No tiene sentido financiar con subsidios a todos los que mañana -una vez titulados o incluso sin hacerlo- tendrán una renta superior a los desafortunados que no pudieron ingresar a la universidad o a un IP o CFT.
Publicado el 07.01.2016
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¿Gratis es de verdad gratis?… En realidad nunca existen las cosas gratis. Cuando nos regalan un artículo adosado a otro con una etiqueta amarilla que dice en forma destacada “producto gratis”, jamás lo es. O paga el cliente en el precio del producto atado o lo paga el dueño con sus utilidades.

Pero ¿qué pasa cuando dicen “el Estado me da gratis educación”? Tampoco es gratis, dado que lo único que ocurre es que quien recibe el bien o el servicio no paga, pero es financiado por los impuestos y por lo tanto lo pagan todos los chilenos, ricos y pobres. Es solo un subsidio.

Esto significa que hay una diferencia entre que un bien sea privado o público. Los primeros son aquellos que cumplen con dos condiciones: rivalidad y exclusión en su consumo. Rivalidad significa que cuando alguien lo consume, ese mismo bien no está disponible para que lo consuma otro; exclusión es que para consumir ese bien se debe hacer un pago explícito por él. En esta categoría está por ejemplo una botella de bebida en la góndola de un supermercado, ya que si alguien la pone en su carro, esa botella ya no está disponible para otro consumidor. Puede haber otras botellas iguales, pero esa que está en el carro ya no está disponible (rivalidad) y además hay que pagarla en la caja (exclusión).

Los segundos, bienes públicos, son aquellos donde no hay ni exclusión ni rivalidad en su consumo. O sea no se paga explícitamente por ellos y su consumo no quita que el mismo bien esté disponible para otros. En esta categoría está por ejemplo el alumbrado público, ya que si alguien se pone bajo una luminaria para ver la hora, no evita que otro se pare al lado y vea la hora al mismo tiempo usando la misma luz. Por otro lado, no hay un pago explícito por usar la luz de un poste en la calle.

Dicho esto, ¿en qué categoría está entonces la educación? Acá se abre una discusión que es más bien ideológica. Por lo demás, es un error decir que la educación es un bien de consumo. En realidad, cuando alguien se educa “gratuitamente”, como se está discutiendo hoy sobre la educación superior, en realidad sólo se está subsidiando un bien privado, ya que por una parte hay rivalidad y además exclusión. Lo primero se produce porque los cupos son limitados y donde ingresa un alumno deja fuera a otro y además existe un precio explícito (independiente de quién lo pague) en cada carrera.

En mi opinión, esto significa que la discusión sobre la gratuidad de la educación superior es más bien ideológica, debido a que por rivalidad sólo unos pocos acceden a ese sistema educacional, fundamentalmente porque no hay espacio en las salas de clases para todos los que quieren estudiar una carrera.

No tengo problemas con que la discusión sea ideológica, pero ¿tiene algún sentido financiar con subsidios a todos los que mañana -una vez titulados o incluso sin hacerlo- tendrán una renta superior a los desafortunados que no pudieron por rivalidad ingresar a la universidad o un IP o CFT? En mi opinión, no.

Yo estudié con crédito fiscal y siempre me pareció razonable que si iba a lograr graduarme de una carrera y tener un ingreso superior al de mis compañeros de colegio que no lo hicieron, me prestaran los recursos para estudiar, ya que de lo contrario (gratuidad) mis compañeros que no ingresaron a la universidad terminarían financiando con sus impuestos mi mejor vivir en el futuro. Sí… los que no ingresaron pagan impuestos que en alguna proporción terminan financiando un sistema “gratuito” de educación superior, porque no olvidemos que todos pagan impuestos. Una persona que tiene ingresos mensuales por 600 mil pesos paga en impuestos (directos e indirectos) cerca del 21% de lo que recibe mensualmente, mientras que uno que recibe 6.000.000 millones paga en impuestos cerca del 38% de sus ingresos. Por lo tanto, cual más o cual menos, todos pagan impuestos que financian todo lo que gasta el Estado, todo absolutamente todo, incluida la educación.

Por lo tanto, ¿gratis es de verdad gratis? En mi opinión, no.

 

William Díaz R., economista y director ejecutivo Experior Consultores.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO