Si bien el modelo actual ha evidenciado algunas carencias, eso no es motivo suficiente para erradicarlo, sino más bien para potenciar sus virtudes, siendo lo más efectivo transformarlo en un real sistema de subsidios a la demanda.
Publicado el 15.08.2017
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El acuerdo alcanzado hace unas semanas por la Nueva Mayoría y Chile Vamos en torno al proyecto de Nueva Educación Pública pareciera la luz verde que el Gobierno necesitaba para lograr su aprobación. Con esta reforma, que re-centraliza la educación fiscal hoy administrada por los municipios, se completarían las modificaciones al sector escolar impulsadas por Michelle Bachelet a fin de revivir el paradigma del Estado docente.

Sin embargo, aún queda pendiente una cuarta reforma a fin de enclavar dicho paradigma, y que se refiere al sistema de financiamiento. La coalición gobernante sostiene que el financiamiento debe gravitar en aportes basales y así lo han hecho ver las diputadas Karol Cariola y Camila Vallejo. Otro militante de la Nueva Mayoría que ha manifestado su predilección por los aportes basales es el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue.

El sistema de subvenciones mediante el cual se financia en gran medida la educación de nuestros niños nunca ha estado exento de críticas y ciertamente es perfectible. Por ejemplo, en un estudio de 1995 publicado en la revista del CEP, el académico Osvaldo Larrañaga indicaba lo oportuno de evaluar la factibilidad de implementar una política explícita de vouchers. Aquello significa la instauración de un sistema de cheques escolares en el modelo de Milton Friedman, donde la subvención físicamente es portable y conocido su monto por las familias. La propuesta de Larrañaga se sustenta en que a pesar de que la subvención sigue al alumno, aquella es transferida directamente por el Estado a los administradores de las escuelas, provocando que las familias carezcan del rol de clientes asertivos que supone un sistema de subsidios a la demanda. El modelo de cheques escolares contribuye a fortalecer la racionalidad de la toma de decisiones por parte de las familias, ya que al permitirles elegir se incrementa la necesidad de información.

La propuesta de cheques escolares elaborada por Friedman en su ensayo de 1955 El papel del gobierno en la educación, y desarrollada con más profundidad en sus libros Capitalismo y Libertad y Libertad de Elegir, a poco de universalizarse ya contaba con importantes adherentes. Por ejemplo, el académico inglés Edwin G. West en su libro La Educación y el Estado, expresa que el gran valor de los vouchers es que incorporan criterios de mercado a los sistemas escolares. Por su parte, en Economía del Sector Público, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz reconoce el aporte del modelo ideado por Friedman, anotando que es la forma más simple para permitir que las familias puedan escoger la educación que desean para los suyos. Y Friedrich A. Hayek, en Los Fundamentos de la Libertad, agrega que “otra ventaja de esta fórmula sería que los padres no habrían de verse ante la alternativa de optar por el tipo de enseñanza que el Estado proporciona, o sufragar por su cuenta todo el coste de una instrucción diferente y bastante más cara”. Desde luego, en nuestro país la idea tiene numerosos partidarios.

El financiamiento de la educación escolar es un debate que pronto el país volverá a tocar y que no debe ser tratado con criterios demagógicos, como nos ha acostumbrado el actual Gobierno. Si bien el modelo actual ha evidenciado algunas carencias, eso no es motivo suficiente para erradicarlo, sino más bien para potenciar sus virtudes, siendo lo más efectivo transformarlo en un real sistema de subsidios a la demanda.

 

Iván M. Garay Pagliai, director ejecutivo de Cheque Escolar

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO