En Farra todo podía pasar. Iban muy bien, pero de pronto, los farreros, cansados parece de trabajar duro y progresar, le entregaron las llaves del poder a quien volvía de un curioso mundo llamado Quimera, quien les prometió mejorar sus vidas sustancialmente si se lo permitían. Así lo hicieron, creyendo entonces los farreros que las ideas traídas desde esa extravagante tierra eran la solución a todos sus problemas y que pronto todos estarían mejor.
Publicado el 06.05.2017
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Antiguos documentos de la mitología nos cuentan que hubo una vez un antiguo país llamado Farra. Se trataba de un territorio lejano, casi isleño, donde ocurrían cosas muy extrañas y donde sus habitantes, los farreros, digno honor le hacían a su nombre.

En Farra todo podía pasar. Iban muy bien, pero de pronto, los farreros, cansados parece de trabajar duro y progresar, le entregaron las llaves del poder a quien volvía de un curioso mundo llamado Quimera, quien les prometió mejorar sus vidas sustancialmente si se lo permitían. Así lo hicieron, creyendo entonces los farreros que las ideas traídas desde esa extravagante tierra eran la solución a todos sus problemas y que pronto todos estarían mejor, con muchos nuevos derechos e incluso con menos esfuerzo, porque los nobles pagarían por ello.

Pasado un corto tiempo, los farreros se percataron de que solo en ese lugar llamado Quimera las cosas prometidas podían funcionar, pero no así en Farra. Lamentablemente para ellos, cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde. Aquellas promesas traídas desde Quimera causaron el efecto contrario al esperado y su país comenzó a decaer. Se perdió trabajo, los recursos se desviaron a otras latitudes y sus ingresos se deterioraron a niveles a los cuales ya no estaban acostumbrados.

Arrepentidos por haber cometido tamaño error, los farreros comenzaron a manifestar su rechazo a las soluciones traídas desde Quimera, pero las cosas no cambiaron. Cansado de tantas quejas populares, se reunió el Consejo de Sabios y decretó que era el momento de cambiar, llamando a concurso para regir el país. Los que creían que podrían hacerlo tendrían que presentarse ante el pueblo, explicando cuáles eran sus credenciales y qué pretendían hacer para devolverle a Farra el prestigio y la senda de progreso de la cual antes se sentían tan orgullosos.

Lo que se logró saber hasta ahora es que hubo muchos candidatos. Los había cercanos a los que llegaron desde Quimera, incluso con ideas más extremas; también figuraron antiguos pregoneros de las novedades que ocurrían en Farra; no faltaron ex aspirantes con dudosas credenciales y un destacado miembro del poder dominante, que curiosamente en ese entonces, quería lucir alejado del mismo, intentando demostrar que su grupo se oponía a la forma de regir a Farra, esa misma que ellos habían aprobado y sostenido hasta ese entonces. El pueblo lo miraba con recelo.

Pero eso no era todo, porque también se presentaron tres personajes de aquellos que no creían en las soluciones Quiméricas. Dice la mitología que esos tres, curiosamente, decidieron que uno solo sería el que finalmente los representaría, pidiéndoles a los farreros que eligieran cuál participaría en la decisión final.

Uno de ellos era cercano descendiente de una tradicional familia de Farra, que creía ganarle a su oponente más poderoso, desprestigiándolo. Era un personaje raro, porque en lugar de unir fuerzas para rescatar a Farra, fomentaba la desunión, siendo muy criticado por ello. También figuró un joven de grandes condiciones, de buena casta, que aportaba inteligencia, generosas ideas y creatividad al debate. Finalmente, el personaje más experimentado y con más posibilidades de ser el ganador se preparaba intensamente a debatir ante los farreros para ser el elegido. Había gran expectativa en el pueblo.

Los documentos que se rescataron acerca del devenir de Farra no nos brindan cuál fue el final de esta historia. Pero lo que sí se pudo recuperar fue el debate al interior del Consejo de Sabios de esa época. Y lo que los sabios concluyeron recomendarle al pueblo fue que no volviera a cometer el error de creer en soluciones Quiméricas, pues de hacerlo, el país terminaría devastado en las tinieblas del averno de la mediocridad.

Los investigadores de esta mitológica historia siguen buscando, esperando encontrar los documentos faltantes que nos permitan llegar a saber si los farreros hicieron caso a las recomendaciones de sus sabios, o si volvieron a cometer el mismo error de elegir a un representante de las mismas Quiméricas ideas que tanto daño les habían infligido. Esta historia continuará.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO