A quienes todavía lo tildan de marxista, Francisco les respondió de modo directo: “No he hablado como un técnico, sino según la doctrina social de la Iglesia, y esto no significa ser marxista. Quizá quien ha hecho ese comentario no conoce la doctrina social de la Iglesia y, en el fondo, tampoco conoce tan bien el marxismo”.
Publicado el 19.11.2017
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Desde que se anunció la visita del Papa Francisco a Chile, algunos amigos y gente del mundo de la empresa me miran y sonríen con una mezcla de simpatía e ironía: “¿Y qué vas a hacer, Ignacio? Apenas se baje del avión, el Papa les va a dar duro a los empresarios y a la economía de mercado”, me dicen.

Es cierto que hay “temas” en la relación entre la fe, la economía, el dinero, la empresa y los empresarios. Y este Papa en particular tiene una fama que lo precede. Por eso los comentarios de los amigos. Y por eso decidimos conversar de esos “temas” en serio. Hace unos días, USEC invitó a conversar a líderes empresariales y a dos argentinos que conocen muy bien a Jorge Bergoglio desde antes que fuera elegido Sumo Pontífice. Más de 230 empresarios, ejecutivos y emprendedores escucharon y preguntaron sobe la biografía y el pensamiento del Papa sobre la economía, la empresa y los empresarios. Se hicieron preguntas de frente y se escucharon respuestas sorprendentes.

Hay quienes señalan que el Papa “es de izquierda”, “que es peronista”, “que sólo le preocupan los pobres, pero no sabe cómo sacarlos de la pobreza”, “que si les hicieran caso a sus ideas económicas, habría más pobres todavía”. Podríamos haber respondido con una sesión teórica de doctrina social de la Iglesia, pero preferimos mirar con objetividad qué hay debajo de esas aprensiones.

¿Cuál fue mi conclusión, tras escuchar a Sergio Rubín, el primer biógrafo de Bergoglio; a José María Simone, importante empresario y ex presidente de la asociación de empresarios cristianos de Argentina; y a Alfredo Moreno, presidente de la CPC? Que sí, es cierto, el Papa no es un economista ni un empresario. Que contra lo que algunos piensan, sí tiene una teoría completa sobre la pobreza, que es mucho más sofisticada que la de los economistas… ¡y funciona! Sólo que incluye variables y dimensiones de la persona que los instrumentos de la economía no están en condiciones de medir ni están llamados a hacerlo.

Y lo más importante. Lo que al Papa le interesa es el trabajo. Coinciden los que lo conocen en que ésa es su cruzada personal: Que haya mucho, bueno y cada día más trabajo. Por eso es abiertamente promotor de las empresas y de la labor que desarrollamos en ellas. De hecho, nos advirtió contra los planes asistenciales –recordemos los subsidios en Argentina–, “que atienden ciertas urgencias”, pero que “sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras” (Evangelii Gaudium, 202).

Hace casi un año, nos dijo a un grupo de empresarios reunidos en Roma: “El dinero debe servir en vez de gobernar (…) Las empresas no deben existir para ganar dinero, aunque el dinero sirva para medir su funcionamiento. Las empresas existen para servir”.

Su llamado a la “cultura del encuentro” y a una “economía de la inclusión” es un llamado a centrar nuestra atención en los marginados, precisamente para incluirlos. Pide que las decisiones que tomamos en el ejercicio de nuestra libertad económica tengan por centro a la persona, su dignidad, y el bien común. La “economía que mata” es la que excluye, dice, aquella “donde el dinero reina en lugar de servir”. Y también nos ha dicho que “el Evangelio no condena a los ricos, sino la idolatría de la riqueza, esa idolatría que nos hace insensibles al grito del pobre”. De hecho, en mayo del año pasado, a propósito de la entrega del Premio Carlomagno, el Papa Francisco apoyó de modo explícito la economía social de mercado, destacando que es un modelo “inclusivo y equitativo (…) orientado no para unos pocos, sino para el beneficio de la gente y de la sociedad”.

Pese a todo esto, todavía algunos lo tildan de marxista. A ellos, en su momento Francisco les respondió de modo directo: “No he hablado como un técnico, sino según la doctrina social de la Iglesia, y esto no significa ser marxista. Quizá quien ha hecho ese comentario no conoce la doctrina social de la Iglesia y, en el fondo, tampoco conoce tan bien el marxismo”.

 

Ignacio Arteaga E., presidente de Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos