¿Obedece el freno en los recortes a las proyecciones de crecimiento a una sobrerreacción por un dato puntual, o hay fundamentos más allá de las cifras recientes que permiten sostener una proyección levemente sobre 3%?
Publicado el 23.02.2015
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Junto con conocer la cifra de crecimiento de 2,94% en diciembre, por sobre las expectativas del mercado, comenzaron a aparecer proyecciones algo más optimistas por parte de instituciones extranjeras respecto a la actividad económica este año. Acto seguido, la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) ajustó la mediana de crecimiento 2015 de 2,6% a 2,7%. Entre todos estos cambios, en BBVA Research anunciamos la semana pasada que mantenemos nuestra proyección de crecimiento para el año en 3,1%, lo que algunos han catalogado como “optimista”. ¿Es tan así? ¿Obedece el freno en los recortes a las proyecciones de crecimiento a una sobrerreacción por un dato puntual, o hay fundamentos más allá de las cifras recientes que permiten sostener una proyección levemente sobre 3%?

En primer lugar, cabe hacer notar que proyecciones de crecimiento de 2,7%, como el de la EEE, o incluso de 3,1%, como es nuestra proyección, siguen sin ser buenas cifras. Aún falta para llegar al crecimiento potencial, el cual probablemente se alcanzaría después de 2016. Además, está la composición del crecimiento, hecho al que hemos aludido en ocasiones anteriores, con un 2015 muy apoyado en gasto público, lo que es bienvenido en la actual coyuntura, pero con un consumo e inversión privados aún sin repuntar. Así, catalogar de “optimista” un crecimiento de 3,1% respecto a otro debajo de 3% pudiera resultar confuso en la actual coyuntura.

La cifra de diciembre será seguida por un crecimiento en torno a 2,5% en enero. Probablemente vuelva a haber un ajuste al alza en las expectativas, o al menos las actuales estimaciones no sufrirán nuevos recortes. Pero, ¿qué razones de fondo hay para ajustar las proyecciones de crecimiento a un valor cercano a 3%? Principalmente, la baja en el precio internacional del petróleo. Una reducción en torno a 50% como la observada entre septiembre 2014 y enero 2015 tiene un impacto significativo en una economía importadora neta del crudo como la nuestra. Tomando como punto de referencia algunos estudios respecto al impacto del precio internacional del petróleo en nuestra economía, se infiere que el impacto de una baja como la observada podría ser de 0,7% del PIB, y en el mejor de los casos superior a 1% del PIB. El menor precio de las gasolinas aumenta el ingreso disponible de los hogares, lo que sería en gran parte destinado a mayor consumo, y reduce los costos de las empresas, lo que amplía sus márgenes.

Estimamos que el efecto del menor precio de los combustibles aún no ha sido capturado por completo en las estimaciones de crecimiento. En la medida que se vayan conociendo cifras de actividad cada vez más cercanas a 3%, esto será plenamente internalizado por los agentes de mercado y las expectativas se ajustarán aún más al alza. Sin embargo, un crecimiento de 3,1% no está exento de riesgos. En el plano internacional, lo que ocurra con China será determinante para nuestra economía. De concretarse un menor crecimiento en el país asiático, el precio del cobre no se despegaría de los actuales US2,6 la libra, reflejando una menor demanda por el metal rojo, lo que afecta directamente a la contribución que puedan realizar nuestras exportaciones al nivel de actividad nacional. A esto podrían sumarse reacciones no anticipadas al alza de tasas por parte de la Fed en Estados Unidos y los problemas para retomar el crecimiento con los que se ha encontrado la Eurozona.

En el plano interno, los riesgos vuelven a aparecer por el lado de las expectativas de los consumidores y empresarios. En este aspecto, mucho podría influir la agenda de reformas que se discutirán este año, comenzando por la reforma laboral. A nuestro juicio, el gobierno ya ha mostrado interés en que no se repitan los aspectos negativos presentes en la tramitación de la reforma tributaria, por ejemplo, dando señales de mayor abertura a los planteamientos del sector privado. Sin embargo, la discusión de este proyecto de ley comienza en marzo, y recién a partir de ese momento podremos ver cómo se desarrolla el trámite legislativo, el impacto en expectativas que esta nueva reforma pueda tener y, finalmente, cómo será la reforma laboral que resulte siendo despachada desde el Congreso y el impacto real que ésta tendrá en el mercado laboral.

Por lo tanto, aunque existen riesgos asociados, la caída en el precio internacional del petróleo, junto al mayor dinamismo del sector externo y al crecimiento del gasto público, contribuirán a observar cifras de actividad mejores a lo largo del año, hasta alcanzar lo que estimamos será un crecimiento de 3,1% en 2015. No es una proyección optimista, es una proyección factible.

 

Cristóbal Gamboni, Economista Senior BBVA Research.

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO