Las mujeres queremos participar más de la discusión pública, tener los mismos salarios y también acceder a altos cargos. Para eso necesitamos del apoyo de más hombres que se la jueguen por nosotras. Si Jackson quiere ser el Trudeau chileno, lo respeto.
Publicado el 11.04.2016
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Giorgio Jackson no es santo de mi devoción. Políticamente pensamos muy distinto. Lo conocí el año 2011 cuando trabajaba en el Ministerio de Educación y me tocó vivir de cerca el movimiento estudiantil que lideró junto a Camila Vallejo. Ambos teníamos la intención de mejorar la calidad de la educación, aunque los enfoques fueran diferentes. Se podría decir que estábamos en veredas opuestas.

Al margen de la reciente polémica sobre el uso de pasajes aéreos para actividad no parlamentaria, hoy estoy con Giorgio. Hace unos días, exponiendo en un nuevo foro Icare, el diputado de Revolución Democrática llamó la atención con un mensaje feminista y provocador. “Este será mi último panel de hombres. Nunca más voy a asistir a un panel donde se excluya a las mujeres”, fueron sus palabras en un foro compuesto por cuatro ilustres varones. Un mensaje sencillo, sin alardes, pero punzante. Un mensaje que llega a lo más profundo de nuestra sociedad, a los altos niveles donde se discuten los temas país y donde la mujer está tristemente subrepresentada o derechamente excluida.

Icare no es el primer foro o seminario en no incluir a mujeres en los paneles de discusión. En lo que va del año podemos encontrarnos con otros ejemplos, tales como el último seminario de inversiones de Compass Group o el seminario de Clapes UC sobre la nueva Constitución, ambos con 11 panelistas hombres y ninguna mujer. Ninguna. Escuchaba decir, ¿Qué habría pensado Christine Lagarde, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, sobre el seminario de Compass? O, ¿Acaso no había ninguna abogada constitucionalista a la que invitar al seminario de Clapes UC?

Este tipo de situaciones no debieran dejarnos indiferentes. Como mujer, me alarma notar que estamos subrepresentadas en todos los ámbitos y que repetidamente quedamos fuera de la discusión. El problema es que nuestra voz no está siendo escuchada, no obtenemos los mejores trabajos y por la misma labor somos peor pagadas que los hombres. En Chile, según el Foro Económico Mundial, una mujer gana la mitad que lo que gana un hombre por igual trabajo.

El tema genera preocupación a nivel global. En Chile, la organización Hay Mujeres hace una gran labor al respecto. Su objetivo es buscar a expertas en todos los campos para que ganen espacio en los medios y en el debate público. Además, tienen embajadores hombres que actúan como voceros de la integración femenina en las instancias de reflexión colectiva. Jackson, junto a una veintena de reconocidos chilenos, es embajador de la institución. El símil internacional es la campaña “He for She” -impulsada por ONU Mujer-, que incita a los hombres a ser agentes de cambio velando por la igualdad de género y los derechos de las mujeres. Los llama a sacar la voz por ellas.

A nivel mundial, el mejor ejemplo de vocero por las mujeres es Justin Trudeau. El popular Primer Ministro de Canadá ha puesto a su país a la vanguardia de la nueva política. Cuando fue consultado por qué la mitad de su gabinete era femenino respondió sin titubear: Porque es el año 2015. Él ha salido públicamente a defender la necesidad de un compromiso real por parte de los hombres para terminar con la desigualdad de género. También ha dicho que no deberíamos tenerle miedo a la palabra feminista. Hombres y mujeres deberían ser capaces de describirse a sí mismos de esa manera, sin que sean denostados u objeto de burla. De esa forma, el tema adquiere la importancia que tiene desde ambas partes y no sólo como una lucha desde la trinchera femenina.

Las mujeres queremos participar más de la discusión pública, tener los mismos salarios y también acceder a altos cargos. Para eso necesitamos del apoyo de más hombres que se la jueguen por nosotras. Si Jackson quiere ser el Trudeau chileno, lo respeto. Me pongo de pie por todos esos hombres que frente a la oportunidad de hacer oídos sordos a una situación de desigualdad, toman el camino difícil y velan por los que están en desventaja. Especialmente porque esa es la vía del progreso, dándoles visibilidad a las mujeres y empoderándolas para que cumplan con sus ambiciones. Darles voz y espacio para que demuestren su valor. Cansa decirlo, pero hay que hacerlo. Y mientras más hablemos de ello, menos tendremos que hablar de ello.

 

Gracia Dalgalarrando, Máster en Políticas Públicas, Universidad de Columbia.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO