Todo indica que Mariano Rajoy será nuevamente Presidente y que no habrá nuevas elecciones. Pero será un gobierno de minoría, por ende con una inestabilidad intrínseca.
Publicado el 15.10.2016
Comparte:

Han pasado diez meses desde la elección de fines del 2015, las cuales -se suponía- le darían un nuevo gobierno a España. En esa ocasión el Partido Popular obtuvo 123 escaños, con su candidato Mariano Rajoy; el PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, logró 90 asientos; aunque la gran novedad fueron las notorias apariciones de Podemos de Pablo Iglesias, con 42 escaños (más los grupos afines que se pueden sumar a su proyecto) y Ciudadanos de Albert Ribera, que alcanzó 40 diputados. Todos tenían alguna razón para celebrar, aunque también muchos motivos para no hacerlo: populares y socialistas tuvieron una baja considerable, las nuevas agrupaciones cambiaron el mapa político español, terminando con el bipartidismo y abriendo una etapa de incertidumbre con oportunidades. Finalmente, las gestiones para formar gobierno fracasaron, en especial con el intento de Pedro Sánchez, que buscó el apoyo de Ciudadanos y Podemos, pero ambas agrupaciones se vetaron recíprocamente. No se logró la mayoría y el resultado fue la necesidad de llamar nuevamente a elecciones de gobierno.

Estas se produjeron el 26 de junio del presente año, con resultados que consolidaron la votación del Partido Popular, aunque con 137 diputados, sin una mayoría suficiente para formar gobierno. Por otra parte, el PSOE sufrió un nuevo descalabro electoral, que solo fue superado porque no se produjo el sorpasso de Podemos, que se había casi como un hecho, y en el cual el partido de Pablo Iglesias confiaba y esperaba desde el 2015. Por su parte, Ciudadanos tuvo una leve baja, si bien seguía siendo un actor importante en la política española.

Como suele suceder en estos casos -en que no hay un resultado definitivo-, cada actor comenzó a mover sus piezas. Sin embargo, parecía suficientemente claro que el triunfador de las elecciones había sido Mariano Rajoy y el PP: habían más votos que en diciembre, mientras sus adversarios bajaban. En términos constitucionales, se trata de un asunto no resuelto y siguen habiendo fórmulas abiertas, aunque los cambios de las últimas semanas muestran que el panorama se puede aclarar dentro de poco.

Hay dos opciones fundamentales en la discusión actual. La primera es que se forme gobierno; la segunda es llamar a nuevas elecciones para diciembre. No es fácil ninguna de las dos opciones, pero sí es claro que se trata de un asunto que hay que cerrar y que, en realidad, debería haberse resuelto hacer rato: el gobierno provisorio muestra problemas que no tendría uno definitivo y hay signos de impaciencia en Europa ante la paralización política en España. Todo esto se da con un cambio de escenario fundamental, como fue la caída de Pedro Sánchez como líder del PSOE, después de sucesivas derrotas electorales, pérdida de liderazgo interno, que iban ubicando a los socialistas en una creciente irrelevancia.

En los hechos, el Rey Felipe ha convocado a una nueva ronda de consultas, que se realizarán entre el 24 y el 25 de octubre. A continuación vendría la sesión de investidura y la votación correspondiente. Los resultados nuevamente son abiertos: la elección de Mariano Rajoy si logra una mayoría o bien mediante la abstención del PSOE, que se ve posible ante la derrota de los sectores más intransigentes del socialismo español. Pero también sigue siendo opción una negativa contra el líder popular, lo que volvería las cosas a fojas cero.

En el primer caso, elección de Mariano Rajoy, éste asumiría su nuevo periodo en la Moncloa a fines de octubre. En el segundo caso, habría elecciones en diciembre. Esa es la disyuntiva que tienen los partidos y líderes políticos de España: gobierno o elecciones. El tema, es necesario aclararlo, es de prudencia política, ya que constitucionalmente las dos alternativas son viables. Que el pueblo resuelva el conflicto sigue siendo una opción viable y democrática, por lo que la pregunta es otra. ¿No resolvió acaso el pueblo el pasado 26 de junio por un nuevo gobierno de Mariano Rajoy? Aunque no se trató de una decisión irrefutable, lo cierto es que todo indica que sí existió una voluntad clara y mayoritaria en esa dirección.

Así lo planteamos a fines de junio en estas mismas páginas, expresando que se había llegado a la hora de Mariano Rajoy. Porque subió su respaldo desde diciembre, porque interpretó mejor la situación política, porque sus adversarios hicieron exactamente lo contrario. Todo esto en un escenario europeo complejo, por lo ocurrido con el Brexit, y un ambiente político y electoral confuso a nivel internacional, como muestra el impensado resultado en el plebiscito de Colombia sobre el acuerdo con las FARC, o la inédita y peligrosa elección que se celebrará en Estados Unidos a comienzos de noviembre.

Quizá por eso la sensatez social aspire a un gobierno estable y moderado. Esto exige obrar con prudencia e inteligencia, pero también con humildad y sentido nacional. Lo que está claro es que en los próximos meses y años la situación política y económica de España seguirá teniendo desafíos importantes y resultados abiertos en términos electorales, todo lo cual lleva a los actores políticos a entender la nueva etapa y no a menospreciar los cambios o ningunear a los adversarios.

Todo indica que Mariano Rajoy será nuevamente Presidente y que no habrá nuevas elecciones. Pero será un gobierno de minoría, por ende con una inestabilidad intrínseca. Por lo mismo, requerirá de talento y espíritu de acuerdo, pero también de una gestión adecuada de aquellas convicciones y proyectos que eran parte del programa de gobierno. Será necesaria una intransigencia contra la corrupción, la capacidad de armar equipos con gente experimentada y también con personas que muestren un necesario cambio generacional. Por último, el Partido Popular deberá tener esa misma capacidad de articular su historia con la necesidad de renovación, que le permita seguir identificando a una mayoría de españoles y recuperar votos y respaldo entre la gente más joven.

Para todo esto faltan solo unas semanas, y ya veremos si la situación se resuelve con un acuerdo de gobierno o con nuevas elecciones.

 

Columna de Alejandro San Francisco, historiador, publicada en El Imparcial de España.