos equivoquemos, el PS desechó a Lagos no solo por pragmatismo, dado su bajo apoyo popular. Lo hizo también porque Guillier será más útil para representar a la izquierda en su pretensión de continuar destruyendo los cimientos del modelo neoliberal.

El ex ministro de Justicia, Carlos Maldonado, parafraseando a Sigmund Freud, hace una declaración muy fuerte: “Llega un momento en que para seguir creciendo es necesario matar al padre”. Y eso es lo que acaban de hacer. El padre ha sido sacrificado. La justificación para “matar al padre” es que se trata de un acto necesario para renovarse, para alejarse de la sombra que Lagos proyecta y que, según Maldonado, limita la profundización del proyecto que ellos desean para Chile.

En consecuencia, a Ricardo Lagos se le rechazó no solo por su bajo rendimiento en las encuestas, sino además por haber sido un líder de la transición democrática no revolucionaria. Al ex Presidente la izquierda no le perdonó haber profundizado el modelo neoliberal. En este contexto, no les era funcional para destruir las fundaciones de nuestra sociedad. Él no calificó como el nuevo conductor de la retroexcavadora.

Lagos no dio el ancho para la izquierda chilena. Para ellos, él representa un regreso a la Concertación, a la moderación y al diálogo. Él cargaba con el pecado de haber reformado la Constitución, en lugar de haberla demolido; de haber propiciado la complementariedad público privada y no la estatización de nuestras libertades; de haber sido cercano y no enemigo  del empresariado; de haber intentado un Gobierno socialdemócrata a la europea en vez de un proyecto reformista y revolucionario a lo Chávez.

Durante las próximas semanas veremos a los partidos de la izquierda presentar sus proyectos programáticos y a Guillier, cual monito de ventrílocuo, repitiendo las nuevas consignas que le serán administradas.

 

Gonzalo de la Carrera Correa, ingeniero comercial UC

@carreragonzalo

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO