Si de verdad el Partido Comunista considera golpistas y corruptos a sus “socios”, es difícil entender que se rebajen moralmente a estar en una coalición con ellos y ofrecer a los chilenos una sola propuesta de futuro.
Publicado el 27.01.2016
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Una importante polémica se ha desarrollado esta semana con declaraciones cruzadas entre representantes del Partido Comunista y de la Democracia Cristiana. Todo partió con un fuego cruzado a raíz del apoyo de parlamentarios DC a la ley de pesca y concluyó con una distendida reunión entre Jorge Pizarro y Guillermo Teillier, con abrazos y sonrisas incluidas. Entre medio, mucha animadversión y críticas lapidarias.

Sin perjuicio del feliz término del enfrentamiento, lo sucedido esta semana permite analizar a la coalición de izquierda y comprender su aproximación a lucha por obtener, y sobre todo por mantener, el poder.

En primer lugar, da cuenta que existe una visión de país distinta entre miembros de una misma coalición, tanto respecto al pasado como su presente y futuro. Esto no necesariamente representa un problema, incluso puede ser valioso tanto en términos políticos como electorales, ampliando su espectro social y político y contribuyendo a la generación de consensos y a la estabilidad del país. Esto claramente sería un aporte para cualquier nación.

Sin embargo, lo que presenta un problema es que su unidad no se funde en ciertos consensos mínimos, sino simplemente en una mera alianza por el poder, como manifiestan algunos representantes de la coalición gobernante. Las fuertes declaraciones que hemos visto en los últimos días no son parte de exabruptos circunstanciales, sino que reflejan visiones profundas y muchas veces antagónicas entre ambos partidos. No por nada, en gran parte del mundo, la DC forma parte de coaliciones contrarias a las alternativas socialistas y ciertamente a las comunistas, como es el caso de Alemania o España, países donde, por el contrario, se encuentran unidos a la centroderecha.

La historia en Chile no es la excepción. Cuando el presidente del PC Guillermo Teillier trata a los miembros de la DC de “golpistas”, quizás lo hace recordando la entrevista de Patricio Aylwin al The Washington Post en 1973, en la que sostenía que si le dieran a elegir entre una “dictadura marxista” o una “dictadura de nuestros militares”, él elegiría la segunda. O quizás se refiere a la famosa carta del ex Presidente Eduardo Frei Montalva a Mariano Rumor, el presidente mundial de la Democracia Cristiana, en la que explica el fracaso del gobierno de la Unidad Popular -como único culpable del quiebre- y justifica la intervención militar del 11 de septiembre.

Incluso hoy, cada vez que el Partido Comunista celebra la dictadura en Cuba o el régimen norcoreano, por mencionar dos ejemplos, la Democracia Cristiana defiende medidas en favor de la democracia en la isla o condena directamente el régimen de Kim Jong-un, así como pide respeto a los derechos humanos violados en esos países.

En segundo lugar, estas contradicciones se han visto agravadas por la ausencia de un liderazgo claro en su coalición. En campaña no resultaba difícil aunar sus esfuerzos bajo la figura de Michelle Bachelet, quien en ese tiempo gozaba de una amplia popularidad y que tenía las llaves para volver a La Moneda. Hoy, en cambio, con un transversal rechazo político y social, la Presidenta carece del liderazgo suficiente para poner orden en el oficialismo, limitándose a tomar palco en esta batalla.

Si de verdad el Partido Comunista considera golpistas y corruptos a sus “socios”, es difícil entender que se rebajen moralmente a estar en una coalición con ellos y ofrecer a los chilenos una sola propuesta de futuro. Por otro lado, la Democracia Cristiana –si bien es uno de los principales partidos de su conglomerado- da la impresión que carece del orgullo y de la valentía necesaria para hacer respetar su historia y sus posiciones. Lamentable para la política y para el país.

 

Julio Isamit, Coordinador General Republicanos.

 

 

FOTO: JORGE FUICA/AGENCIAUNO

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