El desastre en el norte ofrece otro ejemplo de por qué es importante dejar atrás la dicotomía mercado/estado y abrirse a buscar un nuevo paradigma centrado en la persona.
Publicado el 04.04.2015
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Lo acontecido en el norte del país nos dejará muchas interrogantes, pero es muy probable que existan algunas que no pensáramos hacernos a propósito de la catástrofe, sobre todo aquellas relacionadas con esta dicotomía entre Estado y mercado a la que estamos tan acostumbrados.

La pérdida de vidas, de casas, de recuerdos e incluso de emprendimientos (CORPROA estima en 8.000 los proyectos destruidos) hace imposible dimensionar la gravedad de lo acontecido. Pero como si el sufrimiento de todos los chilenos afectados fuera poco, en tragedias como estas tenemos que lidiar frecuentemente con especulaciones en los precios de ciertos bienes, lo que genera mayor dificultad para muchas familias. En este sentido, algunas autoridades realizaron un llamado concreto a no subir los precios de bienes básicos en las zonas afectadas. Más allá del discutible rol que pueda tener el Estado en esta materia, la recomendación resulta de sentido común, pero creo que el debate debiese extenderse un poco más allá. Por ejemplo, esta Semana Santa el SERNAC ha denunciado un alza de hasta un 250% en los pasajes de buses, y las denuncias de usuarios incluyen algunas zonas afectadas por la tragedia.

Desde una perspectiva simplemente entusiasta, me atrevería a compartir tres provocaciones “no estatistas” sobre el tema.

Ya en el año 2009, Hugo Herrera planteaba las dificultades que representaba “el orden burgués” dejado entrever por el Estado liberal. Específicamente trataba, entre otras cosas, la concepción restringida del individuo que esto podía significar, entendiéndolo solo como medio útil respecto del propósito de otro y no en la plenitud necesaria.

Por otro lado, y desde una visión comunitarista, Michael Sandel pone su foco en la amplitud reciente de la economía a la ciencia del comportamiento humano como disciplina, donde todo puede tener un precio, sea explícito o implícito. Asimismo, Sandel es elocuente al sostener que, sin límites morales a ciertos mercados, estos pueden terminar corrompiéndose (o desvirtuando su naturaleza misma) o siendo derechamente injustos (entendiendo que, en definitiva, “los intercambios mercantiles no siempre son tan voluntarios como los entusiastas de los mercados sostienen”). 

Finalmente, esto por supuesto no ha estado ajeno al mundo empresarial. En este sentido, Sebastián Burr viene desde hace bastante tiempo criticando el materialismo existente en la sociedad, propio de la derecha y la izquierda, quienes prescinden de una visión antropológica del hombre en su plenitud. En algunos de sus análisis respecto a la historia económica, pone su foco en el hecho de que en algún minuto la persona humana y la dignidad de su naturaleza dejó de ser el centro de la disciplina.

Sin querer reducir la discusión, probablemente por estas y muchas otras razones se ha comenzado a debatir con seriedad respecto a una alternativa a la clásica dicotomía entre más Estado o más Mercado, y probablemente por estas y muchas otras razones Sebastián Burr hace hincapié en el cambio de paradigma sociopolítico.

Frente a eventuales especulaciones de precios, claramente no es la idea promover un rol moralizante del Estado. Simplemente sostenemos la sensatez de tomarnos en serio el eventual cambio de paradigma o quiebre a la dicotomía (como quiera llamarlo cada propulsor) que pueda volver a situar la dignidad de cada persona en el centro de las decisiones públicas y a diversas organizaciones sociales como verdaderas fuentes de moralidad.

 

Pedro Fierro, subdirector de Fundación P!ensa.

 

 

FOTOS: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO