Mientras en la gira a Alemania y España la comitiva de La Moneda lanzaba frases tipo “Chile es un país serio”, poco se mencionaba que acá se avanzaba en el texto final de la reforma laboral que se presentará en las próximas semanas al Congreso.
Publicado el 03.11.2014
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La Presidenta Bachelet viene llegando de una gira a Alemania y España. Mientras allá la comitiva de La Moneda lanzaba frases tipo “Chile es un país serio”, poco se mencionaba en público a los anfitriones que acá se avanzaba en el texto final de la reforma laboral que se presentará en las próximas semanas al Congreso. De sus contenidos hay algunos titulares, pero aún no detalles.

Lo que llama la atención es que justamente los países que eligió en este viaje podrían dar buenas luces sobre lo que hay o no que hacer en materia laboral. No se le escuchó a la Presidenta ni a sus ministros mencionar que era clave evitar los excesos de rigideces y privilegios laborales que han tenido a España aún con cifras de “paro”, como dicen ellos, de dos dígitos por largo tiempo. Mientras la Presidenta estaba allá, expertos españoles calcularon que, al ritmo que va la economía, tardarán ¡15 años! en recuperar los puestos de trabajo perdidos por la crisis. La polémica reforma laboral del 2012, que nació en el angustioso escenario de cinco millones de desempleados fue un avance, pero no logró desarmar el nudo de normas y costos que venía acarreando el mercado laboral español por décadas. La dificultad social (y por lo tanto política) de reducir beneficios ya adquiridos que han vivido los españoles, debería ser mirada con atención por La Moneda antes de embarcarse en una nueva legislación laboral.

La pasada por Alemania tampoco pareció poner en la agenda una serie de medidas laborales innovadoras que este país ha implementado y que le permitió naufragar relativamente bien en términos de empleo cuando todo el bloque europeo estuvo recientemente en crisis. Hace más de una década se tomó conciencia de los efectos que significaba la mayor competencia externa para ese país, que era el mayor exportador del mundo, y la pérdida de competitividad que estaba registrando la industria alemana. Nacieron entonces los llamados “mini jobs” que consistían en una regulación laboral paralela menos rígida que la vigente, con el objetivo de incentivar la contratación de jóvenes y mujeres principalmente. Chile, cuyos índices de desempleo juvenil han llegado a triplicar el promedio, podría considerar este camino.

Durante la gira, la Presidenta se excusó sobre las inquietudes que produce Chile, diciendo que estaba siendo víctima de una campaña del terror. Lo que es realmente de miedo es que en vez de mirar los aciertos y desaciertos de los países europeos recién visitados, se deje presionar a la CUT, que este fin de semana cuestionó la “voluntad política” del Gobierno en esta materia al llamar a dar explicaciones a los ministerios de Trabajo y Hacienda.

Se valoran todos los intentos de la Ministra Blanco por suavizar, al menos, el tono, pero todo indica que es una reforma laboral que no apunta a la creación de empleo ni a la inclusión de mujeres y jóvenes al mercado laboral, sino que más bien de protección a los que se encuentran en él: se ha mencionado el fortalecimiento de la negociación colectiva, mayor poder para los sindicatos, titularidad sindical, fin a grupos negociadores y término al reemplazo de trabajadores en huelga. Tampoco se ve así en el panorama ni la adaptación del trabajo al proyecto de vida de las personas y la capacitación para los vulnerables, sino que más bien parece saldar una deuda electoral con ciertos sectores que se arrogan la representación de los trabajadores.

 

Marily Lüders, Foro Líbero.

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO.