Sin perjuicio de que la política requiere una importante renovación y que el sistema de salud, especialmente el que viven los más pobres del país, requiere grandes transformaciones, todo parece indicar que una vez más la economía será un tema central de las próximas elecciones y del futuro del país.
Publicado el 13.07.2016
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Es imposible negar que la economía chilena se encuentra en un muy mal momento. A inicios de este año, el Ministerio de Hacienda proyectó un crecimiento de un 2% para la economía nacional, el que fue recortado esta semana a 1,75% y la agencia calificadora de riesgo Moody’s lo situó en un pobre 1,6%. Lo mismo ocurrió el 2015, cuando el gobierno proyectó un crecimiento al doble de lo que efectivamente se logró.

Además Moody’s destacó la estabilidad institucional de Chile, pese a la pérdida de la confianza empresarial, la preocupación generalizada por las políticas de la Presidenta Michelle Bachelet y la disminución de los precios de las materias primas.

Al mismo tiempo, la gran minería no es portadora de buenas noticias. La minería privada solo aportará 30 millones de dólares en impuestos este año, muy distantes de los más de 4.000 millones de dólares que aportó en 2011 y de los 1.969 millones de dólares que entregó el año pasado, llegando a su mínimo histórico. Del mismo modo, Codelco solo aportará 884 millones de dólares, con una reducción de 16,6% respecto al año pasado. No está de más recordar que el gobierno calculó el presupuesto con un precio del cobre más alto que el real.

En medio de la campaña presidencial estadounidense entre el presidente George H. Bush y Bill Clinton, la campaña del joven gobernador de Arkansas remarcó tres ejes claves para vencer al popular Presidente en ejercicio: cambio vs. más de lo mismo; la economía, estúpido, y no olvidar el sistema de salud.

Sin perjuicio de que la política requiere una importante renovación –no solo generacional, sino sobre todo en la vitalidad de las ideas, las prácticas y del proyecto político–,  y que el sistema de salud, especialmente el que viven los más pobres del país, requiere grandes transformaciones, todo parece indicar que una vez más la economía será un tema central de las próximas elecciones y del futuro del país. 

Esto no significa caer en el vilipendiado  “economicismo”, sino que urge destacar que la economía es un factor crucial para el desarrollo del país y, por ende, del mayor bienestar de los chilenos. Una economía libre, abierta y próspera permite las condiciones para que las personas vivan mejor, las familias progresen y la sociedad genere las oportunidades necesarias para vivir en un país más justo.

Porque todos sabemos que consecuencia directa de una mala gestión económica es el deterioro de las condiciones de vida de nuestras compatriotas, especialmente de los más vulnerables. Su manifestación más expresa es el constante aumento del desempleo en los últimos meses. Sin ir más lejos, para fines de este mes la cesantía en el Gran Santiago llegaría al 10%, llegando a los temidos dos dígitos, de acuerdo una nueva entrega de la encuesta de la Universidad de Chile.

La promesa de “más y mejores empleos” que realizada por Bachelet y la Nueva Mayoría en la campaña de 2013, se suma a la larga lista de promesas incumplidas y eslóganes vacíos. Un dato puede servir para esclarecer el asunto: desde que asumió la presidenta Bachelet se han creado cerca de 60.000 empleos por año, muy inferior –menos de un cuarto– a los 254.000 empleos creados en promedio por año, durante el gobierno del presidente Piñera (2010-2014).

La promesa de campaña se ha vuelto una triste realidad: hay menos empleos. En los últimos tres meses se crearon 90.000 empleos menos que en el trimestre anterior y de peor calidad, ya que el empleo por cuenta propia ha aumentado en casi 105.000, según informa el Instituto Nacional de Estadísticas, los que son ciertamente peor remunerados.

Poner a Chile nuevamente en la ruta del progreso es un deber moral para el próximo Gobierno. Se lo debemos a los millones de compatriotas que aún viven en situaciones de pobreza, a los miles que viven en campamentos y por supuesto a todos aquellos que han perdido su empleo o han dejado de buscarlo por culpa de un gobierno más preocupado de las promesas que de la realidad. Y –por el bien de la política y de la gente–, esperamos que no haya más promesas de campaña que no se cumplirán,  y sí un gobierno que genere las condiciones para la inversión,  la creación de trabajo y una mejor calidad de vida para todos.

Julio Isamit

Coordinador General Republicanos

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