Así como los líderes políticos faltan a la coherencia, porque generalmente dicen ciertas cosas y luego hacen otras, los empresariales pecan al cultivar un excesivo bajo perfil, y les falta atreverse a un diálogo directo y transversal que más les puede sumar que restar.
Publicado el 23.04.2017
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Ya hace un buen rato que venimos hablando de la famosa crisis de confianza. Desde los inicios del actual Gobierno estamos mencionándola, analizándola, opinando y midiéndola, pero la crisis continúa.

Hemos escuchado las más variadas declaraciones de voces haciendo reiteradas alusiones a ella y podemos ver que se extiende a diversos sectores. “Se agudiza la crisis de confianza en la clase política e instituciones públicas” dicen unos, mientras la Presidenta Bachelet replica que “hay una crisis de confianza, pero no una crisis de institucionalidad”. Expertos debaten al respecto y aventuran “Crisis de confianza en Chile puede abrir camino a políticos como Trump”.

Las encuestas hacen lo suyo, midiendo en cifras dichas percepciones: “Estudio profundiza en crisis de confianza: 85% cree que la corrupción queda impune”. Y el sector empresarial no queda fuera: “La pérdida de la confianza es el motivo de mayor preocupación” dice la CPC, mientras su actual líder, Alfredo Moreno, acota que “tenemos que hacer cumplir los códigos éticos en las empresas”.

Las declaraciones varían en su foco, pero son constantes en su diagnóstico: la crisis existe.

Ahora, lo interesante sería que no nos quedáramos sólo en el diagnóstico y pudiéramos avanzar. Para que ello ocurra es indispensable escuchar la voz de los líderes, ellos son quienes deben guiarnos en esta senda de restauración, y tender puentes para luego cruzarlos y llegar a la ciudadanía. Hoy el diálogo es directo de persona a persona y necesitamos conocer a los líderes en la autenticidad de lo que inspira su labor y, también, sus perfiles personales.

Así como los líderes políticos faltan a la coherencia, porque generalmente dicen ciertas cosas y luego hacen otras, los empresariales pecan al cultivar un excesivo bajo perfil, y les falta atreverse a un diálogo directo y transversal que más les puede sumar que restar.

¡Ya basta de falsa modestia, señores! Esa fórmula de poderosos inalcanzables que se hacen los difíciles está en la basura, en términos de lo que la sociedad espera de los empresarios.

Para acercarnos a las soluciones no hace falta más que apelar al sentido común y aplicar sabiduría de vida. Porque en el caso de lo primero se aplica bien el dicho que nos aconseja “ser y parecer”, y para lo segundo sería bueno recordar que no podemos confiar en quienes no conocemos, por eso no funciona el bajo perfil. Así de simple.

Así es que, señores, ¡dejen de lado la hipocresía y el doble estándar y desechen la timidez y falsa modestia para que podamos empezar a entendernos!

 

Mónica Reyes, comunicadora y máster en Historia

 

 

FOTO: VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO