El episodio de La Araucanía desnudó un problema del que la DC se tiene que hacer cargo y que se hizo público de una manera brutal: hoy son un partido que tiene cargos en el gobierno, pero no gobierna. En ese sentido, me parece que la decisión del Ministro Burgos de permanecer en el gabinete es correcta, pero no porque se haya resuelto el impasse, sino al contrario, porque este es tan profundo que lo que está en juego es el destino de su partido en el nuevo ciclo político del país.
Publicado el 03.01.2016
Comparte:

Un profesor de Derecho solía decirme que hay dos Europas: “la que tuvo edad media y la que no la tuvo”. Estos días he recordado aquella frase, porque creo que, en cierto sentido, se aplica a la democracia cristiana; hay dos DC: la que fue opositora a Allende y la que no lo fue. Obviamente la diferencia es generacional, hay un grupo de dirigentes que alcanzaron a ser parte de la CODE y que, con más o menos entusiasmo, celebraron la caída de la Unidad Popular. Otros, en cambio, llegaron a la política en la oposición a Pinochet, su vocación pública se forjó en la Alianza Democrática, el Grupo de los 24, las universidades con rectores delegados.

Para los primeros, la pertenencia a un pacto con la izquierda es visto con más perspectiva, es una etapa más en la historia de la Falange; para los segundos, en cambio, implica un sentido de pertenencia, es su mundo natural. La política, es el espacio que se comparte con la izquierda y se disputa con la derecha, cualquier otra cosa es muy difícil de imaginar.

Hay otro elemento insoslayable al analizar la situación de la DC, se trata de un partido con ADN de centroizquierda, por eso la Concertación fue un pacto tan cómodo para sus dirigentes y militantes, pues se dio allí una coalición con tal grado de afinidad que incluso se generaron vasos comunicantes que llevaron a dirigentes PS y/o PPD a apoyar proyectos presidenciales DC. El polo social cristiano fue parte real de eso que algunos peyorativamente han llamado el “partido transversal”.

La renovación de la izquierda hizo posible un eje social demócrata/social cristiano que lideró y condujo la Concertación. Era el mundo perfecto, los buenos tiempos en que este acuerdo lideraba Chile, derrotando a la derecha por un lado y conteniendo a la izquierda socialista por el otro.

Sin embargo, este equilibrio es consustancial a la transición, sólo se explica y sostiene por los factores derivados del proceso de normalización democrática, en el contexto de máxima debilidad de la izquierda que se vivió en el mundo en la década de los 90 del siglo pasado. El país quería estabilidad, moderación, superar las violentas divisiones del pasado reciente, todo eso se traducía en apoyo a las opciones de centro y un proceso político que diera garantías a las FFAA, de manera que volvieran definitivamente a los cuarteles.

El triunfo de Sebastián Piñera, primero, y luego el cambio en la correlación de fuerzas en la oposición al primer gobierno de centroderecha, que derivó en el nacimiento de la Nueva Mayoría, marcan el cierre de este ciclo. Ya no existen las condiciones que dieron forma a la Concertación. El pacto actual, su programa de gobierno y su liderazgo llevan a la DC a una cancha completamente distinta. Hoy es y se ve como pollo en corral ajeno.

El problema del Ministro Burgos no es que lo hayan dejado abajo del viaje a La Araucanía, ni que le hayan ocultado los preparativos del mismo. Si todo se redujera a eso estaríamos hablando de torpeza, pero en realidad estamos hablando de algo mucho más profundo: está fuera del proceso de nueva constitución, de la reforma laboral, de la reforma a la educación y ahora del conflicto mapuche. Pero el problema tampoco termina ahí, la pregunta de fondo es ¿por qué lo dejan fuera? ¿por desacuerdos personales de la Presidenta con él? Tampoco, porque hasta eso sería salvable. Está fuera porque todas esas reformas contienen aspectos centrales respecto de los cuales el Ministro Burgos y la DC tienen diferencias de fondo.

El episodio de La Araucanía desnudó un problema del que la DC se tiene que hacer cargo y que se hizo público de una manera brutal: hoy son un partido que tiene cargos en el gobierno, pero no gobierna. En ese sentido, me parece que la decisión del Ministro Burgos de permanecer en el gabinete es correcta, pero no porque se haya resuelto el impasse, sino al contrario, porque este es tan profundo que lo que está en juego es el destino de su partido en el nuevo ciclo político del país.

Después del episodio de la semana pasada ¿van a entrar el Ministro Burgos y la DC al gobierno real? No, porque la Presidenta no va a cambiar el rumbo de sus reformas, ni la impronta de su gobierno, por lo que el destino del Ministro Burgos está sellado, es cuestión de tiempo o de dignidad. Entonces ¿qué va a hacer su partido? En realidad, nada. Mi impresión es que la DC no tiene un electorado que vaya a seguirla en una aventura hacia otros puntos del espectro político y sus dirigentes tampoco actuarían cohesionados en un giro de ese tipo. A estas alturas, la DC ni siquiera tiene margen de maniobra en la negociación para la lista de Concejales con el PS.

Y, entonces, la pregunta: ¿quo vadis DC? Bueno, en cierto modo ya la respondió Ignacio Walker: hacia un poco más de ninguneo.

 

Gonzalo Cordero, Foro Líbero.

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Gonzalo Cordero