Los bonos de impacto social son un nuevo mecanismo de financiamiento y articulación público-privada para el testeo de programas sociales.
Publicado el 25.06.2018
Comparte:

Se lanzó en Chile el Grupo de Inversión de Impacto Social (GIIS-CHILE), que aspira a mejorar vidas de manera directa. Su característica principal es la clara definición de un set de objetivos de impacto desde el primer momento, junto con la medición continua de su avance.

El fin de este tipo de inversión puede ser social, ambiental o encontrarse vinculado al desarrollo. Incluye inversión en fundaciones y en negocios de “beneficios con propósito”. La elección de modelos con o sin fines de lucro depende del emprendedor social y del inversor de impacto. Ambos modelos se complementan mutuamente y ambos pueden ser exitosos. ¿Cómo se comparan?

La experiencia sugiere que los modelos sin fines de lucro son preferidos en los casos en que los inversores sociales o el grupo objetivo desconfían de la obtención de ganancias, y donde el apoyo de la comunidad es importante para alcanzar los resultados esperados. En cambio, es más probable que los modelos con ánimos de lucro prevalezcan allí donde las fuerzas de mercado son el principal motor del crecimiento. Las compañías que persiguen “beneficios con propósito” pueden acceder a mercados financieros a través del venture capital y de fondos de private equity, de inversores ángeles y de bolsas de comercio, con lo que la inversión de impacto con fines de lucro enfrenta un desafío menor. Este tipo de inversión está aportando un giro a modelos ya establecidos al agregar objetivos mensurables, ya sea sociales o ambientales.

El Bono de Impacto social busca incrementar la efectividad de la inversión social, la innovación del sector público, promover la flexibilidad para resolver problemáticas sociales y lograr una mejor asignación de los recursos públicos.

Una financiación que busca incrementar la efectividad de la inversión social son los Bonos de Impacto Social, modelo innovador que permite costear programas sociales bajo un esquema de pago por éxito. De esa manera se busca incrementar la efectividad de la inversión social, la innovación del sector público, promover la flexibilidad para resolver problemáticas sociales y lograr una mejor asignación de los recursos públicos. Dentro de este esquema, el pagador -quien puede ser el Gobierno sólo o con otros interesados- se compromete a pagar los resultados definidos para el programa social una vez éstos sean alcanzados y verificados independientemente por un tercero. Para esto, en un primer momento, los inversionistas de impacto (privados) han proporcionado los fondos iniciales para que un operador lleve a cabo dicho programa o servicio en beneficio de una población vulnerable. Todo esto sucede dentro de un contrato de pago por resultados, de forma tal que se incentiva al sector privado a participar en proyectos sociales al crear oportunidades de inversión que incluyen un retorno, aunando esfuerzos con el Gobierno para realizar intervenciones que generen mayor impacto.

Ahora en Chile estamos en un momento en el que es necesario que el sector privado, en particular el sector financiero y los inversionistas, participen activamente en la búsqueda de nuevas alternativas y soluciones más efectivas e innovadoras a las problemáticas sociales y ambientales que tenemos como país. En este contexto, la Inversión de Impacto y los Bonos de Impacto Social son un nuevo esquema orientado al éxito y la eficiencia financiera en el que convergen los intereses sociales y económicos de Inversionistas y Gobierno para lograr cambios estructurales.

El pionero en usar el Bono de Impacto Social fue Social Finance, en Reino Unido, que lanzó en el 2010 el BIS de la prisión de Peterborough.

Interesante que en marzo de 2017 se lanzó el primer Bono de Impacto Social en Colombia, un modelo de programas sociales que pagará por éxito al obtener resultados de empleabilidad de población vulnerable. Este primer bono busca beneficiar a 514 personas, principalmente pobres y desplazadas, y que se encuentren desempleadas en Bogotá, Cali y Pereira, a través de una inversión de $2.200 millones de pesos por medio de alianzas de financiación con el sector privado y la cooperación internacional. Este primer bono -de tres que se realizarán- será también un proceso de aprendizaje para Colombia y los países en desarrollo en la generación de conocimiento y recomendaciones para los futuros diseños de proyectos bajo este mismo modelo

El pionero en este instrumento fue Social Finance, que lanzó en el 2010 el BIS de la prisión de Peterborough con el soporte de 17 fundaciones que se comprometieron a una inversión de 5 millones de libras esterlinas (aproximadamente 6,2 millones de euros). Este BIS fue diseñado como un piloto de siete años para poner a prueba la premisa de que el apoyo individual e integral a las personas privadas de libertad les ayudaría a mantenerse fuera de prisión y construir una nueva vida en el exterior. Tras esta experiencia se crearon más bonos de Impacto Social en el Reino Unido, en los Estados Unidos, en Australia, en Canadá, en Holanda, en Bélgica, en Alemania, y se han conseguido más de 100 millones de dólares de inversión social para financiar los Bonos de Impacto Social a nivel mundial.

En Chile ya hay varios inversionistas estudiando esta alternativa para poder financiar programas sociales relacionados con primera infancia. Espero pronto Chile tenga su primer bono de impacto social y sea un actor importante en la materia.

Rosa Madera, senior advisor en Filantropía estratégica e inversión social, fundadora de Empatthy