Pese a sus promesas iniciales de instalar en Cuba una democracia, el dictador creó y mantuvo en la isla el régimen más antidemocrático que ha existido en América Latina.
Publicado el 26.11.2016
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Acaba de morir Fidel Castro, el dictador que gobernó la isla de Cuba por casi 50 años, y que instauró el régimen más antidemocrático en la historia de América Latina. 22 años antes del triunfo de la revolución cubana, León Trotski usaba la palabra traición para referirse a la contradicción entre la revolución prometida y los resultados obtenidos en la Unión Soviética. Constataba la existencia de una depuración sangrienta, y la preparación de las elecciones “más democráticas del mundo” (las comillas en tono de ironía).

Lo mismo —mutatis mutandis— es posible afirmarlo para la Cuba gobernada por Fidel Castro desde enero de 1959. En un comienzo, la revolución cubana se planteó como democrática y no comunista. En 1956, todavía en México, Fidel señalaba que el Movimiento 26 de Julio “abre sus filas a todos los cubanos que deseen sinceramente restablecer la democracia política e implantar la justicia social en Cuba”. Un año después, ya en la Sierra Maestra, indicaba: “La revolución es democrática, nacionalista y socialista”.

Si bien prometió una reforma agraria y dio suficientes señales de la nacionalización de empresas extranjeras, la revolución nunca se planteó como antidemocrática. El socialismo que anunciaba se daría en el marco de una democracia liberal, es decir, pluripartidista y representativa. Y si bien en la Sierra Maestra comenzaron los contactos con el Partido Comunista cubano, jamás se planteó la erección de éste como partido único, sino como parte de una alianza de carácter democrático, casi en los mismos términos de la actual Nueva Mayoría en Chile.

Incluso el mismo Che Guevara —el otro gran ícono de la revolución— llegó a sostener lo siguiente el 2 de enero de 1959, después de la salida de Batista del país: “Somos demócratas, nuestro movimiento es democrático, liberal, y está interesado en la cooperación de toda América. Llamar comunistas a todos los que se niegan a someterse es un viejo truco de los dictadores”.

El 9 de enero, al día siguiente de su entrada en la Habana, Fidel Castro prometía elecciones libres “en el plazo de quince meses, más o menos” y que los “partidos políticos se organizarán dentro de unos ocho o diez meses”. Este plazo lo justificaba en la necesidad de restablecer el orden público en distintos ámbitos. Asimismo, el 22 de enero, ante la prensa extranjera, añadía: “El día en que tengamos a la mayoría en contra de nosotros, dimitiremos”.

Pero desde mediados de 1959 comenzó la construcción de un régimen claramente dictatorial. Así como Hitler que, en pocos meses después de llegar al poder, llevó a cabo la llamada Gleichschaltung —la puesta en línea de un régimen de carácter totalitario—, Fidel Castro hizo lo propio, dinamitando todo vestigio de democracia liberal. Al igual que en el nazismo, esto se dio, de manera preeminente, en el control de las fuerzas armadas y de las organizaciones intermedias de la sociedad. Las primeras fueron fusionadas con el Ejército Rebelde.

En  octubre de 1959, el Gobierno intervino las elecciones de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). En noviembre, los candidatos del Movimiento 26 de Julio (no comunistas) obtuvieron una clara mayoría en la Central de Trabajadores de Cubanos (CTC). Pero Fidel Castro presionó para que se integrase al Partido Comunista, postura que se terminó imponiendo, pese a la molestia de los dirigentes electos.

En 1960 comenzó la creación de los comités de defensa de la revolución (CDR) en cada manzana de Cuba con el objetivo de identificar a los enemigos de la revolución, que después serán tachados de gusanos. Asimismo, en el mismo año, se fusionaron las juventudes del Movimiento 26 de Julio y del Partido Comunista, lo que más tarde dará lugar a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). En 1961 se creó el nuevo Partido Comunista a partir de su fusión con el Movimiento 26 de Julio. Este se transformará en el único partido legal en Cuba.

Si, como lo acaba de hacer la Presidenta Bachelet, el régimen cubano va a ser valorado, que (al menos) se reconozca que no cumplió su promesa de restaurar la democracia. Los quinces meses “más o menos” en llamar a elecciones pluripartidistas, se convirtieron en eternos 57 años. Nunca jamás el pueblo cubano ha sido consultado, por lo que la temprana promesa de dimitir de Castro, en caso de convertirse en minoría, terminó siendo traicionada. Al igual que toda revolución que ofrece la creación de un mundo perfecto.

Valentina Verbal, Magíster en Historia.