Es lamentable entregar las arcas fiscales a un gobierno que debe asumir un nivel de déficit como el actual, porque eso implica anular las capacidades de que pueda materializar su programa con una mínima certeza. De más está decir que no ha existido crisis internacional que justifique el magro crecimiento de la economía chilena y que los analistas atribuyen ese freno a la reforma tributaria del 2014.
Publicado el 15.03.2018
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Ya no sólo quedó demostrado a nivel superlativo que los últimos cuatro años el gasto fiscal superó con creces el crecimiento económico y, en consecuencia, la generación de ingresos fiscales. Con un gasto del Estado aumentando en promedio cerca de 5% anual y un crecimiento económico cercano al 1,5%, el deterioro en las arcas fiscales es mayor de lo que se temía.

¿Qué sucede en una casa cuando el gasto supera el ingreso? Se endeuda para seguir viviendo, así de simple. Pero ese endeudamiento familiar lo debe asumir el dueño de casa, y lo más probable es que ajuste los gastos para poder enfrentar ese mal momento.

En el tema fiscal hay matices que hacen de la situación descrita un tanto distinta. Primero, hay cierta responsabilidad fiscal que se debe respetar, y ello tiene que considerar que una deuda adquirida hoy, es una deuda que pagan las generaciones futuras, y dependiendo del plazo lo pagan quienes aún no han nacido, generando una injusticia intergeneracional.

Lo segundo es que se supo varias veces durante el 2017 (al menos dos) que las proyecciones de crecimiento de la economía chilena eran menores a las definidas en la ley de presupuesto, pero nada se hizo por ajustar el gasto a la baja, a sabiendas de que los ingresos fiscales serían menores.

Por último, el tercer matiz es que en enero de 2018 el director de Presupuestos informó que el déficit era de 1,17% del PIB y, un día antes del cambio de mando, el sábado 10 de marzo, se anunció entre gallos y medianoche que en realidad era de 2,1%, US$1.100 millones más que lo anunciado en enero.

Lamentable, porque entregar las arcas fiscales a un gobierno que debe asumir ese nivel de déficit implica anular las capacidades de que pueda materializar su programa con una mínima certeza. De más está decir que no ha existido crisis internacional que justifique el magro crecimiento de la economía chilena y que los analistas atribuyen ese freno a la reforma tributaria del 2014, que, entre otras cosas, cambió la base del impuesto a la renta de las empresas de retiros a devengada, con lo que se acabaron los incentivos a la inversión, motor natural del crecimiento económico y el empleo.

En definitiva, se necesita urgente un cambio tributario que mejore y simplifique los procesos tributarios y que mejore la recaudación, para así volver a retomar las tasas de crecimiento consistentes con lo que un país como Chile merece.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO