Me atrevo a afirmar que la matemática suele ser una ciencia exacta. Y numéricamente 56 es más que 44.
Publicado el 24.11.2017
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Un mes atrás el país empezó a ralentizarse, como un auto que se aproxima a una bomba bencinera. Al día siguiente de las elecciones, Chile se detuvo, porque el conductor no carga combustible mientras no tenga claridad sobre el resultado del balotaje.

La bolsa cayó un 6%, luego se recuperó un 2%, pero subsiste el desasosiego. Y subió el dólar, nada sustantivo, pero mostrando intranquilidad.

En el balotaje de diciembre las perspectivas son inciertas, no está claro que el 44% de Piñera y Kast sea capaz de superar al 56% de la izquierda.

Comentaristas políticos hacen todo tipo de numerología con calculadora en mano generando predicciones de la más variada naturaleza, apoyados por encuestas de poca o nula credibilidad. Que los votos de fulana son de zutano, que esos votantes se van a dividir de acuerdo a grupos etarios, que la abstención será menor, que será mayor, etc.

Al final del día, Chile está bañado por un océano de múltiples y divergentes pronósticos. Al hablar de estos, no puedo dejar de mencionar a una tarotista que en octubre vaticinó el triunfo de Guillier apoyado por el Frente Amplio de Beatriz, profetizando que Chile se transformaría en un país comunista sin vuelta atrás.

Este mes seguiremos en lo mismo: políticos esforzándose por convencer a la gente que acuda a votar por ellos. Incluso hay grupos que fomentan llevar de la mano a votar a personas que no sufragaron el domingo pasado.

En esta abundancia y profusión de opiniones, de cadenas de apoyo e incluso de cadenas de oración, contemplamos a un país atascado… al automóvil estacionado en el Pronto Copec. Estamos actuando irracionalmente, pues así como la convivencia puede tornarse color hormiga, no es menos cierto que la racionalidad suele imponerse a la larga, por cualquier medio.

Hace un largo rato que se observa una animadversión de la extrema izquierda hacia la clase alta, y producto de lo anterior ésta última vive temerosa de perder lo que tiene, empieza a advertir que no fue solidaria, que no supo interpretar signos evidentes que por negligencia era incomodo aceptarlos. Subyace el riesgo de caminar hacia una sociedad divorciada, donde el uno recela del otro, donde actitudes de miedo, violencia y odio desterradas después de 30 años de concertación, vuelven a surgir en plenitud.

En el Chile de hoy, la paz, el respeto y el entendimiento no son valores apreciados. Esto ya ocurrió antes en Chile, con resultados deplorables.

Vuelvo a mi tesis inicial. Chile está detenido, expectante a la espera de resultados electorales. Quien sea que gane, tendrá un triunfo difícil de manejar. Habrá vencedores y también vencidos. Dicho lo anterior, me atrevo a afirmar que la matemática suele ser una ciencia exacta. Y numéricamente 56 es más que 44.