Las encuestas en cambio deben siempre ser objeto de análisis de verdaderos estudiosos de la política e instituciones a fines, y no ser utilizadas como una brújula que determine lo bueno y lo malo de quien gobierna.
Publicado el 14.02.2015
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Es una verdadera tradición para los medios de comunicación y para la política chilena, tanto en el Gobierno como en la oposición, poner mucha atención a lo que centros de estudios y agencias dedicadas a estadísticas tienen que decir en base a un ámbito de extrema superficialidad: el de las encuestas. Algo que provoca cierto impacto, al nivel que radios y canales de televisión nacionales (públicos y privados) suelen detener su programación de medio día para anunciar como noticia de último minuto los resultados de alguna encuesta a la “opinión pública”.

Por el impacto de los curiosos empedernidos, pareciese que el destino de Chile pendiera del hilo de un casi “sacrosanto” conjunto de gráficos y datos periódicos, porque luego de ser entregados, se configuran las más insólitas conjeturas acerca de las próximas candidaturas presidenciales, o bien se inicia la construcción de la imagen de las personas con mayor futuro político, considerando otras temáticas importantes del país.

Se estructura así una sutil propaganda continua de campañas políticas informales por los partidos, sin siquiera haber transcurrido un año del recién asumido gobierno. Pero también los elogios y ataques verbales de todos los sectores son costumbre en este juego. Elogios para sí mismos, si es que los porcentajes son favorables, y ataques para el adversario político cuya imagen es negativa ante la percepción de un grupúsculo.

Un flashback práctico de los resultados de la encuesta Adimark (GFK) del pasado martes, en que la administración Bachelet subió de 40% a 44% de aprobación, ayuda a complementar las líneas anteriores con los comentarios de “festejo del reapunte” declarados por el líder del partido socialista, de creer que “el Gobierno va en la ruta correcta” según el ministro del Interior o de las caras de satisfacción en el gobierno (convencidos de que el público está convencido de esa fantasía).

Son interesantes los escenarios ficticios que pueden surgir por la forma en cómo un grupo de estadísticas puede cambiar el panorama de debate público en las redes sociales, en los medios, y aún más impresionante, en los órganos del Estado en sólo cuestión de horas producto de lo que un diminuto grupo de la sociedad opina (me atrevería a decir que todo el tiempo…) caprichosamente de ciertas situaciones, de personas y del futuro del poder político. Una verdadera sugestión colectiva de la política. Entonces nos cuestionamos qué viene después: ¿simples opiniones determinan lo que se hablará durante unos días o semanas?… pues sí, el juicio arbitrario formado por un porcentaje reducido de individuos que, por azar del destino, han contestado un listado de preguntas predeterminadas en “aprueba”; “desaprueba”; “no sabe, no responde”; “no aprueba ni desaprueba” habilita a la vanidad de la política vigente para dar entregar un mensaje (siempre sin ideas ni convicciones). Considerando 1432 “personas” en la última encuesta CEP (entre fines de Octubre y fines de Noviembre de 2014) y 1004 “casos” encuestados en Adimark.

La vergonzosa transformación del quehacer político en estos tiempos, está basado en el “pulsómetro”, que dictamina qué es bueno o malo según el juicio de unos pocos, sin certeza de tener bases de lo que ha ocurrido en Chile en los últimos meses. Algo que se extiende también al sector que no está en el poder, pero que aspiran a tenerlo: la oposición. Entonces, es la coyuntura temporal la que manda, que se aparta de la virtud de gobernar.

Es incomprensible cómo barras coloreadas y porcentajes destinados a ser estudiados por la politología o otras ciencias, puede transformarse en la estrella guía de la administración de turno y de la oposición fiscalizadora (incluyendo grupos o asociaciones políticas no afines a sus ideas). Todo esto puede explicar un factor de la descomposición de la importancia de las ideas en la política. Además, de cómo las elites reniegan su profundización para mantener intacta la lucha por los retratos ficticios del poder.

Sin embargo, no es culpa de las encuestas ni de quienes encuesten debido a que su trabajo es contrastar una parte de la coyuntura con la realidad objetiva; que por lo demás, es un trabajo bien realizado en razón de que gran parte de los estudios han sido acertados en comparación con resultados electorales posteriores. El Centro de Estudios Públicos tiene una destacada trayectoria analítica de las ideas de libertad, de política y economía nacional, agregando otra estrella por el meritorio reconocimiento público de entregar certeza electoral futura. Adimark (afiliado al grupo alemán GFK) tiene una misión similar que se centra en estudiar información sobre la competitividad empresarial y “la opinión pública”, punto en que tiene lugar la certeza electoral, como institución que también tiene credibilidad por aproximarse a la realidad electoral.

En consecuencia, quien tiene puesta sus convicciones sobre una encuesta para gobernar o para llegar al poder, está sometiéndose a la vanidosa percepción fría, tibia o cálida de unas pocas personas. Un maquillaje de necesidad, pero en verdad es el querer a causa de un apetito momentáneo, pero que no necesitan para alcanzar una calidad de vida adecuada. Las encuestas en cambio deben siempre ser objeto de análisis de verdaderos estudiosos de la política e instituciones a fines, y no ser utilizadas como una brújula que determine lo bueno y lo malo de quien gobierna. Son al final las ideas y la lógica, en el debate, siendo la dignidad de la persona humana, su individualidad, su libertad y responsabilidad los elementos fundamentales en discusión, que a la sociedad y a los órganos públicos debieren realmente ser de importancia para construir el camino correcto de un buen gobierno. Así, en las profundas palabras de Walt Whitman, poeta norteamericano, ayudan a ilustrar una gran verdad, acerca de que “… el mejor gobierno es el que deja a la gente más tiempo en paz”. Y sería ideal tener la concepción de Withman como la brújula del buen gobernar en el largo camino de nuestras vidas.

Sebastián Espíndola, Investigador Ciudadano Austral.

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/ AGENCIAUNO