En un escenario de constante intervencionismo propiciado desde gobiernos anteriores, e intensificado mediante la ideología estatólatra del programa de la Nueva Mayoría, vemos cómo ha habido una derrota ideológica por parte de los sectores que alguna vez se esmeraron por la austeridad y la disminución del tamaño del Estado.
Publicado el 09.10.2016
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Bajo los primeros atisbos primaverales comienza la álgida discusión presupuestaria, donde el gobierno utiliza todo tipo de tejemanejes y estrategias para lograr los aumentos del presupuesto nacional necesarios -con el dinero de todos los chilenos- para cumplir sus promesas atrasadas o del próximo año. Por un lado, ya no es novedad que los dogmáticos enarbolen sus banderas consensuadas para buscar aumentos con la justificación de dinamizar la economía.

Este argumento de mayor inyección en gasto público es totalmente contrario a lo que ha mostrado la experiencia económica a lo largo del tiempo. Para mejorar la calidad de vida, aumentar las dinámicas competitivas, empleo y mejorar los salarios necesariamente se debe incentivar el aumento de capital por parte de los inversionistas, y eso no se logra con intervencionismo, sino con libertad para emprender. Tal como señaló el economista austriaco Ludwig von Mises: “Lo que falta en los países desarrollados, es solamente una cosa, capital, y, por supuesto, la libertad para utilizarlo como lo exija la disciplina del mercado, y no como lo exija la disciplina de los gobiernos. Estas naciones deben promover la acumulación de capital interior y hacer posible que los capitales extranjeros lleguen a ellas”.

Cuando “lo público” es contrario al sentido común, aparece la estrategia de la violencia sindical donde los grupos de interés presionan para aumentar artificialmente el nivel de los salarios sin considerar los momentos cíclicos ni el contexto económico. Convengamos que un grupo de presión es aquel que desea obtención de privilegios especiales a expensas del resto de los ciudadanos, algo tan común y lamentable en tiempos actuales. Basta con recordar que entre 2012-2013 Brasil definió aumentar el gasto con el objetivo de reactivar la economía y el resultado fue un aumento de la inflación que luego derivó en una profunda recesión.

El ranking de competitividad 2016-2017 elaborado por el World Economic Forum hizo avanzar a Chile desde el lugar 35 al lugar 33. Sin embargo, estamos lejos del lugar 22 que se logró durante el año 2004. Una de las principales falencias de nuestro sistema corresponde a la complejidad de los mecanismos de contratación y despidos, los costos de los despidos, la falta de incorporación de mujeres en la fuerza de trabajo y la calidad en educación primaria, entre otros. Ninguna de estas variables es considerada por la actual administración.

En un escenario de constante intervencionismo propiciado desde gobiernos anteriores, e intensificado mediante la ideología estatólatra del programa de la Nueva Mayoría, vemos cómo ha habido una derrota ideológica por parte de los sectores que alguna vez se esmeraron por la austeridad y la disminución del tamaño del Estado. Hoy se han sumado al consenso de la socialdemocracia para avanzar hacia un camino de servidumbre -concepto elaborado por el célebre economista Friedrich A. von Hayek-, interviniendo sólo en medidas técnicas sobre si es conveniente subir más o en menor porcentaje el gasto público y no sobre los pilares o fundamentos previos que sostienen aquello que enuncian, ignorando la batalla de las ideas.

 

Andrés Barrientos Cárdenas, Director Ejecutivo Fundación Ciudadano Austral.

 

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO.