Yendo hacia una conversación más profunda, lo que realmente llama la atención de lo que expresan estos niños es la falta de apoyo que el Estado brinda a la familia. Porque sí, ellos tienen muy claro a sus cortos 15 años que la familia es el pilar fundamental de la sociedad, y no el ser humano sacado de su núcleo.
Publicado el 01.01.2017
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¿Ha tenido la oportunidad de conversar con algún niño o niña que haya estado en un centro del Sename?

Hace pocos días tuve la ocurrencia de visitar un basural en donde viven 12 de estos menores. El paisaje conmueve: vidrios quebrados, restos de muebles, nylon haciendo de techo sobre enclenques palos de madera, una pelota de futbol rajada, muñecas descuartizadas, malezas y todo lo que se pueda imaginar. Ahí sobreviven niños de nuestro país que han preferido eso antes que estar bajo el cuidado de los tíos del Sename y que por ello se han escapado (existen muchos de estos sitios o caletas en la Región Metropolitana).

Al conversar con ellos, queda en evidencia que si bien las condicionares materiales de los centros son mejores, los niños igual prefieren la caleta, porque hay algo allí que los centros no proporcionan: relaciones humanas estrechas. Dicen no sentirse queridos ni comprendidos, y que los funcionarios están ahí por el sueldo, más que por ayudar a salir adelante a los menores.

Pero yendo hacia una conversación más profunda, lo que realmente llama la atención de lo que expresan estos niños es la falta de apoyo que el Estado brinda a la familia. Porque sí, ellos tienen muy claro, a sus cortos 15 años, que la familia es el pilar fundamental de la sociedad y no el ser humano sacado de su núcleo. Si bien todos concordaban en que aquí hay mucha culpa de los padres, por otra parte tenían clarísima esa idea sobrevalorada del Estado que todo lo puede solucionar como por arte de magia, en este caso a través del Sename.

Y en esto los niños dan en el clavo, y por Dios que hay que escucharlos al momento de elaborar políticas públicas al respecto. En vista de que los menores que caen en el Sename vienen de familias vulnerables, donde hay abusos e incomprensión, ¿no será más urgente atacar el problema de raíz, es decir, intervenir en el mejoramiento de esas familias?

Al darse tiempo de hablar con estos niños no queda ninguna duda de que por ahí se debe partir. Porque aunque el pensamiento de extrema izquierda crea que es el ser humano el núcleo de la sociedad, estos niños, en la práctica, se encargan de echar por el suelo tal postulado.

¿Y tienen rabia con sus padres? Claro que la tienen, porque ellos quisieran formar parte de una familia, de su familia, y no estar al cuidado de personas que no tienen por qué sentir afecto por ellos. Aquí es bueno recordar parte del artículo 1° de nuestra Constitución: “Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad… El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece”.

Queda claro que nuestra Carta Magna da real importancia a la familia (aunque no le guste a algunos), por lo mismo, estos niños están clamando por que se cumpla con esta base mínima. Nos hemos dado vueltas durante muchos años sobre cómo cambiar el Sename y todo apunta a separar los centros de niños vulnerados de aquellos que acogen a menores infractores de la ley como un gran eje.

Pero hay otro eje que va antes de ése: ¿Qué medidas puede tomar el Estado para fortalecer a la familia? De esta forma, el círculo vicioso que hoy se produce se podría comenzar a convertir en virtuoso. Ya es hora de que las políticas públicas no confíen tanto en entes estatales, sino que en lo primero, la familia. Es hora de tomarla en cuenta.

 

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC