No se advierte desde el Ejecutivo ni el Legislativo una preocupación efectiva  que garantice que más temprano que tarde tendremos una política nacional de envejecimiento.
Publicado el 12.05.2016
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Buscando información sobre los adultos mayores y su participación en el mercado del trabajo me encontré con una realidad bastante preocupante. Cada año son más de 100 mil las personas que pasan a integrar el segmento de la llamada tercera edad, muchos de los cuales se están jubilando, dejando puestos de trabajo que hoy no se alcanzan a llenar con quienes ingresan al mercado laboral.

El envejecimiento de la población tiene un impacto directo en el desarrollo económico de los países. Y a pesar de que Chile es el segundo país más envejecido de América Latina -con el 16,7% de su población mayor de 60, según la Encuesta Casen 2013-, no se advierte desde el Ejecutivo ni el Legislativo una preocupación efectiva, con acciones concretas que garanticen que más temprano que tarde tendremos una política nacional de envejecimiento. Los más activos en esta materia son algunas instituciones de la sociedad civil, como la Fundación Oportunidad Mayor, la Fundación Más o la Red Mayor, que desde sus veredas aportan con propuestas y proyectos.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), entre 2010 y 2020, la población en Chile sobre los 60 años habrá crecido 47%, mientras que la de 15 años y menos disminuirá en 7%. Si la población crece a las tasas antes descritas, y no hacemos nada, en pocos años más el segmento mayor de 60 años superará en cantidad a los jóvenes menores de 15 años, situación que repercutirá directamente en productividad y en los sistemas previsional y de salud.

No tenemos que descubrir la rueda para saber qué tenemos que hacer para enfrentar el envejecimiento poblacional. En países como España, Inglaterra, Japón, o incluso más cerca, en Uruguay, han desarrollado políticas de integración y envejecimiento activo que bien podríamos tomar y copiar. En materia laboral, que es donde más se nota el impacto, podríamos implementar, por ejemplo, sistemas de jornadas parciales, teletrabajo, contratos por cumplimiento de objetivos, sin horarios, u otras acciones que permitan que este segmento de la población se mantenga activo y aportando al país.

Cuando las expectativas de vida llegaban a los 60 o 70 años y teníamos una sociedad mucho más industrializada, obviamente que el retiro y la jubilación eran la única alternativa posible después de años de duro trabajo. Pero hoy, cuando las expectativas de vida superan los 80 años, y con una sociedad mucho más de servicios y tecnológica, el retiro a los 60 o 65 años es un desaprovechamiento brutal de capacidades laborales que tienen mucho para agregar valor a las empresas y la sociedad.

Bien sabemos que este segmento destaca por su responsabilidad, compromiso y disciplina. Son, además, una generación con muchas habilidades tecnológicas, que los habilita para desarrollar varias funciones dentro de una empresa y, por lo tanto, hay una mirada desde la gestión de la edad al interior de las compañías que debemos discutir cómo sociedad.

 

William Díaz R., economista y director ejecutivo Experior Consultores.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO