Cada día que pasa, el problema se hace más grande. Llevamos al menos cuatro años discutiendo sobre el financiamiento de los proyectos estructurales de Codelco (y financiándolos con deuda), sin una definición terminal, y estamos llegando a un punto de no retorno (Codelco no puede seguir endeudándose); o se define el modo de financiamiento de los proyectos y se ejecuta el plan de inversiones, o la empresa, y todos los chilenos nos veremos seriamente perjudicados.
Publicado el 08.10.2016
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Hace algunos días concurrieron a la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, y el presidente del directorio de Codelco, Oscar Landerretche, a ilustrar a los miembros de la comisión sobre el estado de la compañía, a propósito de los magros resultados entregados por el director ejecutivo de la empresa hace algunos días.

img-20161007-wa0001Los datos no fueron para nada sorpresivos; 1) la empresa generó pérdidas por U$ 97 millones durante el primer semestre de este año; 2) hasta ahora ha financiado sus proyectos estructurales casi totalmente (91%) sobre la base de endeudamiento, pero no puede seguir endeudándose (hoy solo mantiene su clasificación de riesgo A+ debido a que es una empresa del estado; si no sería BB-); y 3) debe ejecutar proyectos estructurales por US$ 18.000 millones (equivalentes a aproximadamente un 32% del presupuesto del estado, su dueño, para todo el 2016, o 2,1 veces lo que se supone que recaudaría la reforma tributaria de 2014, o 5,1 veces el valor de lo que, según el Gobierno, cuesta la gratuidad universal en educación superior) que, si no son ejecutados, harían descender la producción de cobre de la empresa desde 1.732 millones de toneladas que se produjeron en 2015, a alrededor de 1.000 millones de toneladas en 2023, y menos de 600 millones de toneladas en 2030. Lo anterior, justo cuando el país crece a menos de un 2% al año, y el Gobierno ha anunciado un presupuesto austero, ya que tiene por objetivo, al año 2020, lograr un balance estructural en las cuentas fiscales.

ernesto-silva-mLo que si fue sorprendente fueron las soluciones propuestas para salir de la crisis. Desde la perspectiva de la empresa se propuso seguir reduciendo los costos, aumentar la productividad, reducir el capital de trabajo, vender activos no mineros y reducir y aplazar inversiones en bienes de capital; todas acciones necesarias, pero que conducen principalmente a buscar que la empresa vuelva a tener utilidades.

Y respecto del Estado, se propone que EL ESTADO reconozca y dé garantía explícita al sobreendeudamiento de Codelco, que EL ESTADO realice inyecciones de capital (ya sea permitiéndole capitalizar utilidades o, si no tiene, inyectarle capital fresco), que EL ESTADO derogue o ajuste la Ley Reservada del Cobre (lo que significa que Codelco, en vez de entregarle las platas de la Ley Reservada directamente al Ejército, se las entregue al Gobierno) o que EL ESTADO use los ahorros que tiene en sus fondos estratégicos. En resumen, simplemente y bajo distintas denominaciones, que EL ESTADO pague.

Sin embargo, frente a problemas de esta magnitud, las mayores empresas estatales del mundo están pensando en otro tipo de soluciones. Por ejemplo, asociarse con privados para ejecutar los proyectos, como la empresa estatal mexicana Petróleos Mexicanos (Pemex); empresa creada a partir de la nacionalización de los hidrocarburos, considerada una de las empresas petroleras más grandes del mundo, y que el pasado 10 de junio anunció que, por primera vez en su historia, abriría una licitación para asociarse con privados para la explotación de Campo Trión, un yacimiento petrolífero que requiere, para ser explotado, de una inversión de US$ 11.000. Pemex mantendrá un 45% de la propiedad de la sociedad, pero de esta manera podrá compartir el riesgo y la inversión.

Una propuesta más radical es la de Arabia Saudita y su empresa Saudi Aramco, más conocida como Aramco. Esta es, según algunos, la empresa petrolera más grande del mundo, con un valor estimado en US$ 2,5 billones (millones de millones). Pertenece al gobierno de Arabia Saudita y es dueña de algunos de los campos de petróleo y gas más ricos del planeta. En enero de este año, el príncipe Mohammed bin Salman anunció importantes cambios en la empresa. Se traspasará la propiedad del 95% de la empresa a un fondo estatal (denominado Petroleum Investment Fund (PIF)), que estará a cargo de manejar los destinos de ella (evitando así la injerencia del Gobierno en su administración). El 5% restante será vendido a privados a través de una oferta publica de acciones, que será por lejos la mas importante de la historia y recaudaría aproximadamente US$ 150.000 millones de dólares, que serán administrados por también por el PIF para invertir en proyectos que busquen diversificar la economía saudí. Esperan así no depender totalmente del petróleo en 2030.

Estos son sólo dos ejemplos de las medidas que están tomando otras empresas similares alrededor del mundo, por la baja en el precio de las materias primas.

Debido a que Codelco está inserto en el competitivo mercado de las materias primas, en pleno siglo XXI, no puede negarse a al menos analizar todas las posibilidades para financiar su plan de inversiones, sin desechar las asociaciones con empresas privadas por motivos meramente ideológicos, tanto en proyectos estructurales como en aquellos que no lo son, así como también el Estado (incluyendo al Gobierno y el Parlamento) de una vez, con una mirada a largo plazo, como lo haría cualquier dueño de una empresa, debe detenerse a analizar si considera adecuado destinar US$ 18.000 millones de los recursos de todos los chilenos a financiar este plan de inversiones, cuya rentabilidad es incierta debido al volátil precio de las materias primas, o prefiere destinar todo o parte de este monto a otras prioridades. Asimismo, debe determinar cuándo y cómo se financiarán los proyectos estructurales hasta su total desarrollo (y no depender cada año de la decisión del Gobierno para saber si en ese período deberá endeudarse, reducir los proyectos o podrá financiarlos con recursos frescos).

Cada día que pasa, el problema se hace más grande. Llevamos al menos cuatro años discutiendo sobre el financiamiento de los proyectos estructurales de Codelco (y financiándolos con deuda), sin una definición terminal, y estamos llegando a un punto de no retorno (Codelco no puede seguir endeudándose); o se define el modo de financiamiento de los proyectos y se ejecuta el plan de inversiones, o la empresa, y todos los chilenos nos veremos seriamente perjudicados.

Ojalá esa determinación se tome luego. Y se tome pensando en el bien de Chile, con una visión de largo plazo, sin que por motivos ideológicos, se cierre la puerta a ninguna alternativa. De lo contrario, la indefinición y ideología pueden terminar hipotecando el futuro de Codelco.

 

Santiago Orpis, Abogado.

Ernesto Silva, Diputado.

 

 

 

FOTO:EDGARD CROSS-BUCHANAN/AGENCIAUNO.