El influyente intelectual británico Niall Ferguson señala que si bien uno de los pilares fundamentales de la sociedad libre es el desarrollo de un sistema jurídico eficiente, que establezca las reglas del juego y proteja las instituciones, esto no se debe confundir con la idea de buscar una planificación perfecta en que cada aspecto de la sociedad se encuentre regulado.
Publicado el 28.10.2017
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Hoy en día, ante la ocurrencia de cualquier problema público, es normal escuchar frases como: “El Estado debería hacerse cargo” o “Que se haga una ley para solucionarlo”. Esto se acrecienta en época de elecciones, cuando nuestros congresistas de forma grandilocuente anuncian el número de proyectos de ley que han presentado en su labor, como si eso fuese algo positivo per se. Hoy nos encontramos ante una hiperinflación legislativa; la ley como la solución de todos nuestros problemas.

El influyente intelectual británico Niall Ferguson –quien estará en Chile en noviembre en el marco del quinto aniversario de la Fundación para el Progreso– señala que si bien uno de los pilares fundamentales de la sociedad libre es el desarrollo de un sistema jurídico eficiente, que establezca las reglas del juego y proteja las instituciones, esto no se debe confundir con la idea de buscar una planificación perfecta en que cada aspecto de la sociedad se encuentre regulado. El historiador afirma que “el diseño inteligente desempeña un papel. Pero, ¿cuán inteligente es ese diseño? La respuesta es la siguiente: no lo suficiente para anticiparse al proceso evolutivo. De hecho, es lo bastante estúpido para hacer un sistema frágil aún más frágil”.

Ferguson es tajante al señalar que este tipo de cultura político jurídica, que busca regularlo todo como garantía de seguridad, puede acarrear principalmente dos problemáticas. En primer lugar, la creciente complejidad de la ley, donde largas e intrincadas normas hacen inentendibles los objetivos del legislador. En segundo lugar, y como corolario de lo anterior, se genera un alto coste de la ley, que debe ser asumido tanto por el fisco, en lo relativo a su implementación, como por los particulares, en las modificaciones que se deben realizar para cumplir la nueva normativa.

Estas amenazas a nuestros sistemas legales –y en último término, al Estado de derecho– responde a la idea de quienes avizoran al Estado como un gran planificador de nuestras vidas, donde la ley es el único medio para lograr toda meta colectiva. En ese sentido, el derecho, en forma de ley, se convierte en un instrumento para el ejercicio del poder y no como un límite a éste. Y en el último tiempo tenemos grandes ejemplos de esto en nuestro país: una reforma tributaria inentendible, una reforma educacional sobre ideologizada, una laboral compleja y anticuada, por nombrar sólo algunos enredos legislativos.

Hoy nos encontramos ante lo que el mismo Ferguson denomina el “imperio de los legistas”, en que un grupo de iluminados buscan mediante la ley lograr el sistema perfecto, donde el Estado regule y garantice todo, donde el Estado sea el modelador de toda actividad humana. Simplemente, estamos entrampándonos en un turbio pantano legal del que nos puede costar años salir.

 

Esteban Montaner Rodríguez, investigador Fundación para el Progreso

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO