A comienzos de marzo Pedro Sánchez debería tener reunidos los apoyos necesarios para formar gobierno. Si no es así, se abre un periodo de dos meses, durante el cual otras figuras, incluido el propio Rajoy, por ejemplo, podrían evaluar la posibilidad de constituir gobierno, aunque es difícil que una propuesta así tenga éxito.
Publicado el 21.02.2016
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Ya han pasado dos meses desde las elecciones del 20 de diciembre, que se suponía iban a ser decisivas para España, pero que en la práctica han creado una situación en que reina la indefinición y donde el futuro inmediato permanece abierto.

El Presidente Mariano Rajoy ganó las elecciones, pero sin obtener los 176 diputados suficientes para formar gobierno, ni siquiera sumando los votos de Ciudadanos, partido relativamente afín con el que podrían haber pactado. Por lo mismo, Rajoy no se manifestó dispuesto a someterse a la investidura, consciente de que no le sería posible lograr la necesaria mayoría en las actuales circunstancias. Además, ninguno de los cuatro grandes partidos está en condiciones de inclinar la balanza en uno u otro sentido. En España -que tiene régimen parlamentario- tampoco existe la “segunda vuelta” presidencial, que podría resolver el conflicto de manera más fácil, por lo que se hacen necesarias otras formas de alcanzar la mayoría.

Como sabemos, el rey Felipe encargó al líder socialista Pedro Sánchez la tarea de formar gobierno, para lo cual el dirigente pidió tres o cuatro semanas. Se trata de una fórmula constitucional, aunque sin duda compleja, considerando que el PSOE ha obtenido su votación más baja en las últimas décadas, lo que refleja una decadencia del partido de Felipe González, la fragmentación de los liderazgos y la división de los votos. En este tiempo ha habido muchas reuniones, guiños y desprecios, pero si tuviéramos que definir en una palabra el escenario político, esta sería desconfianza.

Entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, hoy resulta inviable lograr un acuerdo, si bien en los días siguientes a las elecciones muchos estimaban que era la solución más razonable. Ciudadanos estaría dispuesto a pactar con el PSOE, pero sin la participación de Podemos. Por su parte, Podemos también está dispuesto a gobernar con el PSOE, pero excluyendo a Ciudadanos, en un veto recíproco que en parte mantiene la situación en un punto muerto. Los socialistas, y Pedro Sánchez en particular, quieren llegar al gobierno con el apoyo de quien sea pero sin ningún costo, lo cual claramente no es una posibilidad en la política real. Como consecuencia, aún no existe una coalición de mayoría que logre los votos necesarios en el congreso, para gobernar con relativa estabilidad. La situación sigue empantanada y el futuro se mantiene incierto.

¿Cuál es la situación hoy? En lo esencial, en esta fase Pedro Sánchez ha iniciado negociaciones con los sectores más extremos, con Podemos, Izquierda Unida y Compromís. La situación no es fácil, considerando algunas de las jugadas que ha hecho Pablo Iglesias, el carismático líder de Podemos, en estos 60 días: se ha ofrecido como Vicepresidente de Sánchez, incluso nombrando algunos ministros que los acompañarían en el gobierno; adicionalmente ha defendido un referéndum en Cataluña, uno de los temas más difíciles de tratar en estos días; también ha exigido fidelidad ideológica a los fiscales, aunque esto se ha relativizado posteriormente. En unas declaraciones recientes, Iglesias ha señalado que “la responsabilidad de Estado debería hacernos aparcar determinados tonos, porque para gobernar juntos hace falta una relación de confianza”, que ciertamente hoy no existe. No está de más recordar que esta eventualidad no implicaría un simple cambio de gobierno, sino que una transformación del eje político en el cual ha girado España en las últimas cuatro décadas. En la actualidad resulta crucial la irrupción de una izquierda fuerte, con ideas y espíritu de transformación, muy lejana al status quo, que demanda incluso una nueva transición, como ha señalado Pablo Iglesias.

El Presidente Mariano Rajoy, quizá consciente de que la alternativa de “Frente Popular” podría funcionar como una amplia alianza de izquierda, lo que le genera preocupación, ha dado a entender que no quiere que se repitan las elecciones -que deberían verificarse en caso de fracasar la formación de un determinado gobierno-, sino que le gustaría una opción gubernativa con mayoría parlamentaria amplia, que pudiera integrar tanto al PP como al PSOE y Ciudadanos. Esto, que suena interesante, no deja de ser una ilusión.

La siguiente pregunta es qué sucederá efectivamente en España, considerando la situación actual. En los hechos, a comienzos de marzo Pedro Sánchez debería tener reunidos los apoyos necesarios para formar gobierno. Si no es así, se abre un periodo de dos meses, durante el cual otras figuras, incluido el propio Rajoy, por ejemplo, podrían evaluar la posibilidad de constituir gobierno, aunque es difícil que una propuesta así tenga éxito.

Todo lo anterior conduciría, de no haber éxito en las negociaciones, a nuevas elecciones de gobierno, a realizarse a finales del primer semestre. Quizá, a esta altura, sea la mejor alternativa, porque permitiría a los propios españoles definir en las urnas qué gobierno tendrán, con qué líder y con cuál programa, para los próximos años. De esta manera, se acabarían las reuniones para la foto, las mutuas recriminaciones y desconfianzas, y serían los ciudadanos españoles los llamados definir, democráticamente, la solución a esta situación inédita, compleja y de resultado abierto.

 

Alejandro San Francisco, Académico PUC.

 

 

FOTO: FLICKR/CONTANDO ESTRELLAS.