Parece que sería útil y conveniente que los ministros se enfoquen en el gobierno y no en tratar de definir procedimientos o candidatos de la Nueva Mayoría; que por lo menos el último año vuelva cierta predictibilidad respecto de la agenda y que los esfuerzos ministeriales de conducción se enfoquen en el mismo Gobierno. Si no les va bien, por lo menos no tendrán que pedir disculpas por opinar. Digo yo.
Publicado el 17.10.2016
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En la política inglesa que, como todo lo inglés es tan proclive a las tradiciones, se acostumbra que la oposición designe lo que se conoce como el “gabinete en la sombra”; esto es, nominar a las personas que ocuparían cada cartera si su partido estuviera en el poder, de manera que cada uno de ellos fiscaliza y confronta a su par en ejercicio. Aquí varias veces la oposición ha intentado estructurar un equipo en esta lógica, pero nuestra pretendida condición de “ingleses de Sudamérica” no ha alcanzado para que funcione por algo más de 15 minutos.

Pero la Nueva Mayoría, fiel expresión de nuestro carácter que es más creativo que flemático, ha hecho una innovación notable: el gabinete en la sombra está en los partidos de gobierno. Aunque la manera transgresora de hacer política no se detiene allí, porque hay también una cierta indefinición respecto de cuáles son los Ministros “en la sombra”, los que hablan desde fuera de La Moneda o los que hablan desde adentro.

El Ministro Díaz, en su indefinida condición de vocero salta, cual electrón, desde las comunicaciones gubernamentales a las de la Nueva Mayoría con una velocidad que asombraría al propio Heisenberg, aquel físico alemán ganador del premio Nobel que descubrió el llamado principio de la indeterminación, que lleva su nombre.

La jefatura política de la Nueva Mayoría la pretende el Ministro del Interior que, hasta ahora, no ha evidenciado ningún interés por ejercer dicha función en el gobierno. Sabia decisión, podría decir alguien, porque la historia de su jefa no registra que alguien haya podido hacerlo y hablar por teléfono con ella.

Lo más sorprendente del asunto es que ni el ministro del Interior, ni el ministro vocero, logran tampoco la titularidad del gabinete en la sombra, porque cuando hablan en su representación o con afanes de conducción, son inmediatamente contradichos, desautorizados y conminados a guardar silencio por otros dirigentes de la coalición. Puede ser que, en realidad, el gabinete en la sombra tenga, a su vez, un gabinete en la sombra y que ese sea el verdadero.

El que sí ha mostrado verdadera disposición a ejercer el cargo es el Ministro de Hacienda, que partió tratando de reformar la reforma tributaria, luego intentando enderezar la laboral, después que la reforma previsional no termine con las AFPs, ni con lo que queda de la responsabilidad fiscal.

Pero cada vez que abro la prensa y veo las noticias que informan de su relación con los parlamentarios oficialistas, o alguno de sus colegas ministros, lo primero que se me viene a la mente es la imagen de Rodrigo Valdés como el “guatón Loyola” de la Nueva Mayoría:

“combo que se perdía,

lo recibía el guatón Loyola,

peleando con entereza,

bajo las mesas, comadre Lola”

Porque, la verdad es que ha logrado bastante poco y más bien, como el guatón Loyola, está como cacerola. Me imagino la dificultad de hacer una ley de presupuesto sin conocer el calendario de las marchas del próximo año, si hay algo claro, es que las prioridades las determina y cambia, eso que llaman “la calle”.

¡“Nueva Constitución”! Faltaba más, Cabildos y nueva constitución. ¡”Gratuidad”! Por supuesto, gratuidad (se acabó la plata para la nueva constitución). ¡“No + AFP”! Toda la razón, cómo no lo vimos venir, hay que mejorar las pensiones (se acabó la plata para la gratuidad). Entonces está claro que el presupuesto que apruebe el Congreso queda bajo condición de ser modificado si hay alguna marcha exitosa por otro tema.

Parece que sería útil y conveniente que los ministros se enfoquen en el gobierno y no en tratar de definir procedimientos o candidatos de la Nueva Mayoría; que por lo menos el último año vuelva cierta predictibilidad respecto de la agenda y que los esfuerzos ministeriales de conducción se enfoquen en el mismo Gobierno. Si no les va bien, por lo menos no tendrán que pedir disculpas por opinar. Digo yo.

Gonzalo Cordero, Foro Líbero. 

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